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Picamaderos Negro Dryocopus martius
El
aficionado u ornitólogo que visita un bosque de
hayas en el norte de la Península Ibérica puede ser afortunado observando al
Picamaderos Negro Dryocopus martius, un pájaro grande de tamaño
Vuela
pesadamente, haciendo bastante ruido y marcando una línea ligeramente
ondulada, pero no tanto como el Pito Real Picus
viridis. Su
acción
es inconfundible y muy peculiar, abriendo las alas ampliamente llevándolas
muy extendidas hacia adelante y batiéndolas de manera que inmediatamente
recuerda el vuelo del Arrendajo
Garrulus glandarius.
Cuando
llega al tronco de un árbol y se posa en él desciende «culo atrás» a menudo
un metro o más, levantando la cola antes de cada movimiento (Beven, 1966).
Si el observador queda en el lado opuesto del árbol puede seguir la escalada
del pájaro, bien escuchando el ruido que éste hace con las uñas contra la
corteza o mirando atentamente cómo el pito asoma su cabeza de vez
en cuando como si atisbara que no hay peligro cerca, en cuyo caso su
recorrido por la superficie del tronco es casi horizontal, rodeando a veces
todo el árbol. Es extremadamente tímido y sobre todo el macho no permite la
aproximación por lo que salvo en la época de la cría, que forzosamente
tienen que ir y venir al nido, resulta prácticamente imposible para
cualquier observador acercarse a este pájaro. A pesar de su enorme tamaño,
es
el mayor de todos los picos europeos, pasa muy
desapercibido en los bosques y a no ser por su voz tan característica nadie
podría sospechar su presencia. Normalmente andan en parejas, pero fuera de
la reproducción son bastante solitarios y en el invierno pasan muchas horas
ocultos en su agujero del que solamente salen para comer. Con frecuencia al
caminar por el bosque hacemos volar a uno de estos pájaros que antes no
habíamos visto y nos llama inmediatamente la atención el fuerte ruido que
hace con las alas y el estridente ¡¡chik-chik-chik!!
o ¡¡qui-qui-qui!!
que recuerda bastante al
«relincho» del Pito Real, pero es más corto y emitido más lentamente. El
tamborileo con el fuerte pico sobre los troncos sanos o la madera seca o
podrida puede ser escuchado ya a partir de los últimos días de enero.
Incluso estando el bosque cubierto de nieve y en días soleados, los pitos
negros tamborilean frecuentemente sobre todo antes de emparejarse. Sielman
(1959) estima que un Picamaderos Negro puede tamborilear hasta 600 veces en un día.
Los machos tamborilean mucho más que las hembras y esta costumbre se ha
relacionado con la conducta territorial, que por cierto es más acusada en
las hembras que rara vez se alejan de su extenso territorio para invadir
otros o cambiar de bosque. Eygenraam (1947) consideró que los machos que él
estudiaba en Holanda poseían una muy pobre conciencia territorial puesto que
como máximo solamente tamborileaban 30 veces al día. Corroborando esta
conducta también notó que los machos adultos que invadían los territorios de
otros, no eran violentamente expulsados como cabría esperar de tan terrible
pájaro al que en algunos lugares se llama «el demonio del bosque». Estas
observaciones de Eygenraam pueden tener un valor relativo, teniendo en
cuenta la densidad de los pájaros en los bosques holandeses: cada pareja
ocupaba 148 Ha. de bosque mixto. Cuisin (1963) obtuvo cifras disparatadas
para el departamento francés del Aube: nada menos que 1.100 a 1.200 Ha. para
cada una de tres parejas, 1.400 Ha. para una sola pareja en un bosque renano
y 800 Ha. en Suiza. En los bosques cantábricos la densidad está muy
condicionada a la continua tala de los hayedos y no hay duda que la especie
está en peligro. En el bosque mixto de Muniellos (Asturias occidental) se
reproducen en sus aproximadamente 3.000 Ha. de Roble Quercus spp. y
Haya Fagus sylvatica no menos de 15 parejas, pero hay en otros
lugares, densidades mayores. Al amanecer de un día de abril se escucha
simultáneamente el tamborileo del Picamaderos Negro más cercano a nosotros junto
con los más atenuados de los que viven en zonas próximas. Este sonido puede
ser oído hasta una distancia de 1.000 metros en buenas condiciones, pero a
menudo a no más de 500 metros. Los pájaros eligen madera seca con
preferencia, aunque esté al nivel del suelo o se trate de un árbol
derribado. Beven observó en Suecia al Picamaderos Negro tamborileando sobre las
caperuzas metálicas que recubrían los topes de los postes del telégrafo.
Sielman (1959) señala que cuando este pájaro está muy excitado la frecuencia
del tamborileo se eleva hasta 10 repiqueteos por minuto y consiste cada uno
en 35-44 golpes con el pico y dura entre 2,1 y 2,69 segundos (casi tres
veces el del Pico Picapinos Dendrocopos major). Cuando ya están
emparejados y han empezado a horadar el agujero que será el nido, los
tamborileos se espacían más, pero no cesan hasta que los pollos están
completamente emplumados. Mientras empolla, cualquiera de los adultos puede
algunas veces martillear contra la pared interior de su nido y Sielman
consideró que esto pudiera ser una invitación de uno a otro miembro de la
pareja para que intercambiaran el puesto en la cría. Esta o parecida
situación se produce en otras especies como el Pico Picapinos Dendrocopos
major y el Torcecuello Jynx torquilla que con relativa frecuencia
golpean también las paredes interiores de su nido, pero también se sugiere
que en estos casos el serrín y las pequeñas astillas levantadas pueden hacer
de muelle en el fondo del nido e incluso ayudar a la sanidad y limpieza de
aquél. Sielman también
vio
sorprendido a un joven de Picamaderos Negro golpeando su
lengua contra la pared de la cavidad del nido con considerable ritmo y
fuerza, produciendo además, un tamborileo y sospechando que el pájaro
probaba las cualidades táctiles y prensiles de la lengua.Durante todo el año el Picamaderos Negro se alimenta de insectos de gran tamaño
perforadores de la madera con especial predilección por los que se alojan en
madera podrida, seca o en árboles derribados o enfermos. Pinos y hayas son
sus árboles preferidos, pero los hormigueros también son visitados y en
todas estas operaciones se ayuda con su larga lengua. Esta es introducida
por resquicios y agujeros y pocos insectos pueden escapar a este auténtico
estilete bastante duro y provisto en su punta de unas «barbas» ásperas.
Puede ser proyectada fuera del pico una longitud considerable gracias a un
aparato mezcla de hueso y tejido elástico firmemente sujeto en el cráneo. Es
realmente un verdadero muelle retráctil que opera con gran rapidez tanto
proyectando como recogiendo la lengua. Esta tiene una longitud dos o tres
veces la del pico y puede ser proyectada fuera de él 8 cm., aunque no es
corrientemente extendida más que 5 cm. (Thomson, 1964, Sielman, 1959). Los
experimentos efectuados han demostrado que este pájaro puede descubrir
insectos y sus larvas en el interior de la madera no sólo introduciendo la
lengua en los agujeros, sino abriendo madera libre de grietas donde localiza
la presencia de sus presas simplemente golpeándola y aunque no haya en su
superficie señales por las que se presuma la presencia de aquéllos.
Pynnónen, un especialista en el régimen alimenticio de esta especie, indica
que la cantidad de alimento ingerido cada día por una nidada de pitos negros
es de 215 gramos. La Hormiga Gigante Camponotus herculeanus y la
hormiga roja es particularmente buscada por el pájaro y un solo ejemplar
puede comer 2.000 hormigas por día. Formica rufa y Formica fusca,
pueden encontrarse sobre todo en el otoño llenando el estómago de los pitos
negros. Pero también come otros insectos, en especial larvas de coleópteros.
Para Cuisin (1963) las hormigas representaban en los nidos por él estudiados
el 73,7 por ciento del régimen alimenticio, los coleópteros el 25,5 por
ciento y otras presas, insectos y moluscos, el 0,8 por ciento. En los montes
asturianos comen también considerable cantidad de arándanos Vaccinium
myrtillus y en otros lugares (Noruega, Suecia) se dice que sienten
preferencia por el fruto del Serbal Sorbus aucuparia. En primavera es
notorio como este pájaro taladra agujeros en la corteza de los troncos, a
veces en círculos alrededor de ellos para beber la savia fresca (Gilliard,
1958). En la madera podrida o en árboles caídos en el suelo golpea con gran
fuerza con el pico, haciendo grandes cavidades en forma rectangular de 23 x
8 cm. y 9 cm. de profundidad las mayores y en las que introduce el pico
entreabierto para arrancar trozos de madera y astillas. En el
invierno el Picamaderos Negro pasa muy desapercibido lo que es bien sorprendente
para su gran tamaño y sobre todo en bosques de especies caducifolias.
Probablemente esto se debe a que es entonces muy silencioso, lo contrario de
la primavera que se vuelve extremadamente inquieto y ruidoso, golpeando los
troncos y volando de aquí para allí con un sonido inconfundible ¡¡i-ki-ki!!
o ¡¡cri-cri-cri!! Pero la voz más conocida que se escucha en los bosques
toda la primavera es un quejumbroso, pero dulce grito en tono muy alto
¡¡klíia!! o ¡¡ulía!! repetido varias veces. El estridente y como de Pito
real ¡¡kui-kui-kui!! es más lento y corto y lo lanza muy a menudo en vuelo.
Beven señala también la emisión de un ¡¡pi-aak!! similar al mismo de la
Grajilla Corvus monedula y un sordo ¡¡taaektaaek!! escuchado sólo
durante el cortejo nupcial.
La parada nupcial o el
cortejo no es precisamente muy espectacular y se desarrolla con cierta
discreción. Los diversos observadores admiten gestos y hechos de los pájaros
como integrantes del cortejo. Así son para unos los gritos que lanzan, tanto
el macho como la hembra, volando cerca del agujero donde se oculta otro
pájaro, respondiendo éste, golpeando con fuerza con el pico las paredes
interiores de aquél. Si dos pitos negros ocupan el interior de agujeros
próximos sus golpes forman un curioso dúo. Para Sielman es la hembra la que
elige la zona donde han de anidar y normalmente permanece en ella año tras
año, pero no el macho que puede cambiar a otro territorio al siguiente año.
De hecho los adultos emparejados permanecen normalmente juntos desde enero
hasta que la cría termine. El macho es, sin embargo, quien elige el lugar
donde se ha de hacer el agujero para el nido. Inicia la construcción de
varios y escogiendo uno se posa en él con insistencia invitando a la hembra
con movimientos de cabeza a que se una en su trabajo para horadarlo
completamente. Pinos y hayas, pero también gruesos abedules, robles y aun
castaños, son elegidos para hacer los profundos huecos que a menudo pueden
tener una longitud de 50-60 cm. en vertical. Los agujeros son de forma
ovalada oscilando entre 11-15 cm. en el diámetro vertical y 8-10 cm. del
diámetro horizontal. Algunos son extraordinariamente grandes, pero quizá a
causa de que la madera muy picoteada se ha desmoronado o astillado. El túnel
vertical es muy ancho, a menudo entre 20-25 cm., pero corrientemente 17-20
cm. En general estos agujeros son abiertos a gran altura del suelo, no
inferior a 10 metros casi nunca, aunque hay algunos ejemplos de nidos a 4-6
metros. Su situación es, con frecuencia, por debajo del nivel de las ramas,
en el tronco desnudo o en árboles que tienen la copa muy alta. Incluso se
citan nidos en gruesos postes de conducción eléctrica (Suecia). Estos
agujeros son usados también como refugio durante el mal tiempo y los pájaros
tienen cierta tendencia a orientarlos hacia el Nordeste, pero algunos miran
también al Sudoeste y Este. Para dar una idea de su gran tamaño basta saber
que muchos son usados en los paises escandinavos como nidos por otras
especies tan dispares y de gran tamaño como ardillas Sciurus vulgaris,
Porrón Osculado
Bucephala
clangula, Serreta Chica Mergus albellus, Serreta Grande
Mergus merganser, Paloma Zurita Columba oenas, Cernícalo Vulgar
Falco tinnunculus, Vencejo Común Apus apus, Carraca Coracias
garrulus, etc. (Beven, 1966). Ambos sexos participan por igual en la
labor de excavar el agujero hasta la última semana cuando el macho realiza
la tarea solo. Esta dura entre 21 y 23 días y los pájaros transportan lejos
las astillas y trozos de madera y corteza que sacan. Sin embargo, al pie del
árbol quedan numeroso residuos, lo que a menudo sirve para descubrir el nido
sin necesidad de mirar los árboles en toda su longitud. Una vez terminado,
el macho se acomoda dentro y ambos pájaros tienen buen cuidado de que no sea
usado por cualquier otra especie, alternándose en su ocupación. El interior
tiene en el fondo una relativa pequeña cantidad de astillas y serrín que
sirven de apoyo mullido para los huevos. A últimos de abril o en los
primeros días de mayo comienzan las puestas, pero se encuentran muchas
antes, muy a menudo en la mitad de abril. Un agujero puede ser usado varios
años consecutivamente si el árbol no es podado y la zona es tranquila. Cada
puesta consiste normalmente en 4-6 huevos y rara vez más. Puestas extremas
pueden ser las de 1 y 9. En Asturias una de 3 ó 4 huevos es normal y 6
excepcional. Son blancos y con bastante brillo, muy esféricos y los dejan
con intervalos de 24 horas. Medidas extremas son 33-39 mm. de longitud por
25-28 mm. de anchura y el peso normal oscila entre 11 y 12 gramos. La
incubación es corta y no dura más de 12 días, un período sorprendentemente
breve para un pájaro tan grande. Sin embargo, algunos ornitólogos estiman
una duración de 16-18 días (Eygenraam, 1947). Ambos sexos se alternan en la
incubación por períodos que duran de 70 a 90 minutos. Son muy fieles al nido
y no se levantan de él fácilmente. Sin embargo, pueden abandonarlo si son
excesivamente molestados con golpes sobre el tronco. Cuando nacen los pollos
no pesan más de un promedio de 9 gramos, pero se desarrollan tan rápidamente
que a los 5 días su peso puede ya oscilar entre 75-90 gramos, es decir diez
veces más que al nacer. No obstante ser ciegos todavía, a los 5 días ya
sienten la presencia de un objeto y si se pasa la mano por encima abren el
pico y lanzan un ronroneo sordo como ¡¡cree-cree-cree-cree!! A los pocos
días se les aprecian bien las puntas blancas de los picos en la oscuridad de
los agujeros lo mismo que el extremo de la lengua brillantemente coloreada.
Estos «semáforos» probablemente facilitan a los padres la ceba. A los 18
días su desarrollo es casi completo y asoman a la boca del agujero chillando
con fuerza y notándose ya bien los sexos por la diferente coloración de la
cabeza. Los adultos ceban muy a menudo y no con la dificultad con que lo
hacían los primeros días colgando cabeza abajo en el interior del agujero.
Entonces él peso de los pitos puede oscilar entre 215 y 225 gramos. Hay
diferencias, sin duda como consecuencia de una alimentación más rica en
bosques donde los hormigueros abundan. Parecen obtenerse pesos mayores y
desarrollos más rápidos en pinares que en bosques de caducifolias. Henreith
da para los 19 días de edad un peso medio de 280 gramos y Pynnónen de 255 y
265 gramos. Hasta prácticamente el último día antes de abandonar el nido los
jóvenes, a los 24-28 días de edad, el macho duerme con ellos. Al salir
realizan un vuelo corto, pero con sorprendente seguridad hasta unos 50
metros, posándose en una rama. Esto sucede normalmente hacia los primeros
días de junio o un poco más tarde en bosques de montaña. Adultos y jóvenes
vagan entonces por el bosque y no son éstos completamente independientes
hasta el mes de agosto. Dentro del nido son difíciles de examinar; sin
embargo, Cuisin pudo obtener datos importantes. La ceba de los pollos se
hace por regurgitación y en cada llegada el adulto ceba dos o tres veces a
cada uno de los pollos. Estos a los 12 días están cubiertos de un plumón
gris negruzco y abren ya los ojos. A partir de los 20 días los jóvenes pitos
negros luchan por asomarse al borde del agujero del nido y aunque se dice
que son menos ruidosos que los pollos del Pico picapinos, sus gritos se
escuchan bien de lejos. El que los adultos tarden en cebarlos, a menudo
hasta 90 minutos, no ayuda a que no puedan ser descubiertos por los
depredadores. El Picamaderos Negro es una frecuente víctima del Azor Común
Accipiter gentilis, y muchos jóvenes son fácilmente capturados por
aquél, antes de que sean capaces de encontrar un nuevo agujero donde
refugiarse gran parte del día y por supuesto dormir por la noche. El Picamaderos Negro se extiende
por gran parte de Europa desde la Península Ibérica y Francia hasta el
extremo más oriental de Asia. En nuestro Continente falta en gran parte de
Francia donde hay poblaciones aisladas (Jura, Vosgos, Macizo Central) y es
más numeroso en los bosques de Roble y Haya o mixtos de Europa Central y
Meridional, en especial en los Alpes y los Balcanes. Su población aumenta
hacia el Este y ya en los bosques polacos parece ser común. Aunque prefiere
bosques de montaña no es raro hallarlo a baja altitud. En la Península
Ibérica donde existen dos núcleos principales en la Cordillera Cantábrica
occidental y en los Pirineos, se puede encontrar desde el límite de los
hayedos y pinares hasta casi el nivel del mar. Bernis encontró un nido con
pollos en la Cordillera Cantábrica a sólo 200 metros s.n.m. Otro estaba en
un hayedo y abedular a sólamente 150 metros s.n.m. y a muy poca distancia de
la costa. Sin embargo, esto parecen ser excepciones y puede establecerse un
límite normal inferior de 500 metros y uno superior de 1.800 metros. En
Asturias vive en bosques mixtos de Haya, Abedul, Roble e incluso en zonas
pobladas por el Castaño, pero aquí en muy baja densidad y quizá ocasional.
En Navarra (Purroy, 1974) habita bosques frondosos mixtos, robledales y
pinares, hasta los hayedos, con o sin abetos. Allí su densidad es media
comparada con la que se obtiene en los bosques europeos. En los grandes
bosques de coníferas de Noruega, Suecia y Finlandia, Países Bálticos y
noroeste de Rusia, el Picamaderos Negro es numeroso y la densidad parece superior a
la del resto de los paises europeos. Sin embargo, hay que añadir que ésta
probablemente está en función del alimento que puede obtener cada pareja
para desenvolverse. En algunos pequeños bosques aislados de la vertiente
norte de la Cordillera Cantábrica se encuentran parejas anidando en
extensiones realmente reducidas de bosques caducifolios y en algunos, de
extensión no superior a 300 Ha., se han comprobado hasta 2 parejas presentes
en primavera. En los 30 grandes bosques asturianos de Haya y Roble que
pueden abarcar en conjunto una superficie de 20-25000 Ha. hay un mínimo de
80 parejas, lo que es una exigua población y la especie está amenazada no
tanto por la caza como por la continua tala de bosques enteros. Sin embargo,
esta estimación es sólo aproximada y ya he dicho que sorprendentemente se
encuentran pitos negros en bosques de superficie inferior a 100 Ha. La
superficie total ocupada por el bosque caducifolio en Asturias puede estar
ahora por las 50-60.000 Ha., sobre todo de Haya Fagus sylvatica y
Roble Quercus spp. Las mayores densidades de
Dryocopus martius
están en los concejos de Somiedo, Cangas del Narcea, Degaña, Caso, Ponga,
Aller, Lena, Cangas de Onís, Ibias, y Cabrales, pero no faltan en otros
muchos. En Navarra, Purroy, considera una densidad de una pareja por 400 Ha.
de bosque de hayas y abetos (Irati) y su número disminuye por las talas de
grandes árboles y por la caza. Én los bosques de la Sierra de Aralar, son ya
muy raros y su protección debe ser intensificada. Escasa densidad parece
también haber en el Pirineo aragonés. Más datos para Navarra da Iribarren
(1971) que lo ve esporádicamente en el bosque de Bigüezal durante el
invierno y en primavera (mayo y junio) y en el de Remendía (abril). Aquél un
bosque de Pino silvestre Pinus silvestris Y el último de pinos y
hayas Fagus sylvatica, en altitudes que superan ligeramente los 1.000
metros. En el Pirineo leridano los datos y las citas son también esporádicas
(Palaus, 1960). Allí parece escaso y con querencia al abetal no lejos de
Caldas de Bohí. Los ornitólogos ingleses Wallace y Sage (1969) afirman
haberlo visto y oído en mayo en pinares cerca de Estartit en plena Costa
Brava. También en bosques cerca de Torroella al lado del río Ter lo observan
y ven en junio (2-3 pájaros). Para ellos este pájaro criaba sin duda en la
zona, apreciándosele síntomas de celo. Las observaciones en este lugar son,
desde luego, muy sorprendentes. En los bosques próximos al Valle de Arán se
ve más a menudo y puede alcanzar allí una densidad mayor. Su presencia en
Somosierra, Guadarrama, Gredos y en otras sierras del centro de España,
parece bien comprobada y las fechas primaverales de algunas aseguran allí su
nidificación en escaso número de parejas. El Picamaderos Negro es especie
sedentaria, aunque no existe duda que en invierno se ve obligado a descender
de nivel e incluso posiblemente esté sujeto a cierta trashumancia. En Europa
se ha anillado en escasa cantidad, pero ha habido recuperaciones
significativas que permiten estimar los movimientos realizados en otoño e
invierno y que rara vez sobrepasan los 100 km. de recorrido. |