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Curruca Rabilarga Sylvia undata Muy difícil de observar,
la Curruca Rabilarga Sylvia undata es, sin embargo, un pájaro
inconfundible por su pequeño tamaño y su larga cola que siempre lleva
levantada e incluso muy a menudo
La hembra tiene todo el
plumaje más claro. La cabeza es marrón, no gris, y el resto de las partes
superiores son pardo oscuras. En el pecho falta el intenso tono rojo vinoso
y a lo más hay un matiz rosado. Las currucas jóvenes se parecen más a la
hembra que al macho y el plumaje de las partes superiores es terroso oscuro,
más que el de las hembras, y su aspecto es más uniforme. Hay una considerable
variación en el color del plumaje de esta especie. A la hora de escribir de
la Curruca Rabilarga poco se puede decir que no quede limitado a las escasas
veces en que el observador tiene la suerte de poder ver a este pájaro al
descubierto. Su canto recuerda algo al
de la Tarabilla Común Saxicola torquata que ocupa su mismo biotopo,
pero es más breve y más débil. Es dulce y agradable, burbujeante a veces y
lo emite desde lo alto de un arbusto, ocasionalmente en árboles. También
desde cables del tendido eléctrico. Además de su típico canto que puede
oírse en la práctica durante todo el año, emite como alarma un duro y
metálico ¡¡tchrrr...!! moviéndose entre la vegetación y saliendo al
descubierto sólo un instante para observar al intruso. Si se excita, lanza
un repetido y agudo ¡¡te-te-te-te...!! Cuando se acerca al nido y se siente
observada, produce un agradable sonido que puede expresarse como
¡¡tcherr-chiui!!; la segunda parte ciertamente musical. La variedad de
sonidos es grande y puede ser muy subjetiva su descripción. La alimentación es
fundamentalmente insectívora. Captura pequeños coleópteros, lepidópteros
pequeños y grandes y sus orugas, dípteros (Tipula, Muscidae, Chironomidae),
etc. Las arañas, tan abundantes entre las plantas de tojo, pueden ser un
buen recurso durante el invierno. Probablemente no debe ser escasa la
materia vegetal en la dieta de otoño e invierno. Semillas de gramíneas,
frutos silvestres, etc., parecen concentrar pequeños grupos de currucas. En el mes de marzo ya se
observan los machos con vuelos de celo. En los primeros días de abril si no
llueve, resulta fácil escuchar su canto continuadamente que, a pesar de ser
breve y no muy fuerte, puede oírse a considerable distancia. Como el
territorio que cada pareja ocupa es muy pequeño, los machos realizan sus
modestas exhibiciones revoloteando con alas y cola desplegadas y al posarse
inflando las plumas de la cara y cabeza de manera que ésta parece tomar un
tamaño exagerado para un pájaro tan pequeño. El comienzo de la
reproducción está siempre en el norte de Iberia muy condicionado por la
temperatura ambiental y por la lluvia. Los nidos que los machos esbozan no
pasan de ser unas pocas hierbas secas agrupadas y que a veces resulta
difícil saber si se trata de nidos de machos o de materia vegetal caída allí
al azar. La mayor parte de los nidos son construidos en matas bajas de Brezo
Calluna vulgaris y en plantas de tojo. Algunos, pocos, en matorral de
Rubus. La altura sobre el suelo es variable. Muy bajos en el brezo, a no
más de 25 cm., altos en el Tojo entre 40 y 130 cm. y a media altura en la
Zarza, 50-80 cm. La hembra realiza la mayor parte del trabajo arreglando
hierba seca y musgo sobre alguna de las estructuras que el macho ha hecho
previamente. El interior está forrado con tallos finos secos de Brezo,
raicillas, hierba fina, lana y alguna pluma. También pelo, crines y telas de
araña que cubren y apelmazan los bordes del nido. A partir del 10 de abril
los nidos están terminados en muchos lugares, pero las puestas no empiezan
en general hasta la segunda quincena del mes. Normalmente pone 3-4 huevos,
alguna vez 5 y son muy raras las puestas de 6 (Jourdain). Su color es blanco
sucio o verdoso pálido con punteado fino pardo oliváceo, gris ceniza o pardo
rojizo, muy repartido por la superficie y acumulándose en un extremo algunas
veces. Jourdain para 100 huevos colectados en Gran Bretaña obtuvo un
promedio de 17,53 x 13,17 mm. con un máximo de 19 x 13,6 mm. y un mínimo de
15,3 x 13,2 mm. D´Almeida para 10 recogidos en el norte de Portugal da una
media de 16,6 x 12,6 mm. No pocas rabilargas no inician las puestas hasta la
primera semana de mayo. La incubación es realizada casi completamente por la
hembra y en pocos momentos es relevada por el macho. A los 12-13 días nacen
los pollos que no tienen plumón alguno y su piel es muy oscura. El interior
de la boca es de color amarillo pálido y hay dos puntos negros en la base de
la lengua. Ambos adultos atienden a los pollos cebándolos con insectos y
sobre todo pequeñas orugas. A los 12-13 días dejan el nido, pero pueden
hacerlo antes si son molestados y el tiempo es muy caluroso. Walpole-Bond
(1938) registra un abandono del nido a los 11 días. Fechas anteriores no
parecen posibles. Realizan dos crías anuales y se admite la posiblidad de
una tercera. Sylvia undata se
reproduce en toda la Península Ibérica y en el occidente y Sur de Francia,
así como en Italia e islas mediterráneas de Sicilia, Córcega y Cerdeña. Su
densidad es variable de unos años a otros y esto se aprecia bien en
Inglaterra donde hay una exigua y local población en los condados del Sur.
En 1960-61 se censaron allí 460 parejas; en 1963, después del crudo
invierno, solamente quedaban 11 parejas que aumentaron a 70 en 1970 y a 560
en 1974. Esto pone en evidencia la gran influencia que en la supervivencia
de este pájaro tienen las bajas temperaturas invernales y la fuerte lluvia.
Estas oscilaciones probablemente no son tan acusadas en Iberia, pero su
status no está aún bien estudiado en general y solamente hay trabajos
parciales referidos al Norte. Allí Sylvia undata es especie numerosa
que aprovecha las condiciones de temperaturas suaves y abundante monte
cubierto de Tojo y Brezo. En el invierno se aprecian claramente movimientos
erráticos, descendiendo de nivel las currucas que viven en alta montaña.
Posiblemente en toda la Península se acusen desplazamientos de mayor
envergadura. No otra cosa parecen indicar las observaciones y capturas de
esta especie en Baleares donde no se reproduce, pero Munn (1921, 1931)
considera que no es rara en invierno. Una no despreciable cantidad de
nuestras rabilargas atraviesa el mar e inverna en el norte de Africa donde
Balsac y Mayaud (1962) consideran que las que se ven allí abundantes en el
litoral entre octubre y marzo no pueden tener más origen que el europeo.
Quizá las observadas en Marruecos oriental proceden en su mayoría de Iberia.
La población africana no es lo suficientemente abundante como para
justificar allí la masiva presencia en los meses invernales de
Sylvia undata, pero falta, sin embargo, en el noroeste de Marruecos
donde Pineau y Giraud-Audine (1976) no la observan. |