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Chova Piquirroja Pyrrhocorax pyrrhocorax El negro plumaje y el ágil
vuelo pronto nos descubren a la Chova Piquirroja Pyrrhocorax pyrrhocorax.
Vista de cerca se puede apreciar bien el pico largo y curvado hacia abajo de
color rojo o
A partir de los meses de
septiembre y octubre la Chova Piquirroja forma bandos numerosos que recorren
campos costeros y de montaña en un ir y venir incesante, picoteando entre la
hierba y caminando a saltos que alterna con cortas carreras, adelantándose
unas a otras de forma tan curiosa que resulta imposible poder contarlas. Se
posan siempre en el suelo y sólo excepcionalmente en un árbol seco. Más a
menudo en roquedos y repisas de cortados verticales. Cuando se lanza al
espacio a menudo vuela realizando cortos picados que alterna con planeos y
también gira en el aire y planea invertidamente como lo hace el Cuervo
Corvus corax. Si de lejos se ve una pareja solitaria posada, puede
confundirse con la Grajilla Corvus monedula, de casi el mismo tamaño,
pero su cuerpo más delgado y actitudes inconfundibles ya descritas, la
identifican pronto. Cuando se alarman, normalmente cerca de los nidos,
lanzan gritos que recuerdan a los de las gaviotas ¡¡kuarr!! y que pueden
repetir a coro. Se alimentan
fundamentalmente de insectos y sus larvas y también recogen gran cantidad de
materia vegetal, singularmente granos y semillas. En zonas costeras come
crustáceos y moluscos y estos también en los campos de montaña. Jourdain
(1940) cita lagartijas y pequeños roedores, aunque sin confirmación para los
últimos. Cada pareja vigila un
territorio donde pasa gran parte de su vida y allí anida. Probablemente no
alcanzan la madurez sexual antes del segundo o tercer año como otros
córvidos, pero viven emparejadas ya antes de criar. De este modo se ven
colonias formadas por 10-15 parejas en las que únicamente hay 5-7 nidos.
Estos son construidos por ambos adultos con palos, hierba seca y forrados de
lana en su interior. La mayor parte del trabajo estructural corre a cargo
del macho y la hembra se encarga de arreglarlo por dentro con variados
materiales que a veces no se comprende de dónde pudieron haberlos traído.
Casi siempre los nidos están en el fondo de profundas grietas o cuevas, en
agujeros o chimeneas de acantilados marinos y cortados rocosos. También se
ha encontrado en edificios desmantelados, almacenes y en ruinas. La puesta
consiste en 3-6 huevos y más raramente 2 ó 7. Son blancos, amarillentos o
verdosos, pero siempre con puntos y manchitas sepia o pardo amarillentas y
manchas gris ceniza. También algunos tienen la cáscara completamente blanca.
Jourdain para 100 huevos medidos en Gran Bretaña obtuvo un promedio de 39,4
x 27,9 mm., con un máximo de 41 x 29,5 mm. y un mínimo de 34 x 26 mm. En
acantilados costeros las primeras puestas pueden ser encontradas a primeros
de abril y más a menudo en los últimos días de este mes. En montañas no
antes de la primera semana de mayo. A partir de la puesta del primer huevo
la hembra incuba sola, naciendo el primer pollo a los 17-18 días y con
intervalos de 24 horas los demás. El macho alimenta a la hembra mientras
incuba y ésta sale fuera del nido si pasan 30 minutos sin que el macho
aparezca y comienza a llamarlo con agudos gritos. Los pollos son atendidos
por la hembra las dos o tres primeras semanas, cubriéndolos continuamente y
dándoles la comida que aporta el macho cada 20-37 minutos (Holyoak 1972).
Después de realizar el primer vuelo fuera de la oscura cueva, normalmente a
los 38 días de nacer, se esconden en las grietas de las rocas y agujeros
donde permanecen 4-9 días hasta que vuelan bien y siguen a los adultos en
sus correrías durante 4 o 5 semanas. No obstante, antes ya pueden comer
solos, capturando insectos con habilidad. La Chova Piquirroja está
disminuyendo en toda Europa y muchos acantilados costeros de las Islas
Británicas donde antes abundaba, están ahora desiertos o con escasas
parejas. Cría en la Bretaña francesa y localmente en los Alpes, sur de
Italia, Balcanes y en algunas islas mediterráneas. También en el noroeste de
Africa. En la Península Ibérica es especie no escasa, pero muy repartida por
cortados rocosos de alta y media montaña e incluso al nivel del mar en
acantilados. En la Cordillera Cantábrica se ve local en primavera y formando
bandos en el otoño e invierno. En la costa hay sólo parejas o pequeños
grupos en acantilados marinos. En Navarra, Elósegui dice que cría en toda la
región, formando colonias pequeñas. En invierno se agrupa con chovas de pico
amarillo y los bandos mixtos vagan por Aralar, Urbasa, Andía, etc. La misma
situación se observa en el resto del país. No se nota una reducción
apreciable, salvo en la zona Cantabrica donde disminuye de año en año, pero
la población es todavía importante allí y ocupa siempre zonas más bajas que
Pyrrhocorax graculus, normalmente por debajo de 1.500 metros. |