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Pito Ibérico Picus sharpei
Tanto el macho como la
hembra del Pito Ibérico Picus sharpei tienen el plumaje de las partes
superiores de color verde y el obispillo amarillo vivo muy conspicuo sobre
todo cuando el pájaro vuela.
El vuelo del Pito Ibérico es
tan característico que resulta difícil confundirlo con el de otra especie.
Además de hacerlo con marcadas ondulaciones o ascensos y descensos cada vez
que despliega las alas o las cierra junto al cuerpo, se destaca muy
nítidamente el color amarillo del obispillo. Al llegar a un árbol, su
posadero habitual, lo hace contra el tronco con sus fuertes y cortas patas
bien asentadas y apoyado en la espinosa y tersa cola que dobla hacia abajo,
levantándo ligeramente el final de la espalda. Allí queda inmóvil un buen
rato observando atentamente los alrededores con ojos fijos y pareciendo como
si estuviera cansado del esfuerzo realizado al volar tan larga distancia.
También puede posarse atravesado en una rama permaneciendo como agachado o
si está alarmado eleva el cuello y la cabeza con el pico horizontal o
ligeramente apuntado hacia arriba y se prepara para volar lejos nuevamente.
Sube por los troncos espasmódicamente a cortos impulsos, unas veces
directamente y otras girando en espiral y no siendo obstáculo las ramas por
las que camina cabeza abajo colgado de sus fuertes uñas y no separando la
cola. Golpea con el pico los troncos y en especial las zonas donde hay
grietas o madera apolillada o podrida. Su repiqueteo es corto y no en la
línea del de otros pájaros carpinteros y por supuesto nunca tan rápido, pero
sí puede ser más persistente y permanecer el pájaro golpeando la madera por
mucho tiempo si no es molestado. Realmente para agujerear ésta levanta con
el pico astillas y pequeños trozos de madera como si la mordiera y es tan
astuto en esta operación que si lo hace en aleros de tejados, puertas,
ventanas, galerías, etc., comienza a trabajar precisamente donde está la
unión de las tablas, haciendo un agujero ligeramente ovalado o tan redondo
que bien parece barrenado con alguna herramienta manejada por el hombre. No
importa el espesor de la tabla o el tronco y aunque frecuenta campo abierto
y es habitual en la campiña e incluso en huertos de frutales, sobre todo de
manzanos viejos, prefiere especies caducifolias como el Castaño Castanea
satyva y los robles Quercus spp. En ocasiones se le ve alejado de
las arboledas, picando postes y cercas de madera donde extrae insectos y
larvas de entre la vieja corteza y la madera podrida o apolillada. Perfora
aleros de tejados, como ya se ha dicho, penetrando en los desvanes de las
casas de campo en busca de larvas de la carcoma y polilla alojadas en viejas
vigas y pontones. También hace orificios en puertas de cuadras y casas
abandonadas. En lugares donde existe una considerable densidad ha llegado a
destrozar partes de las casas prefabricadas de madera instaladas en pleno
campo o cerca de playas donde sus agujeros se multiplican. Que éstas estén
habitadas no es obstáculo ya que con las primeras luces de la mañana
comienza su trabajo. Cualquier ligero ruido le ahuyenta, pero como tenga
querencia a algún lugar es difícil desarraigarlo de allí y generación tras
generación acuden al lugar a trabajar como auténticos carpinteros. Como
primer resultado es clara la evidencia de que se trata de una especie muy
sedentaria, alejándose poco o nada de su lugar de nacimiento, ocupando los
jóvenes que sobreviven el lugar de los adultos muertos por depredación o
enfermedad. Su densidad no aumenta, pero tampoco disminuye porque se adapta
bien a condiciones que no son precisamente un biotopo de bosque y sí más
bien campiña con árboles dispersos. Por el anillamiento y las recuperaciones
in situ pocos son los que se alejan más allá de 10 km. de su lugar de
nacimiento. La mayoría viven en zonas próximas a su antiguo nido. Como consecuencia de una
observación bien detallada durante muchos años, se ha comprobado que cada
pájaro ocupa como dormidero y refugio fuera de la temporada de la cría el
mismo agujero día tras día. La llegada a su dormidero se produce
invariablemente por la tarde, pero bastante antes de que comience a
oscurecer. El pájaro se aproxima hasta una distancia de unos 100 metros y si
no advierte la presencia de personas en las cercanías vuela directamente
hacia el agujero, pero es excepcionalmente sensible a cualquier ruido. Si
advierte la presencia de intrusos en la zona, lanza repetidamente su sonoro
y estridente grito varias veces desde el mismo posadero, quizá como
advertencia a otros pájaros. Durante días especialmente nublados las
actividades de Picus viridis quedan reducidas al mínimo y permanece
oculto muchas horas en sus agujeros. Bannerman (1955) resume observaciones
minuciosas de ornitólogos aficionados y de entre ellas hay que citar una que
se refiere a la permanencia en su escondrijo de un Pito Real durante 16
horas y 45 minutos en dos días excepcionalmente oscuros de diciembre.
Jourdain cree que a despecho de que los machos duermen separados de las
hembras durante el invierno, el Pito Real se empareja durante toda su vida.
Los machos llaman cada uno de manera característica y se mantienen en
contacto con las hembras, lanzando de vez en cuando su grito y en especial
por la mañana en cuanto abandonan su dormidero habitual. Los agujeros
utilizados normalmente para criar no son usados en los meses invernales para
dormir. La febril actividad de estos pájaros resulta a veces incomprensible
y parece como si cada uno quisiera tener su grupo de agujeros y no usar los
de los demás. Muchos antiguos, indudablemente perforados por pájaros ya
desaparecidos, no tienen señales de ser usados ahora y a su lado hay uno
reciente que se utiliza diariamente. El Pito Ibérico se posa a
menudo en el suelo en especial cerca de hormigueros cuyas larvas come con
fruición usando para ello la larguísima y viscosa lengua. Su postura allí es
curiosa y muy diferente de la que tiene posado en el tronco de un árbol. Se
mantiene muy erguido con la cola apoyada en el suelo y camina a saltos,
parándose a intervalos con la cabeza ladeada y actitud siempre alerta. Se
alimenta de larvas de múltiples insectos especialmente de los perforadores
de la madera, pero también de otros lepidópteros, dípteros, coleópteros,
himenópteros, etc. Aunque la dieta es esencialmente insectívora, también
come no poca materia vegetal como semillas de los pinos, frutos de espinos
silvestres, del Saúco Sambucus nigra, frutas cultivadas como cerezas,
manzanas e incluso higos. Su actividad es constante y ayudado con la larga y
viscosa lengua que puede proyectar fuera del pico nada menos de 10 cm.,
pocos son los insectos que se escapan a su voracidad. Como ya se indicó, las
hormigas son buscadas especialmente y pueden en determinadas épocas del año
constituir el 90 por ciento del total de la dieta, e incidir su abundancia o
escasez sobre la reproducción. Las de los géneros Lasius, Formica (rufa
y pratensis) y Myrmica son atrapadas no sólo en sus hormigueros en el
suelo, sino incluso entre la corteza de los árboles y al borde de caminos
por donde discurren, ejecutando el Pito Real una curiosa danza de saltos en
el suelo de un lado para otro en un intento de que no se le escape ninguna. Con frecuencia se cree
que este pájaro puede resultar dañino para las explotaciones forestales por
el continuado barrenado de los troncos. Realmente son muchos los agujeros
que puede hacer en un bosque, pero debe tenerse en cuenta que más del 50 por
ciento son hechos sobre árboles muy viejos en parte secos o enfermos.
Incluso algunos que aparecen sanos, son atacados por el Pito, quedando al
descubierto que su interior estaba ya profundamente minado por alguna plaga.
La gran cantidad de insectos dañinos para la agricultura que come compensa con creces los daños ocasionados en madera
sana. Aunque se trata de una especie forestal, en extensas zonas de Iberia y
en determinadas épocas del año, se manifiesta al descubierto en terreno
abierto y muy a menudo limpio de árboles. Bannerman (1955) señala su
presencia en lugares desolados de la campiña inglesa en los que solamente
sobresalen del suelo restos metálicos de explotaciones mineras. La típica voz del Pito Ibérico es el bien conocido «relincho» emitido en tono muy alto y que es lo
primero que denota su presencia. No resulta fácil representar esta voz
lanzada en tono alto y agudo, con un gran alcance y cierta cadencia al final
de las últimas sílabas ¡¡kiú-kiú-kiú-kiú!! con variaciones que probablemente
dependen del estado de ánimo del pájaro. En la primavera sus gritos suenan
más melodiosos y las notas se alargan considerablemente, pero como es muy
tímido, cualquier motivo de alarma es inmediatamente puesto de manifiesto
lanzando el fuerte «relincho». Las hembras tienen similar expresión, pero
quizá se nota en ellas menos musicalidad y por supuesto aquélla es más
áspera, ruda y corta. Durante todo el año se puede escuchar la voz del pito
real, salvo en un corto período que comprende todo el mes de julio y algunos
días de junio y agosto; todo ello dependiente de la marcha de la cría. No
siempre pone énfasis en su voz. A menudo puede ser escuchado en tono muy
bajo o interpretando parcialmente alguna de las estrofas. Los pollos en el
interior del nido producen un zumbido como de colmena de abejas y esto les
ha salvado en muchas ocasiones de los depredadores humanos. Una vez que son
capaces de alcanzar la salida del agujero, se vuelven muy chillones si los
adultos tardan en acudir a cebarlos. Paralelamente al canto
hay que mencionar, aunque someramente, que no son raros los pitos reales que
tamborilean sobre los troncos a la manera como lo hacen otros pájaros
carpinteros, aunque en ellos esta acción es más larga (2 segundos) y no
ejecutada a tanta velocidad como por ejemplo en el Pico Picapinos
Dendrocopus major. Esta costumbre parece estar mejor desarrollada
en los que viven en bosques de montaña donde coinciden con Pico Picapinos y
probablemente como adaptación al ambiente o imitación. Los que habitan en
campiña y sotos fluviales ejecutan en la época del celo un golpeteo monótono
y en cierta manera lento alternándolo con emisiones vocales. Al horadar un
nuevo agujero dan varios golpes seguidos con el pico, normalmente 3-6 y
terminan cada serie con otro, más espaciado y único y que después de
escucharlo centenares de veces, siempre produce la impresión de que una
persona golpea con un martillo 3-4 veces y luego deja la herramienta en el
suelo de madera produciendo ese golpe
solitario. No todos los agujeros que el Pito Real comienza son terminados.
Muchos son solamente esbozos y únicamente puede haber entonces o una pequeña
oquedad profundamente ovalada o un simple hueco redondo en la madera que no
alcanza una profundidad superior a 5 mm. ¿Qué causa obliga a los pájaros a
abandonar el lugar elegido para picar? Esto es desconocido, pero de hecho
árboles y aleros de viejas casas de campo tienen innumerables de estas
huellas. Un agujero completo posee un diámetro variable entre 5 y 6,5 cm, y
una profundidad en horizontal de 15 a 23 cm. En vertical es muy variable y
con mucha frecuencia la cinta métrica flexible penetra mas de 50 cm. Un
mínimo de 25 cm. y un máximo de 60 cm. son extremos hallados en la campiña
del norte de Iberia. Los intentos de conseguir que anide en cajas y troncos
preparados han fracasado hasta ahora, pero esto es frecuente en muchos
países europeos y probablemente no nuevo en la Península Ibérica. Las parejas ocupan una
amplia zona y durante la mayor parte del año viven separados machos y
hembras, pero no lejos uno de otro y como cada uno tiene su peculiaridad al
lanzar su fuerte y sonoro grito, las hembras permanecen cerca, pero no al
lado mismo de su macho. A partir de los últimos días de abril se observa
fácilmente que los pájaros están nerviosos y prodigan sus vuelos al
descubierto «relinchando» con fuerza y contestando uno la llamada del otro.
Un agujero puede ser usado consecutivamente por dos años y rara vez más. En
su fondo los pájaros no depositan ningún material y únicamente hay allí
abundante serrín y pequeñas astillas procedentes de la excavación. El tunel
vertical es ligeramente más ancho en el centro donde puede tener un diámetro
de 18 cm, pero más frecuentemente sólo de 12 o 14 cm. El brazo de un niño
tiene dificultades para entrar debido al codo pronunciado prácticamente en
ángulo recto. Los agujeros donde anida el Pito Real pueden estar a alturas
muy variables, desde cerca del suelo, a sólo 50 cm. hasta 6 metros y a mayor
altura ocasionalmente. Las primeras puestas se encuentran ocasionalmente en
los últimos días de abril, pero más a menudo y esto puede tomarse como
norma, en la primera quincena de mayo. Ponen de 5 a 8 huevos, pero 6 y 7 son
un número habitual en la mayoría de las puestas. Puestas mayores son
ocasionales y existen de 9 y 11. Los huevos son muy esféricos y de color
blanco traslúcido. Poco antes de eclosionar están manchados de pardo
amarillento por el contacto con el serrín y la viruta que siempre destilan
mucha humedad. El promedio obtenido para 10 huevos en Asturias es de 30,9 x
23 mm. con un máximo de 34,7 x 23,5 mm. y un mínimo de 27,2 x 22,1 mm.
Jourdain para 100 huevos de origen británico (subespecie pluvius)
obtuvo un promedio de medidas de 31,78 x 23,02 mm. con un máximo de 35 x 25
mm. y un mínimo de 27 x 20 mm. Existe alguna variación en el período de
incubación desde que no es posible comprobar cuándo ésta empieza realmente.
Si contamos desde la puesta del penúltimo huevo, que es cuando el macho
comienza a pasar dentro del nido intervalos muy grandes, los pollos nacerán
a los 14 días. Sin embargo, algunas parejas sé retrasan incomprensiblemente
o no se calcula bien cuando empiezan realmente. Periodos de 18-21 días se
obtienen a veces, pero 14-16 días parecen estar más cerca de la realidad. La
incubación es alterna y algunos machos toman sobre sí el mayor trabajo,
quizá como compensación a que la hembra ha trabajado en la perforación del agujero con más ahínco Al nacer, los pollos están completamente
desnudos sin plumón alguno y su aspecto es ciertamente desgarbado y con
bultos en la base del pico. Durante 10-15 días la hembra los cubre de día y
el macho de noche, pero éste es mas alarmista que aquélla y huye en cuanto
siente que alguien se aproxima. La hembra resiste incluso unos golpes en el
tronco antes de dejar a los pollos. Ambos los alimentan con profusión de
huevos de hormigas, unos enteros, que les asoman por las comisuras del pico
y otros hechos una pasta. En una hora, en condiciones normales, ceban cuatro
veces, dos cada adulto, pero para esta observación es necesario permanecer
muy lejos porque los Pitos son tan tímidos que la presencia de un
intruso a 100 metros los inhibe incluso durante horas. A los 18 días
ya pueden salir del nido los jóvenes, aunque lo hacen escalonadamente y con
frecuencia uno permanece dentro dos o tres días más. En cuanto vuelan se
agrupan y permanecen juntos durante casi un mes, pero antes de agosto ya se
dispersan por la campiña. La tasa de reproducción no es muy grande, porque a
despecho de una puesta de huevos abundante, la depredación de los nidos es
frecuente tanto por causas naturales lluvia intensa que inunda los agujeros,
ardillas otros pájaros que ocupan el agujero, comadrejas, etc. o por el
propio hombre que extrae huevos y pollos, éstos para comerlos, pues es
corriente considerarlos como un buen bocado (?). Solamente realiza una
puesta en el año y los adultos tienen pocos enemigos y si algún ave de presa
intenta apresarlos al vuelo los chillidos lanzados por el Pito Ibérico son de
tal intensidad que asustan incluso a un Azor. Los que se capturan con red
para anillamiento y estudio, lanzan gritos tan estridentes como los de un
cerdo al ser sacrificado y resulta difícil sujetarlos con una mano, tanta es
su energía. |