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Quebrantahuesos Gypaetus barbatus
l Quebrantahuesos Gypaetus barbatus es el buitre más grande de la
fauna europea, un verdadero gigante del aire. Su silueta de vuelo
resulta inconfundible aun para el profano, con alas muy largas y
La subespecie barbatus aureus es la que habita en la Península Ibérica y occidente de Asia. El
adulto, macho y hembra, tiene la cabeza de color blanco sucio. Alrededor de
los ojos lleva un círculo de color negro intenso, formando como un antifaz,
unidos ambos lados por una línea negra en la parte superior de la cabeza.
Para los hermanos Terrasse, ornitólogos franceses que han estudiado muy bien
esta especie en los Pirineos, el pájaro presenta un aspecto verdaderamente
mefistofélico. La espalda, las alas y la cola son gris negruzco, teniendo la
mayoría de las plumas el raquis de color blanco marfil que le da un aspecto
general rayado. Las partes inferiores son rosado amarillento con tonos
naranja, rayadas en la garganta y punteadas de negro en el pecho de manera
que forman como un collar incompleto. Los «calzones» que le llegan hasta los
pies son también del mismo color. Estos son grises y las uñas fuertes y
negras, pero no dan a las patas el aspecto de garras que tienen las demás
aves de presa. El pecho y el vientre están en general cubiertos
superficialmente con una sustancia rojiza que según las investigaciones de
Berthold (1965, 1966), está constituida por un depósito sobre las plumas de
partículas de óxido de hierro, tomadas por el pájaro en su contacto con las
rocas herrumbrosas de los cortados de montaña, teoría de coloración exógena
que por cierto tiene varios detractores y sufre continuas objeciones. J. M.
Thiollay (1968), que observó bien el plumaje de los quebrantahuesos de la
isla de Córcega, encontró allí que, salvo raras excepciones, todos los
pájaros tenían las partes inferiores blancas, careciendo de este tipo rojizo
tan característico de los quebrantahuesos pirenaicos. Según Terrasse, el
tinte anaranjado rojizo es tan vivo en algunos individuos, que puede ser
observado a simple vista desde un kilómetro de distancia si el pájaro está
posado e inmóvil. Los ojos de los adultos
destacan mucho sobre el fondo negro y son amarillos con el anillo
esclerótico rojo intenso. Los inmaduros son
enteramente de color marrón oscuro con la cabeza negruzca. El iris es
castaño y contrasta con la córnea roja. Alrededor de los ojos la piel
desnuda es gris azulada. Este plumaje en sucesivas mudas pasa al de adulto a
los seis años. Existen naturalmente una gran variedad de estados intermedios
hasta cumplir los cuatro años y las plumas de las diferentes partes del
cuerpo no evolucionan siempre de la misma manera, ni por supuesto
simultáneamente en todos los quebrantahuesos de la misma edad. Los sexos son semejantes
y únicamente si se pueden observar de cerca se aprecia más corpulencia en la
hembra. La silueta de vuelo de
los quebrantahuesos adultos ya se ha dicho que es inconfundible. Su
envergadura es igual o quizá mayor aún que la del Buitre Negro Aegypius monachus.
Visto desde abajo presenta la cabeza pequeña, pero saliente y las anchas
alas terminadas en punta. Sin embargo, lo que verdaderamente destaca en él
es su amplia y larga cola, que tiene forma de cuña y es muy puntiaguda y
resulta ser única entre las aves de presa, aunque de diseño similar a la del
Alimoche Común Neophron percnopterus, que es mucho más pequeño. Con
fuerte luz destaca su cuerpo más claro y la cola y las alas muy oscuras. Si
el pájaro viene frente al observador remontándose, el perfil es plano o a
veces con el extremo de las alas arqueadas hacia abajo. Remontándose o planeando,
lleva a menudo las alas anguladas y a pesar de su gran tamaño no da la
sensación de rigidez de los demás buitres que planean y se remontan con las
alas muy rectangulares. En vuelo directo bate profundamente las alas, de tal
manera que las plumas primarias de ambas alas llegan a tocarse por debajo. La silueta de vuelo de
los quebrantahuesos inmaduros es muy diferente de la de los adultos. Está
más próxima a la de un Buitre negro o a la de un Pigargo Haliaetus
albicilla. La cola es redondeada y ancha
con una zona blanca en su nacimiento y las alas no son tan agudas, por lo
que dan la impresión de ser más anchas. También en el dorso poseen una zona
más pálida que contrasta mucho con la cabeza y nuca negras. El Quebrantahuesos es ave
de alta montaña y abruptas sierras, planeando durante horas sobre los riscos
de las montañas y también a lo largo de paredones verticales, para descender
a praderas y campos de zonas altas únicamente en busca de comida. Su vuelo
es ágil y sorprende para un pájaro de este tamaño. Quizá a ello contribuya
su relativo poco peso en proporción a la enorme superficie de las alas y el
fantástico timón que es su cola larga y acuñada. Se le ve con frecuencia
lanzarse a gran velocidad, calculada en casi 130 Km por hora. Se posa
normalmente en repisas y cortados, en cuevas, salientes y en cimas de rocas
donde pasa muchas horas del día. Rara vez se posa en árboles. Este pájaro,
que ha llegado a ser una verdadera reliquia zoológica en la fauna española,
vive en la Península Ibérica lejos de los lugares habitados por el hombre;
sin embargo, los que viven en Asia, donde aún abunda, frecuentan los
poblados y forman a menudo grupos numerosos hasta de 25 individuos. Muy pocas veces se
escucha en condiciones normales la voz del Quebrantahuesos. Los Terrasse
(1967) habían escuchado una sola vez su silbante grito, a pesar de que para
entonces ya habían tenido centenares de contactos con este extraordinario
pájaro. Atribuyeron entonces esta voz a la alarma que le produjo a uno de
ellos descubrir a los ornitólogos cerca del nido. Posteriormente (1973 y
1974) realizaron muchas observaciones colocando a gran altura en una montaña
pirenaica restos de matadero de animales domésticos. Aunque el método
realmente era artificial, sirvió para congregar gran número de buitres,
milanos reales, alimoches, cuervos, cornejas y quebrantahuesos que se
disputaron la carroña con ardor. De este modo pudieron observar cuán
ruidosos resultan a veces ser los quebrantahuesos que lanzaban continuamente
chillidos. No hay duda que uno de
los hábitos más curioso y espectacular del Quebrantahuesos está relacionado
con la forma de partir los grandes huesos de mamíferos, usando para ello
determinados lugares habituales llamados
rompederos, que en realidad al estar cubiertos de fragmentos de
huesos más parecen ser osarios. Cuando el pájaro descubre un resto óseo como
consecuencia de haber sido comido un animal por los buitres y alimoches,
recoge los mayores huesos con las garras y elevándose con ellos vuela hasta
el
rompedero dejando caer el hueso desde una altura variable entre
20 y 60 metros sobre las rocas y siguiendo en vuelo su trayectoria. Esta
operación la repite generalmente hasta tres veces, aunque se han observado
casos más persistentes lanzando los huesos hasta cinco y seis veces. Una vez
rotos recoge los trozos, en especial los que dejan la médula al descubierto
ya que es su comida favorita. Estas operaciones suelen durar bastante
tiempo, pues si falla, para ganar altura el Quebrantahuesos debe remontarse
planeando con relativa lentitud. Varios ornitólogos han
estudiado la dieta de este pájaro en los Pirineos y en la Sierra de Cazorla.
Haremos aquí un resumen de sus datos. Jesús Elósegui et al. en mayo de 1971 examinan el
contenido estomacal de un adulto encontrado muerto en la montaña navarra y
determinan restos de una gallina doméstica. Rafael Heredia recogió
restos en dos rompederos u osarios del Pirineo
de Huesca en 1974. En el primero, situado a 2.180 metros sobre el nivel del
mar que los pájaros usan todo el año, recoge costillas y vértebras de oveja
o de un bóvido de talla similar y de vaca. En otro rompedero situado a 1.900
metros de altitud, recogió huesos de cabra, de oveja, de jabalí y de
caballo. W. Suetens y Van
Groenendael en dos nidos estudiados en 1971 y 1972 observaron en el primero,
de entre 30 aportaciones por los adultos, 27 huesos casi todos de oveja. En
el segundo nido los adultos trajeron en varios días un pellejo de oveja, dos
patas de Rebeco Rupicapra pyrenaica,
una Perdiz Roja Alectoris rufa y dos de paloma Columba spp.
Cano y Valverde (1959) en la Sierra de Cazorla examinaron y
estudiaron detenidamente un nido, encontrando una pata y trozos de piel de
Oveja y huesos de solípedo; sus egagrópilas estaban constituidas por
abundantes pezuñas y huesos de Cabra y Oveja, gran cantidad de lana, plumas
de Chova piquirroja joven Pyrrhocorax pyrrhocorax, dos cascos de asno, uno de joven
y otro de adulto y el cadáver aplastado y seco de una rata. Los Terrasse (1967)
determinan aportaciones a los nidos muy variadas. Una columna vertebral de
cordero, varias pezuñas de Rebeco y una rata, lo que para ellos es indicio
seguro de que el Quebrantahuesos se aproxima a zonas habitadas y
probablemente a basureros. La proliferación de hoteles de montaña,
estaciones de ski y chalets, sin duda puede contribuir a aumentar las
posibilidades de la especie. Aunque el comer huesos es
un hábito generalizado en esta especie, no desdeña otro tipo de alimentación
y se han realizado muchas observaciones de capturas de presas vivas, en
especial de lagartos. Si los buitres, alimoches y cuervos le dejan algún
resto de carroña, lo que no suele suceder con frecuencia, desde luego que
también los quebrantahuesos la comen. J. M. y F. Terrasse en un comedero
artificial preparado por ellos con restos de matadero, pudieron comprobar
cómo en sólo dos días tres quebrantahuesos inmaduros realizaron al lugar una
veintena de viajes, transportando no menos de diez kilogramos de carne y
grasa en total a otro posadero donde la comían.. Los huesos comidos son a
veces de grandes proporciones y los engullen después de realizar raras
contorsiones, defecando unas bolas blanquecinas. Con frecuencia la carne y
trozos de piel adherida a estos huesos es comida antes. Si los huesos son
pequeños los pueden romper a picotazos para extraer la médula, pero luego
engullen los trozos que quedan. Probablemente en el mes
de octubre la pareja de adultos ya visita la zona donde están emplazados los
nidos de años anteriores y como otras aves de presa, muestran mucha
querencia a un determinado lugar. Normalmente en la zona existen dos o tres
nidos que ocupan alternadamente. Los Terrasse han comprobado con
regularidad, después de muchas observaciones, que un nido es ocupado a
intevalos de 4 ó 5 años, período que no es fruto del azar. Esto debe
permitir que desaparezcan los parásitos acumulados en el nido, tal como
sucede con algunas grandes águilas. Los vuelos nupciales
pueden comenzar antes de diciembre. Las evoluciones aéreas consisten en
vuelos, junta la pareja ala con ala, con ocasionales «picados», a la manera
de los buitres leonados Gyps fulvus. Brown y Amadon (1968) describen
una representación con espectaculares vuelos y caídas verticales de hasta
100 metros, seguidas de rápidos ascensos. Estas evoluciones son acompañadas
con chillidos, no decreciendo probablemente hasta que hayan nacido los
pollos, cesando cuando ya están bien crecidos. Algunas de estas actitudes y
vuelos tienen un dudoso significado y pueden no estar relacionados con el
celo. Así lo advierten J. M. y F. Terrasse. Los vuelos nupciales del
Quebrantahuesos parecen estar más en la línea de los de las águilas y más
lejos de los buitres. Para la descripción de
los nidos y su situación vamos a seguir a los ornitólogos franceses, tantas
veces citados, y a los españoles Antonio Cano y José A. Valverde, que
estudiaron un nido en la Sierra de Cazorla. Según Terrasse los nidos son un
maravilloso caso de adaptabilidad a las circunstancias. La mayoría de los
nidos conocidos por ellos en los Pirineos estaban situados a alturas
comprendidas entre 1.500 y 1.800 metros, con la excepción de uno que lo
estaba a 700 metros y otro a 2.000 metros. A estas alturas en el mes de
febrero comienza la hembra a incubar los huevos que tienen color amarillento
(Cano y Valverde, 1959, en Cazorla) o blancos manchados de marrón. Las
condiciones climáticas muy duras imponen la elección de una cavidad bien
abrigada del frío y de la intemperie. De esta forma el Quebranta huesos
elige una gruta o una cornisa con un sobretecho formado por la misma roca.
Las avalanchas de nieve y piedras pueden así pasar delante del nido sin
dañar a los pájaros. El nido estudiado en la
Sierra de Cazorla por Cano y Valverde en 1958, estaba situado en una cueva abierta
con una superficie aproximada de 4,40 x 1,90 metros en una pared rocosa defendida por encima por un saliente de
la misma pared y situado a unos 1.700 metros de altitud sobre el nivel del
mar y a 20-22 metros del suelo. La estructura del nido
está formada por palos secos, huesos y trozos de piel y forrada con lana de
oveja, cuerdas y pelos de cabra, conteniendo también trozos de muy diversos
materiales. Es variablemente voluminoso dependiendo de la edad y de que el
lugar esté más o menos protegido de las inclemencias del tiempo. La
abundante
lana es fundamental en su construcción puesto que los pájaros pueden estar
sometidos durante la incubación a muy bajas temperaturas. Los Terrasse dan
medidas para un nido de 2,5 metros de diámetro y 1 metro de espesor. Cano y
Valverde consideraron dimensiones de 1,90
x 2 metros y 20 centímetros
solamente de espesor. Los nidos están instalados
en el centro de un extenso territorio que puede tener una superficie de 10 x 20 kilómetros y que
normalmente incluye toda una ladera de la montaña con pastos y acantilados
rocosos. Los quebrantahuesos vuelan por todo él, pero a veces viajan
distancias mayores que pueden alcanzar los 40 kilómetros, aunque parecen ser
más dados a volar lejos los jóvenes que todavía no han elegido un
determinado territorio. Buscan continuamente los restos dejados por los
buitres y otras aves carroñeras y en realidad no necesitan tener muy buena
vista. Les basta con esperar a que los demás terminen de comer en la
seguridad de que los huesos permanecerán allí. En el perímetro de su nido
son poco agresivos y persiguen rara vez a los pájaros que se aventuran
cerca. En cambio en los comederos, Terrasse (1974), son desplazados a menudo
por pájaros mucho más pequeños como los cuervos y los milanos reales. Pocas
veces ataca al Alimoche, solo cuando parasita su nido y rara vez al Aguila
real. En las paredes rocosas donde anida son frecuentes otras aves de presa.
El Halcón Peregrino Falco peregrinus lo ataca siempre, pero el
Quebrantahuesos lo esquiva con un movimiento ágil y rápido impropio de un
pájaro tan grande. La puesta consiste
generalmente en uno o dos huevos y muy rara vez tres. Para Europa, Brown y
Amadon señalan un promedio en las medidas de 85,6 x 66,2 mm. La incubación comienza
con el primer huevo y la realiza la hembra completamente. El nacimiento debe
tener lugar hacia principios de abril después de 55-60 días de incubación.
Se dice que en las 24 horas después de nacer, los adultos matan a uno de los
pollos y ceban con él al otro que casi siempre se desarrolla muy bien. La
hembra lo asiste muy solícitamente y no se separa del nido durante muchos
días, pasando todo el tiempo arreglándolo e intentando cebar al joven con
los restos óseos que quedan. El macho aporta la mayor parte de las presas y
huesos. Según Cano y Valverde, cada vez que los adultos se acercan al nido
el pollo ya crecido los saluda con un grito lastimero que es un simple «pío
pío» que se parece al de un pavipollo y que lo emiten ansiosamente
acercándose al borde del nido. En el mes de junio ya tiene la corpulencia de
un adulto y su plumaje es completamente marrón con la cabeza y cuello más
oscuros. En esta época es muy inquieto y anda de un lado para otro por la
estrecha cornisa. Aunque los adultos van y vienen con frecuencia al nido, no
alimentan a su hijo más que una o dos veces por día. El pollo picotea y
descarna él los huesos y golpeándolos saca esquirlas que come
inmediatamente. A veces intenta deglutir una pata o pezuña, consiguiéndolo
en parte, porque en seguida comienza a dar arcadas y expulsa la presa
intacta. Los Terrasse atestiguan unas cómicas contorsiones del pollo para
poder tragar las pezuñas de un Rebeco. La escasez de la dieta de
un pájaro tan grande sorprende bastante. La predilección del Quebrantahuesos
parece estar dirigida a las patas y columnas vertebrales del Rebeco y las
ovejas. Para ello descubre los cadáveres de los rebecos en el mes de junio
cuando comienza el deshielo. Estos sin duda fueron alcanzados por las
avalanchas invernales. Pronto los pollos son
capaces de tragar huesos enteros de hasta 20 cm. de longitud y hay que
suponer la potencia de los jugos gástricos de este pájaro para digerir tan
empachosa comida. En los últimos días de estancia en el nido el joven pasa
bastante hambre y el paso por delante de su nido de cualquier gran pájaro le
hace precipitarse hasta el borde con ansiedad en demanda de alimento. Se
calcula que un pollo puede volar del nido después de cuatro meses, con lo
que en la práctica la reproducción de una pareja de Quebrantahuesos ocupa a
estos durante seis meses. Después de abandonar el
nido los jóvenes permanecen cerca de él para ser alimentados por la hembra,
que lo continúa haciendo por casi dos meses más, y si se alejan procuran
volver al mismo lugar. Al independizarse, los
jóvenes se agrupan casi siempre dos o tres y se unen a los buitres,
frecuentando con ellos la carroña ante la cual son desplazados por cuervos y
cornejas que los atacan y alejan y se posan a veces sobre su espalda lo que
verdaderamente los enloquece y más parecen estos jóvenes quebrantahuesos los
parientes pobres en el banquete (Terrasse 1974), mientras alimoches y
milanos los ignoran. En esta época son muy ruidosos cuando se agrupan,
lanzando con frecuencia unos chillidos silbantes, vagabundeando por las
crestas de las montañas y los valles altos. El plumaje oscuro les dura dos
años. A partir de los tres años, ya son considerados como subadultos y
tienen el vientre y la cabeza marrón. Aunque prácticamente la
mayor parte del año ocupa a los quebrantahuesos en la reproducción, estos
pájaros crían casi todos los años si no son molestados y, aunque no se sabe
que una pareja haya sacado adelante dos pollos en una sola nidada. se han
comprobado buenos índices de reproducción. Una pareja estudiada por los
Terrasse en los Pirineos consiguió criar bien siete pollos en ocho años
consecutivos. No se conoce la
expectativa de vida de estos pájaros en estado salvaje, pero
presumiblemente, debe ser alta. La abundancia de animales salvajes y caza en
la mitad occidental de los Pirineos, contribuye en gran medida a que se
mantenga una población que puede estar alrededor de 25 parejas reproductoras
a ambos lados del Pirineo, calculando además una población de inmaduros y
subadultos no inferior a 40 individuos. Además de la población ya
señalada para los Pirineos puede existir un pequeño núcleo de 2-3 inmaduros
localizado en las Sierras de Cazorla y La Sagra. La presencia de
quebrantahuesos en los Picos de Europa, concretamente en la parte asturiana
es aún problemática y debe confirmarse. En los pueblos asturianos
de Sotres, Bulnes y Camarmeña, situados en plenos Picos de Europa, algunas
personas recuerdan las historias contadas por sus padres sobre «el águila
que lanzaba huesos sobre las rocas». Es curioso cómo las gentes de la
montaña asturiana asimilaron la silueta del Quebrantahuesos, ya desaparecido
hoy, con la del Alimoche todavía común al que se denomina en casi toda
Asturias Franguesu. En Guipúzcoa no son
infrecuentes los inmaduros en la Sierra de Aralar, que sin duda proceden del
próximo Pirineo navarro. Elósegui vio dos sobrevolando el valle de Araitz en
1967, sobre la misma muga que limita con Navarra (Noval 1967). Curiosamente
Julián Aldaz que publicó en 1918 su Catálogo de aves de Guípúzcoa y Vizcaya,
consideró entonces al Quebrantahuesos como «bastante común». El grueso de la población
ibérica de quebrantahuesos está, como ya se dijo, en la mitad occidental de
los Pirineos (Navarra y Aragón) donde todo el año se pueden ver inmaduros
sobrevolando las sierras. R. Elósegui (1974) estima que existe un cierto
movimiento de los nacidos más al Este, buscando la concentración del ganado
lanar en las altas tierras navarras. En los Alpes, donde
existía en los primeros años de este siglo todavía algún Quebrantahuesos, se
realizan en la actualidad intentos de reintroducción que parece ser van por
buen camino (Geroudet, 1974), tratando de aclimatar los traídos del
Afganistán, que pertenecen a la subespecie aureus,
la misma que vivió en los Alpes y sobrevive en la Península Ibérica. La necesidad de una total
protección al Quebrantahuesos, queda bien patente y no existe razón alguna
de ningún orden que justifique su exterminio. Antes al contrario, si a las
medidas que prohíben su caza y captura, se añaden algunas tendentes a evitar
la colocación de cebos envenenados en los montes, el envenenamiento de
carroñas con estricnina y también el peligro que representa el tratamiento
de la lana de las ovejas con productos altamente tóxicos para combatir los
parásitos, lana que el Quebrantahuesos ingiere para facilitar la digestión,
podremos esperar un futuro optimista para este pájaro mitad águila, mitad
buitre, de la fauna ibérica. |