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Lavandera Blanca Motacilla alba Resulta bien conocida la
Lavandera Blanca Motacilla alba. Su plumaje gris, negro y blanco es
inconfundible, pero más todavía lo son sus actitudes cuando la observamos en
el suelo de campos,
La hembra posee un
plumaje menos contrastado y el color negro de la cabeza es en ella
simplemente grisáceo oscuro, lo mismo que la garganta. También en la espalda
pueden notarse matices parduzcos. En el otoño e invierno es aún más apagado
el plumaje y el blanco de la frente, cara, garganta y paredes inferiores
tiene un acusado tinte gris. Hay también variaciones en la coloración
dependientes de la edad de los pájaros. Los jóvenes en su primer invierno
tienen una considerable proporción del plumaje matizado de pardo y, en
general, falta el color negro de los adultos, sobre todo en el píleo que es
gris como el de las hembras. Tanto se puede escribir
de la Lavandera Blanca, uno de los pájaros más populares en el norte
Ibérico, que resulta difícil aunque sólo sea resumir aquí una pequeña parte
de su conducta. Lo primero que llama la atención del observador es el
movimiento de la larga cola. La mueve arriba y abajo o la despliega
mostrando el color blanco de la pareja de rectrices exteriores. Corre por el
suelo llevando adelante y atrás la cabeza en una acción característica y que
efectúan de la misma manera todas las especies de lavanderas. De carácter
muy inquieto se mueve a uno y otro lado, recogiendo del suelo cualquier
pequeño insecto o corriendo tras él e incluso, a menudo, levantando el vuelo
y efectuando en el aire una rápida cabriola para capturarlo. La mayoría de
sus acciones son acompañadas con un grito breve, fuerte y a veces áspero.
Vuela con potencia, marcando en el aire prolongadas ondulaciones, llevando
las alas plegadas junto al cuerpo. Se posa en el suelo con preferencia, pero
también en postes, cercas, alambres, cables del tendido eléctrico, rocas,
tejados, chimeneas, poco en árboles y arbustos, pero no los rehusa, sobre
todo si están desnudos de hojas o secos. Se la ve solitaria a veces, pero
mucho más corrientemente en parejas y fuera de la época de la reproducción
es gregaria, en especial a la hora de dormir, concentrándose grandes
cantidades en un posadero o dormidero tradicional. Camina incansable por los
campos entre el ganado que pasta, picoteando en las deyecciones, en las
huellas, agujeros, bordes de charcas, ciénagas, estiércol amontonado y en
todos los lugares donde se concentren mosquitos y otros insectos. Algunas
lavanderas tienen tendencia a posarse en la espalda de vacas y bueyes y
muchos nombres vernaculares se refieren a la costumbre que estos pájaros
tienen de estar siempre junto a aquellos animales. Habita con preferencia
lugares húmedos y las parejas durante el otoño e invierno son muy fieles a
un pequeño territorio y no admiten la presencia de otra en el mismo lugar.
No dudan en penetrar en el agua, pero evitan mojar las plumas al caminar,
aunque se bañan a menudo. Casi siempre permanecen cerca de lugares
habitados, granjas, edificios, parques de no denso arbolado, calles de
poblaciones, orillas de las playas, arroyos, regueros y en general campiña
abierta con escaso arbolado y rehuyendo zonas sombrías. Desde
septiembre-octubre hasta la primavera, las lavanderas que durante el día
vagan dispersas por la campiña, se van congregando en dormideros que
habitualmente están situados en carrizales, arboledas, enredaderas, viejos
edificios, cables del tendido eléctrico, etc. Con frecuencia las reuniones
de lavanderas superan varios centenares y aun millares. La llegada a los
dormideros se produce a partir de la puesta del sol y resulta curioso
comprobar que los pájaros siguen invariablemente la misma ruta volando desde
los extensos campos donde han pasado el día, posándose previamente en
carreteras y caminos en los que se aprecia una animación inusitada. No prodiga mucho el
canto, aunque puede ser escuchado intermitentemente todo el año. Más fuerte
desde luego a partir de febrero hasta mayo. Lo emite desde el suelo o en un
posadero alto qué con frecuencia es el tope de un poste o un cable. Emite un
gorjeo agradable en el que están mezcladas notas de llamada y trinos cortos.
A menudo canta en vuelo y también desde la esquina del alero de un edificio.
Sin embargo, llama más la atención una nota repetida a intervalos
¡¡chi-ssit!! o la misma más corta y un poco más áspera. Si se alarma se hace
muy aguda y cuando alguien se acerca al nido lanza un fino ¡¡chiik!! No es
infrecuente que varias lavanderas canten a coro, situación que se produce
sobre todo en los meses de febrero y marzo, antes de que abandonen los
dormideros invernales. Se alimenta
fundamentalmente de insectos. Los captura en todas partes, a la vez que
camina por el suelo picoteando a derecha e izquierda. Lo mismo sobre la
superficie de aguas someras que en plantas, hierba, estiércol, etc. Los
tábanos son un buen bocado en zonas ganaderas de Castilla y León para estas
lavanderas, pero no hay allí una concentración de estos pájaros suficiente
como para que estos molestos insectos desaparezcan. No desdeña larvas y
pequeños moluscos. A menudo se la puede ver comiendo a la luz de los
potentes focos que ahora hay instalados en las calles de las ciudades.
Muchas veces lo hacen volando alrededor de las luces que hay cerca de los
dormideros. En los últimos días de
febrero comienzan a formarse las parejas. El cortejo de los machos a las
hembras antes del definitivo emparejamiento se desarrolla normalmente en el
aire. Cada hembra es perseguida por dos o tres machos en un vuelo errático y
en el que ninguno parece tener realmente deseos de acercarse al otro. En el
suelo, el macho que parece dominar la situación se aproxima a la hembra y en
una postura agachada infla la negra garganta. Inesperadamente se acerca más
siguiendo una línea en zig-zag, abriendo las alas y desplegando la cola. A
menudo una de las alas, la que está al lado de la hembra, cuelga como si
estuviera rota y la cola es dirigida hacia aquel mismo lado. La hembra
mientras tanto se agacha, eleva el pico entreabriéndolo, despliega la cola y
sus alas tiemblan intensamente. Estas acciones duran no más de un minuto y
en este intervalo el macho se acerca y aleja de su pareja caminando
erráticamente como si hubiera perdido el sentido de la dirección. La Lavandera Blanca anida
normalmente en agujeros de muros a baja altura y muy a menudo cerca del
agua, en grietas de puentes, taludes arenosos, nidos viejos de aviones
zapadores Riparia riparia, en tejados de edificios lo mismo en casas
de campo que en ciudades, al pie de chimeneas, en enredaderas, hiedra, nidos
abandonados en arbustos, en el, suelo de un campo de cultivo. También en
desagües, bocas de alcantarillas y colectores, alguna vez en árboles y no
pocas usando nidos de Avión Común Delichon urbica. La hembra
construye ella sola el nido utilizando material muy diverso que incluye
tallos, ramitas, hojas, raicillas y musgo. Con él forma un cuenco no
precisamente muy artístico y lo forra con pelo, plumas y lana. Las primeras
puestas pueden ser encontradas en los últimos días de abril, pero más
corrientemente en la primera quincena de mayo. Existen, sin embargo,
excepciones y algunas se han descubierto en la primera quincena de abril. En
marzo son muy raras. Cada puesta consta habitualmente de 4-6 huevos. Muy a
menudo 5 y las mayores de 7 y 8 existen, pero son ocasionales. Algunas se
han visto de 9 y 10 huevos podían corresponder a dos hembras utilizando el
mismo nido. Jourdain considera que las de 11 huevos (subespecie yarrellii)
pertenecen posiblemente a dos hembras. Harrison (1975) admite alguna de 3 y
Verheyen señala extremos de 3 y 7 huevos. Para 100 huevos de la subespecie
alba, Jourdain y Rey obtuvieron un promedio de medidas de 20,4 x 15,1
mm. con un máximo de 21,5 x 15 y un mínimo de 18 x 15 mm. Verheyen en
Bélgica encuentra para 100 huevos un promedio de 20,1 x 15 mm. Niethammer en
Alemania da para 71 huevos un promedio de 20 x 17 mm. D'Almeida en Portugal
encuentra en 28 huevos una media de 20,5 x 14,8 mm. con extremos, de 19,5 a
21 x 14,1 a 15,4 mm. Generalmente el color es gris azulado pálido, punteados
de gris plomizo o pardo claro con notable densidad que en algunos se acumula
en el extremo más ancho. Otros son casi blancos o pajizos, con apenas puntos
oscuros en su superficie, que suele ser lisá y brillante. La incubación dura 12
días (12-14 días, Verheyen y Harrison) y la hembra efectúa la mayor parte
del trabajo, pero es sustituida en cortos períodos por el macho. Sucede a
menudo que en algunas parejas ambos, macho y hembra, se alternan con
regularidad en la incubación. Los pollos al nacer están cubiertos con un
plumón de color gris, ralo en algunas zonas del cuerpo. El interior de la
boca es amarillo anaranjado y no hay puntos oscuros en la lengua. Las
comisuras son amarillo pálido. Las lavanderas ceban a
los pollos con insectos pico a pico y ambos padres lo hacen con mucha
intensidad de manera que aquéllos se desarrollan con rapidez y a los 14-15
días salen del nido y se ocultan entre la vegetación. Si el nido está en el
suelo y aunque no sean molestados, pueden dejarlo a los 12 días. No así los
que están dentro de agujeros o en tejados o sobre el agua. En estos casos
los pollos corrientemente permenecen en ellos hasta 16-17 días. Después de
salir del nido la primera pollada del año es atendida solamente por el macho
ya que a menudo la hembra ha iniciado una segunda puesta. Las que se
encuentran a partir de junio ya son segundas y los nidos encontrados en
agosto corresponden a una tercera. En zonas frías, sin embargo, parece
improbable la posibilidad de una segunda nidificación. La Lavandera Blanca
Motacilla alba alba es la subespecie que vive en la Península Ibérica
con muy variable densidad. En la zona cantábrica es pájaro en general
numeroso que llega a ser abundante en determinados núcleos rurales. No
asciende mucho en altitud y es rara a más de 1.000 metros. Deben darse para
ello condiciones óptimas de biotopo. En el resto de Iberia es cada vez más
escasa cuanto más al Sur. Las parejas entonces se muestran muy dispersas y
encontrar una es una novedad. Como es pájaro que se posa siempre al
descubierto y frecuenta en toda época caminos y carreteras, su presencia es
fácil de detectar. En Europa vive en todos los países, pero igualmente su
densidad es muy variable. Alcanza Islandia, Islas Fároe, Jan Mayen, Kolguiev
y Nueva Zembla en pleno Artico. En las Islas Británicas se reproduce
abundantemente otra subespecie Motacilla alba yarrellii, denominada
aquí Lavandera Blanca Enlutada, que se diferencia bien por tener la espalda
negra, color que aunque más atenuado, también se aprecia fácilmente en el
otoño e invierno. Con esta subespecie sucede que en la actualidad se está
extendiendo por costas europeas próximas a las de Gran Bretaña. Así ya hay
yarrellii reproduciéndose en el sur de Noruega, Dinamarca, Alemania
(playas), Holanda, Bélgica e Islas del Canal de la Mancha. No debe ser
descartada la posibilidad de hibridación alba-yarrellii
como ya se ha mencionado en Francia (muy esporádicamente, Mayaud, 1941) y en
el sur de Inglaterra donde yarrellii y alba sobreponen sus
hábitats (Davis, 1966). Probablemente una parte
importante de la población de lavanderas blancas ibéricas es sedentaria,
pero el erratismo de otoño e invierno debe ser acusado, en especial entre
los jóvenes del año. Estos, en cuanto son capaces de valerse por sí mismos
vagan por la campiña, carreteras, caminos, arroyos, etc., con frecuencia a
considerable distancia de su lugar de nacimiento. Esta dispersión
postnupcial no impide que la mayoría vuelvan a anidar al siguiente año al
mismo lugar o a uno próximo. Probablemente también los adultos, en menor
grado, por supuesto, están sometidos a movimientos estacionales que el
anillamiento pondrá al descubierto. Incluso no debe descartarse que alguna
de nuestras lavanderas alcance los países africanos del Africa Tropical
Occidental. Las poblaciones de
lavanderas que viven en altas latitudes europeas, especialmente islandesas y
escandinavas son netamente migradoras. Las de Islandia emigran a partir de
los últimos días de julio hacia el SurSudeste atravesando las Islas
Birtánicas, Francia Occidental y la Península Ibérica. En ésta, su llegada
es francamente occidental con preferencia por las costas occidentales
Cantábricas y Atlánticas de Galicia y Portugal. Probablemente muchas vuelen
directamente hasta Portugal y Marruecos desde aquella lejana Isla. Bernis
(1971) recoge cuatro recuperaciones en Iberia de lavanderas islandesas y no
descarta la posibilidad de que algunas de esta procedencia queden a invernar
aquí, aunque las recuperaciones citadas se refieren a meses de primavera y
otoño (2 en Cádiz, 1 en Ceuta y 1 en Estremadura portuguesa). También hay
que añadir que las llegadas de lavanderas blancas islandesas no son
infrecuentes con vientos del Nordeste a bordo de los buques meteorológicos
estacionados en pleno Atlántico. En Africa se registran recuperaciones de
aves islandesas hasta Mauritania (diciembre) y Senegal (noviembre y
diciembre). Muy interesante es el retorno de una lavandera anillada en
febrero en el Bajo Senegal que es recuperada en mayo siguiente en Islandia
(Bernis, 1971). Una enorme masa de lavanderas europeas llega a partir de los
últimos días del verano a Iberia en paso para el Africa Tropical donde
invernarán. Balsac y Mayaud (1962) y Smith (1965) la citan como invernante
copioso en Marruecos hasta el mismo límite del desierto. En Senegal (Moret y
Roux,1966) señalan su llegada a partir del 20 de septiembre, viéndose ya
alguna en los primeros días del mes. La mayoría llegan en octubre y
permanecen hasta marzo siguiente, ocupando un hábitat similar al que tienen
en Europa, buscando la proximidad de las viviendas humanas y el agua. El
anillamiento ha puesto de manifiesto retornos invernales a la misma zona.
Mauritania, Gambia, Ghana, Mali, Nigeria, Tchad, etc. tienen en el invierno
una notable población de lavanderas europeas que frecuenta los campos de
arroz. Motacilla alba
yarrellii inverna con preferencia en las costas Cántabro-Atlánticas de
España y Portugal. A partir de los últimos días de septiembre son fáciles de
observar en todas las playas y campos costeros. El paso se acusa bien en el
Cantábrico y Galicia donde son más numerosas en octubre-noviembre y en
febrero. Más invernantes se ven en las costas del Sudoeste portugués y
probablemente en las atlánticas de Marruecos donde sin embargo, se la
considera como rara (Balsac y Mayaud, 1962). Dos anilladas en Gran Bretaña
fueron recuperadas allí (Port Lyautey) en enero y (Mazagan) en febrero. La
mayoría de las recuperadas yarrellii en Portugal procedían del centro
y sur de Inglaterra (Davis, 1966) mientras las que se capturan en Francia de
la misma raza tienen su origen en Escocia y norte de Inglaterra. Esto no
excluye que algunas alcancen zonas alejadas de su cuartel de invierno que
consideramos típico. Esporádicas capturas y observaciones se señalan en
Cataluña, Baleares, Suiza, Italia, Sicilia, etc. (Bernis, 1971) Con todo
esta raza es parcialmente migra dora y algunas, no una población
despreciable, permanecen en las Islas Británicas durante el invierno. Las
recuperaciones de lavanderas yarrellii en Iberia están en función
también de la presión que ejercen los escopeteros y pajareros en algunas
zonas. Con ser grande aquélla en la zona Cantábrica no puede igualar en modo
alguno la despiadada caza de pajarillos que se efectúa en Portugal y en la
muy próxima zona del País Vasco francés, en especial en Las Landas.
Consecuentemente la acumulación allí de recuperaciones de anilladas inglesas
es muy grande. Sin embargo, las observaciones en las costas Cantábricas son
constantes, y en determinados días de febrero y primeros de marzo el paso
por las playas es notorio. Las lavanderas se mantienen dispersas a partir
del mediodía y vuelan en las primeras horas de la mañana. Se ha considerado siempre
a la Lavandera Blanca como migrador diurno. De hecho sus vuelos son visibles
desde el amanecer y la actividad puede continuar a la caída del sol. Pero
puede haber ciertas dudas respecto a que algunas no efectúen vuelo nocturno
desde que en zonas donde al caer la noche no se observaba ninguna, al
amanecer se ven y oyen muchas, presumiblemente migrantes recién llegadas.
Esto concretamente sucede con yarrellii. Las que se ven en las playas
son más de las que se observan en vuelo de migración desde lugares
estratégicos de la costa Cantábrica. Especie copiosamente
anillada en todos los países europeos, ha proporcionado muchas
recuperaciones en la Península Ibérica. Singularmente destacan Andalucía,
Portugal, País Vasco y Levante. Las fechas de captura indican claramente la
importancia que como cuartel de invernada tiene Iberia. Octubre y noviembre
acusan una intensa llegada y las recuperaciones no descienden hasta el mes
de marzo. Todavía en abril vuelan muchas hacia el Norte y parece (Bernis,
1971) que el paso primaveral transcurre más al Este que el de otoño. |