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Escribano Hortelano Emberiza hortulana Ya están lejos los años en
que el Escribano Hortelano Emberiza hortulana pasaba en gran número a
través del País Vasco francés y español. Allí había llegado a ser este
pájaro una pieza codiciada
La cabeza, cuello y el
pecho del macho es gris manchado de verde oliváceo, notándose mucho sobre
este color el amarillo vivo de la garganta, de forma tal que parece como si
el pájaro tuviera puesto un babero que infla muy conspícuamente al cantar.
También tiene como unos mostachos amarillos separados de la garganta por una
línea fina oscura. El resto de las partes inferiores son de color castaño
claro con tonos rojizos. El dorso de las alas y la espalda es castaño oscuro
con tonos pardos que están densamente rayados de negro. Al volar muestra el
blanco de las dos rectrices exteriores de cada lado de la cola, detalle que
no se ve cuando el pájaro está posado a no ser que ocasionalmente despliegue
la cola. El pico y las patas y pies tienen un llamativo color pardo rojizo.
Si se coge en la mano se aprecian bien las primarias y secundarias de las
alas de color pardo negruzco con bordes exteriores pardo amarillento.
Alrededor de los ojos se aprecia un anillo amarillo que destaca sobre el
color pardo de aquéllos. La hembra tiene plumaje
mucho más apagado que el macho y la cabeza y parte del cuello están teñidos
de parduzco. La garganta es amarillenta y la parte superior del pecho es
también amarillenta, sin el tono verdoso de los machos y con puntos oscuros
o rayas estrechas. El dorso es castaño rayado de negro y ambos, macho y
hembra, tienen el obispillo rayado. Los jóvenes son difíciles
de distinguir en el campo de los de otras especies de escribanos. En general
su color es pardo por encima y las partes inferiores amarillentas están muy
rayadas de oscuro como casi todo el cuerpo. Al principio del otoño comienzan
a adquirir el plumaje de los adultos y en octubre está ya casi completo. Parece que la mejor
definición que puede darse de esta especie es la de ser un pájaro soso. Ni
su carácter retraído y escondedizo, salvo algunos días durante la
reproducción, ni su canto llaman mucho la atención. Por eso creo que su
densidad en Iberia es difícil de estimar con cierta aproximación. Vive
aislado en parejas, buscando zonas secas abiertas, pero procurando tener en
su territorio algún gran arbusto o árbol raquítico que toma como posadero
con tanta constancia que desde lejos puede descubrirse su presencia. Su zona
está siempre tan típicamente escogida que un especialista no necesita mucho
esfuerzo para detectar al Escribano Hortelano. En el otoño forma bandos muy
numerosos hace años y que ahora solamente de forma esporádica se ven.
Unicamente en el paso los grupos pueden llegar a la veintena de individuos y
muchas veces van en compañía de otros escribanos por lo que resulta difícil
determinarlos con cierta garantía de acierto. De acuerdo con Bannerman el
canto del Escribano Hortelano es insignificante y monótono por lo repetido,
pero agradable de oír, quizá porque las zonas donde vive son áridas y muchas
veces están desiertas de otros pájaros. No prestando mucha atención y
escuchada de lejos tiene cierta semejanza con la del Escribano Cerillo, pero
es más musical y está emitida con más rapidez. Existe considerable variación
en su tono y sorprenden los hortelanos que crían en Francia por cantar muy
diferente de los que se ven en Castilla y León. Aquí es normal un musical
¡¡tsi-tsi-tsi-tsi-tsii-tsiii!! apresurado y emitido desde un posadero alto
que, como decía antes, suele ser siempre una rama de un arbusto o el tope de
un árbol aislado. En altas lomas de la Cordillera Cantabrica o la Sierra de
Gredos este canto llama pronto la atención. A niveles inferiores a 1.500
metros hay muchas especies cantoras y aquél queda bastante oscurecido. El Escribano Hortelano se
alimenta fundamentalmente de semillas de hierbas y sobre todo de plantas
gramineas, pero también come considerable cantidad de insectos. Es una
especie muy voraz que, sobre todo en el otoño, antes y durante la
emigración, come gran cantidad de semillas e incluso la medula de los
tallos. Especial predilección sienten por algunas como la Grama de las
boticas Agropyron repens. Con gran habilidad pueden rasgar el tallo y
extraer la medula, llenándose de tal manera que pronto su buche es una bola
de buen tamaño y el pájaro gana en peso de forma espectacular. Anida en el suelo o cerca
de él construyendo el nido con hierba seca y raíces. Muchos tienen una
ligera base de tallos secos. El interior está forrado con hierba seca y
crines o pelo animal. No se diferencia mucho del de Escribano Cerillo, quizá
en que es más pequeño y con menos material. A partir de los primeros días de
mayo los pájaros manifiestan mucho celo y las persecuciones son continuas.
Las primeras puestas se encuentran ya en la primera semana de mayo, pero más
a menudo a partir del 15 de este mes. Algunas, halladas en sierras y
cordilleras, no están completas hasta junio y se ven parejas en la primera
semana de este mes que aún no habían comenzado a construir su nido, pero
esta situación puede ser excepcional. La puesta normal suele ser de 4-5
huevos y rara vez menos o más. Su color es blanco azulado o rosado e incluso
ocráceo claro con puntos gruesos marrones y también en algunos hay los
clásicos dibujos de los escribanos, pero menos densos y peor dibujados. La
mayoría poseen punteado ceniciento y unos pocos acumulan las manchitas en el
extremo ancho. Jourdain y Rey obtuvieron en 100 huevos de colección de
diversas procedencias, un promedio de 19,73 x 15,29 mm., con un máximo de 22
x 16,2 mm. y un mínimo de 18,8 x 14,3 mm. Solamente la hembra incuba y lo
hace por un período de 12 días (Jourdain, 11-14 días). A los 12 días salen
los pollos del nido y son alimentados por ambos adultos. Al nacer tienen un
plumón blanco grisáceo, ligeramente teñido de beige. El interior de la boca
es rosa y no hay puntos oscuros en la lengua. Se desarrollan muy rápidamente
y su peso es considerable al abandonar el nido. En las altas campas de la
Cordillera Cantábrica se ve a los escribanos cebando a los pollos en los
últimos días de junio. Cabe, pues, la posibilidad de una segunda cría. El Escribano Hortelano se
reproduce por toda Europa, faltando en las Islas Británicas y en extensas
áreas de las costas del Mar del Norte, Canal de la Mancha, Atlántico y
Cantabrico en España. En la Península Ibérica se halla muy repartido con
preferencia en laderas sur de la Cordillera Cantábrica (escaso en la mayor
parte de su hábitat), parece numeroso en viñedos y cría a buena altitud en
las Sierras de Gredos y menos en la de Guadarrama. Parejas diseminadas se
encuentran en otros lugares como las Sierras andaluzas, y probablemente en
Sierra Nevada. En Gredos Witherby lo encontró común por encima del límite
del arbolado. ¿Eran otros tiempos? En Navarra, Elósegui dice que vive con
preferencia en zona soleada de montaña media. También en León ocupa niveles
superiores a 1500 metros, pero no es raro más abajo. En las campas de
Somiedo y cerca de los lagos Cervériz y Calabazosa (Asturias), se puede
observar bien, porqué el lugar tiene poca vegetación y el escribano canta a
veces desde una roca. Hay citas de invernantes
en el mes de diciembre y no es raro en noviembre, probablemente migrantes
retrasados. El paso otoñal es muy acusado por todo el país y los pájaros
entran por ambos extremos de los Pirineos en grupos no muy numerosos, pero
constantes. Sin embargo, en el norte de Africano es muy notorio en esta
época y como inverna al sur del Sahara, puede sospecharse la posibilidad de
vuelos directos de largo alcance, no raros en un pájaro que acumula una gran
cantidad de grasa antes de emigrar. Más notoria es la migración primaveral
tanto en el norte de Africa como en el sur de Iberia. Los pájaros aparecen a
finales de marzo y el paso más intenso tiene lugar en abril. Los primeros en
paso otoñal entran por Guipúzcoa a finales de agosto, pero octubre concentra
la mayoría y en los campos costeros próximos a Guetaria. También en las
vegas de Zarauz y otros muchos lugares del País Vasco. Allí llegan los que
se han librado de la masacre que los franceses realizan todos los otoños en
el sudoeste de su país. Probablemente no haya otro passeriforme que haya
sufrido tanto, estando al borde de la extinción en muchos lugares de Europa.
Moreau (1972) calcula la total población de este pájaro invernando en Africa
del orden de 120 millones, procedentes de la extensa zona Paleártica de 10
millones de kilómetros cuadrados donde se reproducen, y localiza los
cuarteles de invierno con preferencia en Africa oriental, Sudán, Abisinia,
Somalia y Eritrea, pero no falta en el Occidente, habiendo sido localizado
también en Nigeria y Senegal. En la costa atlántica africana, Mauritania y
Sahara occidental se nota bien su paso en primavera hacia el Norte en los
primeros días de abril. Concentraciones de hortelanos se ven en la zona de
Tánger en abril y en Gibraltar, desembocadura del Guadalquivir y sierras
andaluzas durante todo el mes. Algunos anillados se han capturado en
diferentes lugares de nuestra geografía. Uno de origen sueco, anillado allí
en agosto, justamente a los dos meses fue cogido en las cercanías de Lisboa
y otro del mismo origen capturado en Bajo Alemtejo. Hasta 1972 se habían
anillado en España 131 escribanos hortelanos sin que se produjera ninguna
recuperación. Existe, pues, gran campo de trabajo para averiguar el status
invernal de los que se reproducen en Iberia. |