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Abubilla Común Upupa epops
a larga y eréctil cresta de color pardo acastañado o
canela con las puntas negras, es un rasgo inconfundible para identificar
a la Abubilla Común Upupa epops. Pero sus alas blancas y negras, el
Las hembras se parecen
mucho a los machos, pero falta en su plumaje quizá el acusado contraste de
los colores y en muchas de ellas no es tan vivo el color vinoso del pecho y
la garganta. Los jóvenes de ambos sexos antes de la muda completa entre
julio y noviembre, carecen del tinte rosado en las plumas del cuello y
pecho. La Abubilla Común posada en el
suelo y tranquila, mantiene la larga cresta de 28 plumas recogida hacia
atrás, pero en cuanto se alarma la despliega y al volar muestra sus alas
redondeadas con el dibujo tan característico blanco y negro, batiéndolas
perezosa pero potentemente y trazando en su recorrido por el aire una figura
ondulada. No vuela por largas distancias y pronto se vuelve a posar, aunque
se haya levantado alarmada. Se posa también en árboles, pero mucho más a
menudo en cercas, muros, bordes de carreteras, cunetas, caminos, postes,
casas, basureros, montones de tierra, estiércol, etc. Siempre se la ve
solitaria o en parejas, y normalmente guardan distancia apreciable entre una
y otra. En determinada zona pueden ser numerosas sobre todo en migración,
pero se mantienen distantes caminando por los prados con pasos cortos, pero
rápidos, deteniéndose continuamente a observar el suelo o los intrusos que
se aproximan. Frecuenta mucho los
viñedos, campos cultivados, en especial las orillas de éstos, dehesas,
riberas, bosques, linderos, olivares y en migración también se ve en campos
costeros. No rara vez a alturas superiores a 1.000 metros, pero sólo
ocasionalmente por encima de los 2.000. La barrera en altitud son bosques
caducifolios viejos, escaseando en prados de alta montaña donde no falta,
sin embargo, en migración. Parece claro que referente a comportamiento hay
dos clases de abubillas. Unas, son tímidas y alarmistas en cuanto nos
acercamos, volando enseguida con espaciados batidos de alas y otras se
introducen en los pueblos, jardines, patios, y se posan en los tejados de
casas y chabolas sin asustarse de nuestra presencia. Existen en numerosos
lugares múltiples leyendas y creencias relacionadas con este pájaro, desde
las que anuncian la llegada de la primavera, hasta las fantásticas sobre la
capacidad de la abubilla para señalar la presencia de agua subterránea en
zonas desérticas por el simple hecho de verla golpeando el suelo con el
pico. También se le atribuyen propiedades medicinales y curativas y por
aplicación de partes de su cuerpo se mitiga el dolor de cabeza, la pérdida
de la memoria, los cólicos y otras muchas molestias más que el hombre sufre
y que el inglés Dawson (1925) recopiló. De gran valor debía de ser la que se
refería a que si se escuchaba insistentemente la voz de la abubilla antes de
prensar la uva ello pronosticaba una buena vendimia. Su voz es inconfundible y
antes de que la divisemos posada en el suelo se escucha un profundo
¡¡uup-uup-uup!! repetido y que posee un gran alcance. El pájaro adopta a
veces curiosas posturas al cantar, estira el cuello y se bambolea. Tucker
menciona otras notas menos frecuentes como un castañeteo de advertencia o
irritación y un curioso maullido ¡¡kiaouu!! Canta casi todo el año, pero más
intensamente a partir de los primeros días de marzo. También ocasionalmente
en el invierno y se la puede escuchar, aunque, no muy a menudo, en enero y
diciembre. Se alimenta sobre todo de
insectos y sus larvas. Con el largo pico rebusca entre la hierba o lo
introduce por agujeros y grietas del suelo, extrayendo grillos comunes y cebolleros
con gran habilidad; coleópteros y sus larvas, ortópteros (larvas de
saltamontes y langostas, lepidópteros, dípteros, himenópteros, etc.). Muchas
de las presas son diminutas y entre ellas están las hormigas, sus larvas y
huevos, pero otras tienen un gran tamaño, sobre todo los escarabajos y los
grillos. Levanta pequeñas piedras y captura ciempiés y lombrices de tierra y
durante la reproducción lleva al nido pequeñas lagartijas. El
celo comienza a manifestarse a mediados de abril y los machos luchan entrsí, pero más frecuentemente parece que lo hacen por un nido viejo que por
una determinada hembra. Se dice que se emparejan de por vida y está bien
comprobado que la misma pareja si sobrevive ocupa idéntico lugar para anidar
e incluso el mismo agujero en un árbol del año anterior. Como los huecos en
árboles son cada vez menos frecuentes, ahora se ven muchas abubillas
anidando en entrantes de muros, edificios, desvanes, grietas, ruinas,
desagües, bocas de alcantarillas, etc. En bosques siente predilección por
viejos troncos caídos en el suelo bien en su interior o bajo ellos. La
hembra limpia bien el hueco o agujero echando fuera toda clase de materiales
que encuentra dentro. Si es un antiguo nido de pájaro carpintero no deja
siquiera la viruta de la madera. Sus actitudes entonces recuerdan mucho a
las similares del Torcecuello Jynx torquilla, pero parece abstenerse
de entrar en nidos ya ocupados, no como aquél que destruye una gran
cantidad. A pesar de ello y como los machos cortejan a las hembras incluso
cuando éstas están dentro de los agujeros llevándoles comida, pronto hay
allí una buena cantidad de residuos quitinosos. A menudo se ven también
algunas plumas y briznas de paja y cortezas, pero no realmente un nido como
tal. Sobre ellas ponen desde la última decena del mes de abril de 5 a 9
huevos, más a menudo 6-7 y se han encontrado puestas de 12 huevos, pero
parece poco seguro que sean de una sola hembra. Son dejados con intervalos
de 24 horas y la hembra incuba desde la puesta del primero. A veces está
sentada allí dos días antes de comenzar a poner. Algunos ornitólogos han
observado al macho llevando al nido trozos de estiércol de vaca, excrementos
de oveja, cabra y cerdo. Con éstos y los suyos, más los restos de insectos,
el olor que desprenden los nidos y los propios pájaros no es para
describirlo. Esta situación parece ser buscada de propósito por la Abubilla
como medio de defensa contra posibles depredadores, pero la teoría es poco
consistente puesto que esta especie sufre frecuentes depredaciones en los
nidos sobre todo por lagartos que permanecen al acecho y en cuanto la hembra
sale del nido, aunque sea por breves momentos, roban huevos y posiblemente
pollos pequeños. Los huevos son blancos o gris muy claro, lisos y sin
brillo, mostrando los poros de la cáscara muy bien. A menudo se encuentran
puestas completas de color amarillento o pardo-amarillento e incluso
oliváceas, pero éstas últimas probablemente cuando ya los huevos tienen más
de 10 días de incubación y comienzan a teñirse con tanta porquería como hay
allí dentro. Cien huevos medidos por Jourdain y Rey dieron un promedio de
25,89 x 17,88 mm. con un máximo de 29,3 x 19,2 mm. y un mínimo de 23,1 x
17,3 mm. La incubación dura de 17 a 19 días. Durante este período el macho
alimenta a la hembra en el nido continuamente y vigila desde cerca. No
solamente lleva al nido insectos, sino también a veces trozos de materias
extrañas, trapos, paja, excrementos, etc. Al nacer, los pollos están
cubiertos de un plumón blanco bastante largo, pero no denso. El interior de
la boca es rosado y no tiene puntos oscuros en la lengua, pero sí destacan
mucho las comisuras muy grandes de color blanco marfil o cera. El pico es
grueso y azulado. En los primeros días se nota una gran diferencia en los
tamaños debido a que desde que nace el primero hasta que lo hace el último
puede haber un intervalo de hasta una semana. Sin embargo, como el macho
aporta insectos que entrega a la hembra para que ésta cebe, sucede que
pronto la diferencia de tamaños entre los pollos se ha atenuado y se nota
menos cuando comienzan a estar emplumados y entonces ambos adultos los ceban
directamente. Los excrementos de los pollos no son retirados y como con
frecuencia los lanzan con fuerza hacia la entrada del agujero si se sienten
en peligro, el nido queda pronto convertido en una verdadera cloaca. En el
nacimiento de la cola se desarrolla a los pocos días de nacer una glándula
que produce una secreción fétida. Esta tiene mucha fuerza y olor en las
hembras durante la reproducción y al coger estos pájaros es lo primero que
se advierte. A menudo las hembras desalojan parcialmente el nido de
excrementos y basuras, pero no por ello contribuyen a mejorar el olor. Los
pollos crecen rápidamente y se muestran agresivos si se les intenta coger
resoplando con fuerza. En el sur de Iberia permanecen en el nido entre 22 y
24 días y en el Norte algo más, hasta 28 días y nunca salen antes de los 25.
Muchas parejas que crían desde finales de abril son capaces de iniciar una
segunda puesta a primeros de julio o unos días antes. Pero no se puede tomar
como regla general y en los campos leoneses parece lo más común una
solitaria puesta a partir de la segunda decena de mayo. El grupo familiar
merodea por la campiña durante 8-10 días hasta que los jóvenes ya son
capaces de comer solos. La
Abubilla Común es especie migradora que en gran parte marcha a Africa para
invernar. Muchas permanecen aquí y sería interesante determinar en qué
proporción se quedan las nativas si es que alguna lo hace. Bernis (1970)
sugiere la posibilidad de que la pequeña población de invernantes esté
formada en parte por abubillas nativas y en otra parte por aves de origen
centroeuropeo. En el Sudoeste Ibérico se ven muchas todo el invierno y lo
mismo sucede en el Sudeste e incluso en las islas Baleares donde es
relativamente frecuente en los meses de diciembre y enero. Incluso en
determinados lugares del Levante español parece más notoria y abundante en
el invierno que en primavera. Esto es posiblemente debido a que la escasez
de alimento obliga a la Abubilla a mostrarse más al descubierto y acercarse
a las huertas y chozas, viéndosela también cerca de los arrabales de
ciudades y pueblos y en los basureros. Invernantes en el valle del Ebro son
muy raros y faltan casi completamente en el tercio norte de la Península.
Sin embargo, como se trata de un inmigrante precoz, la llegada en febrero y ocasionalmente
antes, puede originar confusión en los observadores. Emigra de noche y rara
vez de día. En
marzo se produce el mayor paso de abubillas por nuestra campiña y se ven
entonces por cualquier lado de la mitad Sur. En el Norte abundan más en
abril y se han visto después de la mitad de mayo, pero esporádicamente en
Guipúzcoa donde por otro lado crían regularmente una cantidad muy moderada
de parejas. Irby en 10 años de observaciones consecutivas en Gibraltar anotó
la llegada de la primera Abubilla entre el 16 y el 18 de febrero. El paso
otoñal comienza también pronto, muy a menudo a finales de julio, pero sobre
todo durante agosto y continúa en septiembre y octubre. Aquí también nos
tropezamos con la dificultad de poder separar pájaros que pasan de los que
pueden quedar para invernar. No es aventurado calcular la población
invernante en Iberia en varios millares de abubillas con una especial
concentración en el Sudoeste. Presumiblemente esta misma situación debe
darse en el norte de Africa. La
dificultad para determinar el cuartel de invernada de la Abubilla europea es
grande desde que en Africa se reproducen también abubillas pertenecientes a
otras razas, pero difíciles de distinguir en el campo de las nuestras.
Parece ahora establecido que aparte de una escasa población que invernaría
en el nordeste del Continente negro, la mayoría de las abubillas paleárticas
llegarían hasta el Africa Tropical Occidental y se confundirían allí con la
raza nativa Upupa epops senegalensis. La
Abubilla se reproduce en la mayor parte de Europa, excepto las Islas
Británicas (cría muy ocasionalmente), Islandia, Países Bajos, Dinamarca,
Suecia, Noruega y Finlandia. En la Península Ibérica es pájaro numeroso que
se ve por doquier, pero que baja en densidad al norte de la Cordillera
Cantábrica, donde prefiere bosques y parques con muros y árboles viejos y se
ve poco en terreno abierto a no ser durante la migración, en especial la de
primavera, criando muy dispersas las parejas. En
Iberia debe estar la mayor población europea. En las Baleares es también ave
común, correspondiendo a la mayor densidad que alcanza por todo el sur del
Continente respecto al Norte y Centro. En Francia es algo común en la zona
mediterránea; en Bélgica es local y escasa y en Alemania falta en gran parte
del país. Sin duda con Iberia está en Rusia la población más floreciente.
Realmente en muchas y extensas zonas ha llegado a ser escasa y en ello deben
influir mucho la creciente tala de especies arbóreas autóctonas y sobre todo
el uso de insecticidas en los campos. Aquélla se palía algo colocando nidos
artificiales de madera que este pájaro acepta bien. Es
curioso lo que relata Bernis (1970) cuando se refiere al hallazgo de
abubillas aletargadas en el interior de huecos de árboles. «Esto podría
interpretarse en el sentido de que no es rara en nuestra latitud la
mortalidad por hambre, quizá porque el cuartel de invernada ibérico no es
todavía suficientemente favorable». Bernis añade que en España las abubillas
invernantes buscan sitios abrigados en huecos de árboles y en terrenos
orientados al mediodía y soleados, lo que parece indicar un carácter
termófilo en este pájaro. También acostumbra en invierno a echarse sobre
suelos caldeados por el sol. El bosque mediterráneo adehesado con pastos o
matorral cobijan la mayoría de las abubillas invernantes en España. Se
mantienen solitarias o en parejas y también se ven pequeños grupos. |