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Trepador Azul Sitta europaea El Trepador Azul Sitta
europaea
es menos conocido en Iberia de lo que podría esperarse por la forma y
coloración del plumaje y sobre todo por sus actitudes, que resultan
inconfundibles cuando se le
El Trepador Azul sube por
los troncos de los árboles de forma característica, como a impulsos y
apoyándose únicamente en sus patas, y no en la cola como los agateadores. Lo
mismo sube que rodea horizontalmente el tronco o desciende por él cabeza
abajo. No inicia la ascensión necesariamente desde la misma base del árbol,
sino que como trepa en cualquier dirección, cuando considera que ha dejado
terminada su búsqueda por el tronco, vuela a otro próximo donde se conduce
de igual manera. El vuelo es ondulado y si lo hace en una distancia
apreciable, a menudo fuera de cobertura vegetal, llama en seguida la
atención. Se posa en las ramas de árboles y arbustos como los demás
passerines y frecuenta el suelo donde camina a saltos. Se ve siempre en
parejas y pocas veces en grupos numerosos. También muy corrientemente
solitario, pero no es tan manso como los agateadores y de acuerdo con
Bannerman «tiene una irritante costumbre de permanecer en el lado del tronco
del árbol diferente al que da frente al observador». A pesar de ello resulta
ser un pájaro bien conocido en los bosques y hasta diría que popular. En
Asturias se le conoce con el nombre de Piquetina o Piquetin alusivo a su
costumbre de golpear las avellanas y los fayucos con el pico, empleando para
ello toda su fuerza. Estas avellanas son colocadas por el pájaro en una
grieta de la corteza o en el ángulo formado por la rama y el tronco del
árbol y después de varios picotazos abre un agujero redondeado o en
estrella, lo suficientemente grande como para comer el fruto. Muchas veces
consigue dividir en dos la cáscara de la avellana. Fuera de la época de la
cría, esta costumbre de golpear sobre frutos secos se intensifica e incluso
ataca también nueces. Durante la noche y en
días de fuerte lluvia se refugia en agujeros y grietas de la corteza de los
árboles, pero también en huecos de rocas y entre las raíces de grandes
árboles caídos en el suelo. La voz del Trepador Azul
es inconfundible y aunque posee gritos y notas variadas, un alto y metálico
¡¡chuiit-chuiit!! es el sonido más comúnmente escuchado en los bosques.
También repite insistentemente un ¡¡tisit!! o mejor ¡¡tsit!! y grita a
menudo cuando está irritado o se muestra agresivo ¡¡trirrr!! Realmente este
sonido es un trino fuerte que no se puede expresar aquí muy bien, lo mismo
que el canto formado por un silbido emitido en tono alto ¡¡tuí!! y repetido
tres o cuatro veces, seguido de un rápido ¡¡chirrirrirr...!! y terminando en
un casi lastimero ¡¡pii-pii-pii...!! Canta a partir de la mitad de enero si
el tiempo es soleado y en junio se le escucha ya muy poco. Su voz se oye
intermitentemente en gran parte del año y probablemente marzo y abril son
los meses en los que este pájaro canta con más fuerza. Se alimenta de insectos
en primavera, sobre todo coleópteros y sus larvas, dermápteros, dípteros,
etc. También de arañas y pequeños moluscos (Jourdain, 1940). A partir del
verano consume muchos frutos de cáscara dura, sobre todo avellanas y hayucos
y también, donde son asequibles, los frutos del Tejo. El celo comienza a
notarse pronto en esta especie. En los primeros días de marzo algunos machos
cortejan ya a las hembras con las que han permanecido normalmente unidos
todo el año. Para ello entreabren las alas y muestran toda la brillantez del
color castaño de los flancos a la vez que despliegan la cola de forma que
las manchas blancas de las rectrices queden bien expuestas. Sin embargo, la
elección del lugar y la construcción de los nidos es raro que comience antes
de abril. Normalmente en la primera semana sólo alguna pareja se ha puesto a
la tarea. A partir de mediados de este mes los territorios están bien
delimitados y los machos los defienden, emitiendo constantemente su
penetrante ¡¡chuiit-chuiit!! que a veces suena como un simple
¡¡chiit-chiít!!. Anida en agujeros de
troncos y ramas gruesas y también en grietas de rocas o en huecos de muros.
Todos ellos quedan muy reducidos de tamaño por la adición de barro, tanto en
la entrada como en las grietas que puede haber dentro, operación que es
efectuada por los dos adultos. La entrada queda así convertida en un
orificio circular con un diámetro que nunca suele ser mayor de 3 centímetros
y medio y siempre parece difícil que este pájaro pueda entrar por él. La
cantidad de barro utilizada depende mucho del lugar escogido y si la cavidad
es muy profunda puede haber en su interior de uno a dos kilogramos. Lo mismo
sucede con el agujero. Muy a menudo utilizan en los bosques de la Cordillera
Cantábrica los excavados por el Pito Negro Dryocopus martius por lo
que el aporte de barro necesario para cerrar tan grande agujero es muy
considerable. El interior está relleno habitualmente con trozos de cortezas
de árboles, hojas secas de Haya y Roble y rara vez otro material.
Curiosamente este nido no tiene copa y los huevos quedan a menudo separados
uno de otro y casi empotrados en las esquinas de la cavidad antes de que los
pájaros comiencen la incubación. El Trepador Azul prefiere cavidades en
árboles a alturas sobre el suelo de 2 a 6 metros, pero esto no quiere decir
que no elijan otras de forma ocasional. Así se han encontrado hasta 20
metros y también a un metro del suelo. Walpole-Bond cita nidos a una altura
de 60 cm, pero esta situación no es corriente. Las primeras puestas son
efectuadas en los últimos días de abril. Excepciones hay desde mediados de
mes, pero más normalmente no se ven incubando hasta la primera semana de
mayo como muy pronto. La mayoría de las puestas no están completas antes del
15 de este mes. Cada puesta está formada por 6-8 huevos, aunque hay extremos
entre 4 y 13. Verheyen admite un máximo de 11 y Jourdain hasta 14, pero
pienso que estas puestas exageradas se deben a dos hembras usando el mismo
nido. Su color es blanco lechoso con punteado muy fino pardo rojizo por toda
la superficie de la cáscara. A menudo se aprecian manchas violáceas y
algunos son casi enteramente blancos, mientras otros concentran la mayor
parte del punteado en el extremo más ancho. D'Almeida para la subespecie
hispaniensis obtiene en 9 huevos un promedio de 18,6 x 14 mm., con
extremos de 18 a 19,7 x 13,7 a 14,6 mm. Jourdain en 100 huevos colectados en
Gran Bretaña, subespecie caesia, encuentra un promedio de 19,2 x
14,32 mm. con un máximo de 20 x 16 mm. y un mínimo de 16,5 x 13,5 mm.
Mayores promedios se obtienen en Europa para la misma subespecie: así,
Hellebrekers en 73 huevos halla una media de 19,8 x 14,5 mm. También
Verheyen para Bélgica obtiene sensiblemente los mismos promedios. La
incubación comienza al completar la puesta y la efectúa solamente la hembra,
aunque a menudo se ve salir al macho del interior de la cavidad donde
indudablemente ha estado alimentando a su pareja. A los 14-15 días (12-17
días Verheyen, 13-17 Ryves) nacen los pollos con escaso plumón gris oscuro;
el interior de la boca es color carne oscuro y no hay otras señales a no ser
las comisuras blanco amarillentas muy visibles y que deben tener
indudablemente una función de semáforo en tan oscuro agujero. Ambos adultos
alimentan a los pollos con insectos traídos en el pico durante 25 días, a
veces menos, pero aquel período es el más común. Crían una sola vez, aunque
se citan casos de dos puestas en la temporada. Probablemente algunas son
repeticiones por depredación de la primera. Sitta europaea
ocupa en Europa una amplia extensión que incluye bosques y sotobosques de
todos los países excepto Finlandia y gran parte de Noruega y Suecia. Falta
también en Irlanda, Islandia y Escocia. En muchos lugares es local criando y
parece más abundante en bosques de especies caducifolias en montañas. En
amplias zonas de Europa e Inglaterra y Gales es pájaro que puede ser visto
en jardines de ciudades y pueblos, acercándose con los páridos a los
comederos artificiales colocados en otoño e invierno. En la Península
Ibérica tiene una densidad variable que es muy baja o nula en zonas costeras
y aumenta en bosques de montaña. En muchos sitios es sedentario al extremo
de no salir prácticamente las parejas de un reducido territorio a no ser que
un duro invierno las fuerce a ello. Sin embargo, es también frecuente
observar en otoño a partir de octubre y en el invierno numerosos trepadores
azules en bosquetes y parques al nivel del mar donde están ausentes en época
de reproducción. Especial densidad tiene este pájaro en hayedos de la
Cordillera Cantábrica y Pirineos, pero no falta en bosques mixtos,
robledales y coníferas. Del mismo modo que los agateadores, falta como
reproductor en las Islas Baleares. |