Herniaria glabra.-Se emplea de forma preventiva contra la formación de cálculos renales y de sedimentos urinarios.Picamaderos Negro

 

Dryocopus martius

El aficionado u ornitólogo que visita un bosque de hayas en el norte de la Península Ibérica puede ser afortunado observando al Picamaderos Negro Dryocopus martius, un pájaro grande de tamaño parecido al de una Corneja Común Corvus corone. El plumaje de gran parte del cuerpo y las alas es completamente negro pizarroso y el macho posee el píleo o parte superior de la cabeza de color rojo carmesí, extraordinariamente llamativo aun a distancia. La hembra sólo tiene una mancha roja en la nuca. Las partes inferiores son negruzcas. Los ojos y el pico ofrecen un notable contraste con el plumaje del cuerpo, siendo aquéllos de color amarillo pálido y el pico amarillento estriado y fuerte. Las patas y los pies son grises. El color rojo de la cabeza se extiende estrechándose hasta terminar en una especie de cresta eréctil en la parte posterior de la cabeza, contribuyendo a dar a este pájaro la apariencia tan característica de «cabeza de martillo». Los pitos negros jóvenes e incluso los pollos ya emplumados, pero que todavía no han dejado el nido, pueden ser fácilmente sexados pues en los machos el píleo ya muestra la mancha roja en toda su extensión. Algunos, pocos adultos, tienen las primarias de color marrón, no negro.

Vuela pesadamente, haciendo bastante ruido y marcando una línea ligeramente ondulada, pero no tanto como el Pito Real Picus viridis. Su acción es inconfundible y muy peculiar, abriendo las alas ampliamente llevándolas muy extendidas hacia adelante y batiéndolas de manera que inmediatamente recuerda el vuelo del Arrendajo Garrulus glandarius. Cuando llega al tronco de un árbol y se posa en él desciende «culo atrás» a menudo un metro o más, levantando la cola antes de cada movimiento (Beven, 1966). Si el observador queda en el lado opuesto del árbol puede seguir la escalada del pájaro, bien escuchando el ruido que éste hace con las uñas contra la corteza o mirando atentamente cómo el pito asoma su cabeza de vez en cuando como si atisbara que no hay peligro cerca, en cuyo caso su recorrido por la superficie del tronco es casi horizontal, rodeando a veces todo el árbol. Es extremadamente tímido y sobre todo el macho no permite la aproximación por lo que salvo en la época de la cría, que forzosamente tienen que ir y venir al nido, resulta prácticamente imposible para cualquier observador acercarse a este pájaro. A pesar de su enorme tamaño, es el mayor de todos los picos europeos, pasa muy desapercibido en los bosques y a no ser por su voz tan característica nadie podría sospechar su presencia. Normalmente andan en parejas, pero fuera de la reproducción son bastante solitarios y en el invierno pasan muchas horas ocultos en su agujero del que solamente salen para comer. Con frecuencia al caminar por el bosque hacemos volar a uno de estos pájaros que antes no habíamos visto y nos llama inmediatamente la atención el fuerte ruido que hace con las alas y el estridente ¡¡chik-chik-chik!! o ¡¡qui-qui-qui!! que recuerda bastante al «relincho» del Pito Real, pero es más corto y emitido más lentamente. El tamborileo con el fuerte pico sobre los troncos sanos o la madera seca o podrida puede ser escuchado ya a partir de los últimos días de enero. Incluso estando el bosque cubierto de nieve y en días soleados, los pitos negros tamborilean frecuentemente sobre todo antes de emparejarse. Sielman (1959) estima que un Picamaderos Negro puede tamborilear hasta 600 veces en un día. Los machos tamborilean mucho más que las hembras y esta costumbre se ha relacionado con la conducta territorial, que por cierto es más acusada en las hembras que rara vez se alejan de su extenso territorio para invadir otros o cambiar de bosque. Eygenraam (1947) consideró que los machos que él estudiaba en Holanda poseían una muy pobre conciencia territorial puesto que como máximo solamente tamborileaban 30 veces al día. Corroborando esta conducta también notó que los machos adultos que invadían los territorios de otros, no eran violentamente expulsados como cabría esperar de tan terrible pájaro al que en algunos lugares se llama «el demonio del bosque». Estas observaciones de Eygenraam pueden tener un valor relativo, teniendo en cuenta la densidad de los pájaros en los bosques holandeses: cada pareja ocupaba 148 Ha. de bosque mixto. Cuisin (1963) obtuvo cifras disparatadas para el departamento francés del Aube: nada menos que 1.100 a 1.200 Ha. para cada una de tres parejas, 1.400 Ha. para una sola pareja en un bosque renano y 800 Ha. en Suiza. En los bosques cantábricos la densidad está muy condicionada a la continua tala de los hayedos y no hay duda que la especie está en peligro. En el bosque mixto de Muniellos (Asturias occidental) se reproducen en sus aproximadamente 3.000 Ha. de Roble Quercus spp. y Haya Fagus sylvatica no menos de 15 parejas, pero hay en otros lugares, densidades mayores. Al amanecer de un día de abril se escucha simultáneamente el tamborileo del Picamaderos Negro más cercano a nosotros junto con los más atenuados de los que viven en zonas próximas. Este sonido puede ser oído hasta una distancia de 1.000 metros en buenas condiciones, pero a menudo a no más de 500 metros. Los pájaros eligen madera seca con preferencia, aunque esté al nivel del suelo o se trate de un árbol derribado. Beven observó en Suecia al Picamaderos Negro tamborileando sobre las caperuzas metálicas que recubrían los topes de los postes del telégrafo. Sielman (1959) señala que cuando este pájaro está muy excitado la frecuencia del tamborileo se eleva hasta 10 repiqueteos por minuto y consiste cada uno en 35-44 golpes con el pico y dura entre 2,1 y 2,69 segundos (casi tres veces el del Pico Picapinos Dendrocopos major). Cuando ya están emparejados y han empezado a horadar el agujero que será el nido, los tamborileos se espacían más, pero no cesan hasta que los pollos están completamente emplumados. Mientras empolla, cualquiera de los adultos puede algunas veces martillear contra la pared interior de su nido y Sielman consideró que esto pudiera ser una invitación de uno a otro miembro de la pareja para que intercambiaran el puesto en la cría. Esta o parecida situación se produce en otras especies como el Pico Picapinos Dendrocopos major y el Torcecuello Jynx torquilla que con relativa frecuencia golpean también las paredes interiores de su nido, pero también se sugiere que en estos casos el serrín y las pequeñas astillas levantadas pueden hacer de muelle en el fondo del nido e incluso ayudar a la sanidad y limpieza de aquél. Sielman también vio sorprendido a un joven de Picamaderos Negro golpeando su lengua contra la pared de la cavidad del nido con considerable ritmo y fuerza, produciendo además, un tamborileo y sospechando que el pájaro probaba las cualidades táctiles y prensiles de la lengua.

Durante todo el año el Picamaderos Negro se alimenta de insectos de gran tamaño perforadores de la madera con especial predilección por los que se alojan en madera podrida, seca o en árboles derribados o enfermos. Pinos y hayas son sus árboles preferidos, pero los hormigueros también son visitados y en todas estas operaciones se ayuda con su larga lengua. Esta es introducida por resquicios y agujeros y pocos insectos pueden escapar a este auténtico estilete bastante duro y provisto en su punta de unas «barbas» ásperas. Puede ser proyectada fuera del pico una longitud considerable gracias a un aparato mezcla de hueso y tejido elástico firmemente sujeto en el cráneo. Es realmente un verdadero muelle retráctil que opera con gran rapidez tanto proyectando como recogiendo la lengua. Esta tiene una longitud dos o tres veces la del pico y puede ser proyectada fuera de él 8 cm., aunque no es corrientemente extendida más que 5 cm. (Thomson, 1964, Sielman, 1959). Los experimentos efectuados han demostrado que este pájaro puede descubrir insectos y sus larvas en el interior de la madera no sólo introduciendo la lengua en los agujeros, sino abriendo madera libre de grietas donde localiza la presencia de sus presas simplemente golpeándola y aunque no haya en su superficie señales por las que se presuma la presencia de aquéllos. Pynnónen, un especialista en el régimen alimenticio de esta especie, indica que la cantidad de alimento ingerido cada día por una nidada de pitos negros es de 215 gramos. La Hormiga Gigante Camponotus herculeanus y la hormiga roja es particularmente buscada por el pájaro y un solo ejemplar puede comer 2.000 hormigas por día. Formica rufa y Formica fusca, pueden encontrarse sobre todo en el otoño llenando el estómago de los pitos negros. Pero también come otros insectos, en especial larvas de coleópteros. Para Cuisin (1963) las hormigas representaban en los nidos por él estudiados el 73,7 por ciento del régimen alimenticio, los coleópteros el 25,5 por ciento y otras presas, insectos y moluscos, el 0,8 por ciento. En los montes asturianos comen también considerable cantidad de arándanos Vaccinium myrtillus y en otros lugares (Noruega, Suecia) se dice que sienten preferencia por el fruto del Serbal Sorbus aucuparia. En primavera es notorio como este pájaro taladra agujeros en la corteza de los troncos, a veces en círculos alrededor de ellos para beber la savia fresca (Gilliard, 1958). En la madera podrida o en árboles caídos en el suelo golpea con gran fuerza con el pico, haciendo grandes cavidades en forma rectangular de 23 x 8 cm. y 9 cm. de profundidad las mayores y en las que introduce el pico entreabierto para arrancar trozos de madera y astillas.

En el invierno el Picamaderos Negro pasa muy desapercibido lo que es bien sorprendente para su gran tamaño y sobre todo en bosques de especies caducifolias. Probablemente esto se debe a que es entonces muy silencioso, lo contrario de la primavera que se vuelve extremadamente inquieto y ruidoso, golpeando los troncos y volando de aquí para allí con un sonido inconfundible ¡¡i-ki-ki!! o ¡¡cri-cri-cri!! Pero la voz más conocida que se escucha en los bosques toda la primavera es un quejumbroso, pero dulce grito en tono muy alto ¡¡klíia!! o ¡¡ulía!! repetido varias veces. El estridente y como de Pito real ¡¡kui-kui-kui!! es más lento y corto y lo lanza muy a menudo en vuelo. Beven señala también la emisión de un ¡¡pi-aak!! similar al mismo de la Grajilla Corvus monedula y un sordo ¡¡taaektaaek!! escuchado sólo durante el cortejo nupcial.

La parada nupcial o el cortejo no es precisamente muy espectacular y se desarrolla con cierta discreción. Los diversos observadores admiten gestos y hechos de los pájaros como integrantes del cortejo. Así son para unos los gritos que lanzan, tanto el macho como la hembra, volando cerca del agujero donde se oculta otro pájaro, respondiendo éste, golpeando con fuerza con el pico las paredes interiores de aquél. Si dos pitos negros ocupan el interior de agujeros próximos sus golpes forman un curioso dúo. Para Sielman es la hembra la que elige la zona donde han de anidar y normalmente permanece en ella año tras año, pero no el macho que puede cambiar a otro territorio al siguiente año. De hecho los adultos emparejados permanecen normalmente juntos desde enero hasta que la cría termine. El macho es, sin embargo, quien elige el lugar donde se ha de hacer el agujero para el nido. Inicia la construcción de varios y escogiendo uno se posa en él con insistencia invitando a la hembra con movimientos de cabeza a que se una en su trabajo para horadarlo completamente. Pinos y hayas, pero también gruesos abedules, robles y aun castaños, son elegidos para hacer los profundos huecos que a menudo pueden tener una longitud de 50-60 cm. en vertical. Los agujeros son de forma ovalada oscilando entre 11-15 cm. en el diámetro vertical y 8-10 cm. del diámetro horizontal. Algunos son extraordinariamente grandes, pero quizá a causa de que la madera muy picoteada se ha desmoronado o astillado. El túnel vertical es muy ancho, a menudo entre 20-25 cm., pero corrientemente 17-20 cm. En general estos agujeros son abiertos a gran altura del suelo, no inferior a 10 metros casi nunca, aunque hay algunos ejemplos de nidos a 4-6 metros. Su situación es, con frecuencia, por debajo del nivel de las ramas, en el tronco desnudo o en árboles que tienen la copa muy alta. Incluso se citan nidos en gruesos postes de conducción eléctrica (Suecia). Estos agujeros son usados también como refugio durante el mal tiempo y los pájaros tienen cierta tendencia a orientarlos hacia el Nordeste, pero algunos miran también al Sudoeste y Este. Para dar una idea de su gran tamaño basta saber que muchos son usados en los paises escandinavos como nidos por otras especies tan dispares y de gran tamaño como ardillas Sciurus vulgaris, Porrón Osculado Bucephala clangula, Serreta Chica Mergus albellus, Serreta Grande Mergus merganser, Paloma Zurita Columba oenas, Cernícalo Vulgar Falco tinnunculus, Vencejo Común Apus apus, Carraca Coracias garrulus, etc. (Beven, 1966). Ambos sexos participan por igual en la labor de excavar el agujero hasta la última semana cuando el macho realiza la tarea solo. Esta dura entre 21 y 23 días y los pájaros transportan lejos las astillas y trozos de madera y corteza que sacan. Sin embargo, al pie del árbol quedan numeroso residuos, lo que a menudo sirve para descubrir el nido sin necesidad de mirar los árboles en toda su longitud. Una vez terminado, el macho se acomoda dentro y ambos pájaros tienen buen cuidado de que no sea usado por cualquier otra especie, alternándose en su ocupación. El interior tiene en el fondo una relativa pequeña cantidad de astillas y serrín que sirven de apoyo mullido para los huevos. A últimos de abril o en los primeros días de mayo comienzan las puestas, pero se encuentran muchas antes, muy a menudo en la mitad de abril. Un agujero puede ser usado varios años consecutivamente si el árbol no es podado y la zona es tranquila. Cada puesta consiste normalmente en 4-6 huevos y rara vez más. Puestas extremas pueden ser las de 1 y 9. En Asturias una de 3 ó 4 huevos es normal y 6 excepcional. Son blancos y con bastante brillo, muy esféricos y los dejan con intervalos de 24 horas. Medidas extremas son 33-39 mm. de longitud por 25-28 mm. de anchura y el peso normal oscila entre 11 y 12 gramos. La incubación es corta y no dura más de 12 días, un período sorprendentemente breve para un pájaro tan grande. Sin embargo, algunos ornitólogos estiman una duración de 16-18 días (Eygenraam, 1947). Ambos sexos se alternan en la incubación por períodos que duran de 70 a 90 minutos. Son muy fieles al nido y no se levantan de él fácilmente. Sin embargo, pueden abandonarlo si son excesivamente molestados con golpes sobre el tronco. Cuando nacen los pollos no pesan más de un promedio de 9 gramos, pero se desarrollan tan rápidamente que a los 5 días su peso puede ya oscilar entre 75-90 gramos, es decir diez veces más que al nacer. No obstante ser ciegos todavía, a los 5 días ya sienten la presencia de un objeto y si se pasa la mano por encima abren el pico y lanzan un ronroneo sordo como ¡¡cree-cree-cree-cree!! A los pocos días se les aprecian bien las puntas blancas de los picos en la oscuridad de los agujeros lo mismo que el extremo de la lengua brillantemente coloreada. Estos «semáforos» probablemente facilitan a los padres la ceba. A los 18 días su desarrollo es casi completo y asoman a la boca del agujero chillando con fuerza y notándose ya bien los sexos por la diferente coloración de la cabeza. Los adultos ceban muy a menudo y no con la dificultad con que lo hacían los primeros días colgando cabeza abajo en el interior del agujero. Entonces él peso de los pitos puede oscilar entre 215 y 225 gramos. Hay diferencias, sin duda como consecuencia de una alimentación más rica en bosques donde los hormigueros abundan. Parecen obtenerse pesos mayores y desarrollos más rápidos en pinares que en bosques de caducifolias. Henreith da para los 19 días de edad un peso medio de 280 gramos y Pynnónen de 255 y 265 gramos. Hasta prácticamente el último día antes de abandonar el nido los jóvenes, a los 24-28 días de edad, el macho duerme con ellos. Al salir realizan un vuelo corto, pero con sorprendente seguridad hasta unos 50 metros, posándose en una rama. Esto sucede normalmente hacia los primeros días de junio o un poco más tarde en bosques de montaña. Adultos y jóvenes vagan entonces por el bosque y no son éstos completamente independientes hasta el mes de agosto. Dentro del nido son difíciles de examinar; sin embargo, Cuisin pudo obtener datos importantes. La ceba de los pollos se hace por regurgitación y en cada llegada el adulto ceba dos o tres veces a cada uno de los pollos. Estos a los 12 días están cubiertos de un plumón gris negruzco y abren ya los ojos. A partir de los 20 días los jóvenes pitos negros luchan por asomarse al borde del agujero del nido y aunque se dice que son menos ruidosos que los pollos del Pico picapinos, sus gritos se escuchan bien de lejos. El que los adultos tarden en cebarlos, a menudo hasta 90 minutos, no ayuda a que no puedan ser descubiertos por los depredadores. El Picamaderos Negro es una frecuente víctima del Azor Común Accipiter gentilis, y muchos jóvenes son fácilmente capturados por aquél, antes de que sean capaces de encontrar un nuevo agujero donde refugiarse gran parte del día y por supuesto dormir por la noche.

El Picamaderos Negro se extiende por gran parte de Europa desde la Península Ibérica y Francia hasta el extremo más oriental de Asia. En nuestro Continente falta en gran parte de Francia donde hay poblaciones aisladas (Jura, Vosgos, Macizo Central) y es más numeroso en los bosques de Roble y Haya o mixtos de Europa Central y Meridional, en especial en los Alpes y los Balcanes. Su población aumenta hacia el Este y ya en los bosques polacos parece ser común. Aunque prefiere bosques de montaña no es raro hallarlo a baja altitud. En la Península Ibérica donde existen dos núcleos principales en la Cordillera Cantábrica occidental y en los Pirineos, se puede encontrar desde el límite de los hayedos y pinares hasta casi el nivel del mar. Bernis encontró un nido con pollos en la Cordillera Cantábrica a sólo 200 metros s.n.m. Otro estaba en un hayedo y abedular a sólamente 150 metros s.n.m. y a muy poca distancia de la costa. Sin embargo, esto parecen ser excepciones y puede establecerse un límite normal inferior de 500 metros y uno superior de 1.800 metros. En Asturias vive en bosques mixtos de Haya, Abedul, Roble e incluso en zonas pobladas por el Castaño, pero aquí en muy baja densidad y quizá ocasional. En Navarra (Purroy, 1974) habita bosques frondosos mixtos, robledales y pinares, hasta los hayedos, con o sin abetos. Allí su densidad es media comparada con la que se obtiene en los bosques europeos. En los grandes bosques de coníferas de Noruega, Suecia y Finlandia, Países Bálticos y noroeste de Rusia, el Picamaderos Negro es numeroso y la densidad parece superior a la del resto de los paises europeos. Sin embargo, hay que añadir que ésta probablemente está en función del alimento que puede obtener cada pareja para desenvolverse. En algunos pequeños bosques aislados de la vertiente norte de la Cordillera Cantábrica se encuentran parejas anidando en extensiones realmente reducidas de bosques caducifolios y en algunos, de extensión no superior a 300 Ha., se han comprobado hasta 2 parejas presentes en primavera. En los 30 grandes bosques asturianos de Haya y Roble que pueden abarcar en conjunto una superficie de 20-25000 Ha. hay un mínimo de 80 parejas, lo que es una exigua población y la especie está amenazada no tanto por la caza como por la continua tala de bosques enteros. Sin embargo, esta estimación es sólo aproximada y ya he dicho que sorprendentemente se encuentran pitos negros en bosques de superficie inferior a 100 Ha. La superficie total ocupada por el bosque caducifolio en Asturias puede estar ahora por las 50-60.000 Ha., sobre todo de Haya Fagus sylvatica y Roble Quercus spp. Las mayores densidades de Dryocopus martius están en los concejos de Somiedo, Cangas del Narcea, Degaña, Caso, Ponga, Aller, Lena, Cangas de Onís, Ibias, y Cabrales, pero no faltan en otros muchos. En Navarra, Purroy, considera una densidad de una pareja por 400 Ha. de bosque de hayas y abetos (Irati) y su número disminuye por las talas de grandes árboles y por la caza. Én los bosques de la Sierra de Aralar, son ya muy raros y su protección debe ser intensificada. Escasa densidad parece también haber en el Pirineo aragonés. Más datos para Navarra da Iribarren (1971) que lo ve esporádicamente en el bosque de Bigüezal durante el invierno y en primavera (mayo y junio) y en el de Remendía (abril). Aquél un bosque de Pino silvestre Pinus silvestris Y el último de pinos y hayas Fagus sylvatica, en altitudes que superan ligeramente los 1.000 metros. En el Pirineo leridano los datos y las citas son también esporádicas (Palaus, 1960). Allí parece escaso y con querencia al abetal no lejos de Caldas de Bohí. Los ornitólogos ingleses Wallace y Sage (1969) afirman haberlo visto y oído en mayo en pinares cerca de Estartit en plena Costa Brava. También en bosques cerca de Torroella al lado del río Ter lo observan y ven en junio (2-3 pájaros). Para ellos este pájaro criaba sin duda en la zona, apreciándosele síntomas de celo. Las observaciones en este lugar son, desde luego, muy sorprendentes. En los bosques próximos al Valle de Arán se ve más a menudo y puede alcanzar allí una densidad mayor. Su presencia en Somosierra, Guadarrama, Gredos y en otras sierras del centro de España, parece bien comprobada y las fechas primaverales de algunas aseguran allí su nidificación en escaso número de parejas.

El Picamaderos Negro es especie sedentaria, aunque no existe duda que en invierno se ve obligado a descender de nivel e incluso posiblemente esté sujeto a cierta trashumancia. En Europa se ha anillado en escasa cantidad, pero ha habido recuperaciones significativas que permiten estimar los movimientos realizados en otoño e invierno y que rara vez sobrepasan los 100 km. de recorrido.