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Milano Negro Milvus migrans El Milano Negro Milvus
migrans
hace honor a su nombre cuando se le observa posado en la rama de un árbol
seco o cuando vuela boyantemente, siguiendo las orillas de un río o de un
estuario o lago,
En vuelo posee
características que lo hacen inconfundible y que lo diferencian bien del
Milano Real. Su vuelo es más boyante, pero menos ágil. La cola es un factor
determinante para la identificación. Generalmente está muy poco escotada
cuando el pájaro la despliega, a veces parece recta y en muchos milanos
jóvenes carece totalmente de escotadura. Sin embargo, en milanos negros
adultos en plumaje primaveral el ligero ahorquillamiento de la cola es bien
notorio. Las alas son más cortas y menos anguladas, dando la impresión de
ser más anchas, careciendo de las manchas blancas tan claras que tiene el
Milano Real en los extremos de las alas. Cuando en vuelo viene hacia el
observador y el sol le da de frente la cabeza parece ser mucho más clara, lo
que a menudo es causa de confusión con la otra especie. El Milano Negro es
una de las aves de presa más abundantes en Europa y en algunos países, entre
ellos España, alcanza una gran densidad. Se trata de una especie que se
adapta muy bien a cualquier nueva circunstancia que se produzca en la
Naturaleza y, desde luego, su alimentación omnívora contribuye a mantener la
actual alta densidad de la especie en todas partes. Sus costumbres en Europa
no son exactamente iguales a las que tiene en Africa durante el invierno,
porque en este Continente forma grandes bandos que merodean por poblados y
lugares habitados, conduciéndose con extraordinaria audacia y recogiendo
desperdicios junto a las construcciones humanas entrando en muchos sitios en
competición con el propio hombre. Se citan muy frecuentes casos de
agresividad al hombre e incluso de capturas de animales domésticos pequeños
delante mismo de sus propios dueños. Como no parecen existir obstáculos para
el Milano Negro, no hay duda que esta audacia de la que hace gala y la
alimentación tan poco especializada contribuyen a mantener su abundancia. El
gran aumento experimentado por la circulación de automóviles en toda Europa
ocasiona incontables atropellos de mamíferos, reptiles y pájaros que quedan
muertos en las cunetas o en las márgenes de las carreteras. De este modo se
facilita indirectamente la supervivencia de especies carroñeras y audaces
como el Milano Negro. Su vuelo es boyante y patrulla incansablemente como lo
hace el Milano Real pero sin escudriñar tan intensamente el suelo y
obteniendo en general presas más fáciles. Vuela a una altura variable entre
30 y 100 metros del suelo y más raramente a 200 metros. Ocasionalmente se le
ve a mayor altura. Cuando busca comida, vuela lentamente y de forma muy
rutinaria siguiendo una misma ruta insistentemente y regresando por ella sin
apartarse mucho. Repentinamente inicia descensos muy rápidos hacia el suelo
para tratar de capturar una presa o recoger un resto de pescado que flota en
el agua. A veces da varias vueltas antes de decidirse a recogerlo, dando la
impresión de desconfianza. También pueden perseguir a otros pájaros al
vuelo, pero parece que esto les resulta poco eficaz. Sin embargo, les es
fácil la captura del Escarabajo de San Juan (Melolontha) y otros escarabajos
zumbones y de vuelo lento como el Ciervo Volante Lucanus cervus. La alimentación de esta
especie ha sido muy bien estudiada en España por varios ornitólogos y puede
hacerse aquí un resumen de las presas más a menudo registradas en los nidos
reconocidos. Bernis (1974) señala sus
hábitos como carroñero, frecuentando también los desagües de alcantarillas
en los ríos de las grandes ciudades como Madrid y las proximidades de los
mataderos. Pero los basureros enormes a cielo abierto son una auténtica
atracción para muchos milanos, siendo en ellos habituales a todas las horas
del día. El mismo ornitólogo destaca su presencia masiva en las Marismas del
Guadalquivir, donde constituye un espectáculo ver los milanos, a veces en
bandadas de centenares, dedicados a comer los peces muertos o de fácil
captura en los canales y lucios, en especial cuando la sequía general se
adueña de las marismas y el nivel de las aguas se reduce críticamente. La captura de insectos
voladores también es espectáculo frecuente, lo mismo que la de otros
insectos en el suelo, a veces siguiendo a los tractores que aran la tierra.
Su costumbre de atrapar pollos de gallinas domésticas es bien conocida, pero
también captura los de aves silvestres, especialmente de patos y zampullines
que nadan en las lagunas y charcas. Garzón (1974) da
interesantes detalles de 32 nidos examinados en los que identificó
innumerables restos de animales vertebrados e invertebrados. Insectos,
peces, batracios, reptiles, aves variadas, mamíferos, principalmente conejos
y erizos, carroña de grandes mamíferos, etc. Lo mismo sucede con los nidos
examinados por Pérez Chiscano (1974), en Badajoz, que contenían restos de
conejo, ratones de campo, lagartos, muchos pedes de río, restos de Tórtola y
Abubilla, etc. La voz del Milano Negro
es bien conocida y dar aquí en letras sus sonidos puede ser arriesgada
interpretación. Una llamada muy corrientemente escuchada es muy parecida al
grito de una gaviota: «¡¡kuil...ierr!!» Cuando está alarmado emite un sonido
muy chillón «¡kiii...yik-yikyik... !» o «¡kuii-ki-ki-ki-ki... !» Con
frecuencia también se escucha, sobre todo posado cerca del nido, un sonido
parecido a un corto maullido «¡uíííu !». Este pájaro es netamente migrador,
llegando a Iberia a finales del mes de febrero, pero la mayoría alcanzan
nuestras tierras en marzo y abril. La migración primaveral por Gibraltar
dura desde los últimos días de febrero hasta finales de abril. El grueso de
los milanos europeos pasa en los últimos días de marzo por los cielos de la
Península Ibérica. Como la reproducción aquí comienza a primeros de abril es
presumible pensar que los indígenas están ya establecidos en sus territorios
en marzo. Cuando en el mes de febrero dominan vientos del Sur el Milano
Negro es un frecuente y espectacular migrador por la costa Cantábrica. En
Guipúzcoa los que allí anidan no parecen establecerse hasta los últimos días
de abril. Garzón (1974) da
interesantes detalles del hábitat del Milano Negro en la España central.
«Vive en toda clase de terrenos, si bien parece rehuir los bosques de
montaña cerrados y extensos. Abunda extraordinariamente en las arboledas
próximas a zonas de monte bajo, pastizales, cultivos, vegas fluviales y
núcleos de población. Elige para anidar, con preferencia grandes pinos,
sobre todo Pinus pinea, donde los nidos son muy difícilmente
expoliables». Sin embargo, en otras zonas de la Península construye los
nidos en otras especies arbóreas como alcornoques Quercus ruber,
encinas Quercus ilex, robles Quercus robur, haciéndolo
ocasionalmente en una cornisa (Garzón 1973) e incluso en el suelo (Pacheco y
Alvarez 1973). Las parejas se establecen
generalmente en los mismos lugares del año anterior, pero no está comprobado
si se mantienen fieles durante el invierno en el supuesto de que los dos
sobrevivan. Representan al ocupar la zona de reproducción un cortejo muy
espectacular con vuelos rápidos a gran altura, descensos en picado y sobre
todo vuelos uno contra otro que frenan en el mismo momento del choque,
extendiendo las garras hacia adelante. También el macho con frecuencia da
vuelta en el aire, dirigiendo las patas hacia arriba hasta tocar a las de la
hembra que vuela sobre él. Para la construcción del nido usan muy variados
materiales, pero llama extraordinariamente la atención la carencia en él de
hojas verdes, lo mismo que sucede en los nidos de Milano Real, y en cambio
es muy abundante y variada la decoración interior a base de papeles,
plásticos, trapos, corchos, pieles secas y ¡hasta un nido seco y aplastado
de Jilguero Carduelis carduelis! Según observaciones efectuadas por
varios ornitólogos (Araujo, F. Cruz y G. Rúa) en un nido estudiado en la
Estación Ornitológica de El Borbollón (Cáceres) fueron encontrados hasta
seis panales de avispa. Los nidos de Milano Negro
no son muy grandes cuando están construidos por primera vez, no teniendo
generalmente más de 45 a 50 cm. de diámetro, pero sí una copa bastante profunda y bien arreglada. El mismo
nido puede ser usado año tras año. La puesta consiste
generalmente de dos o tres huevos en las primeras semanas de abril en el
Centro y Sur de España y algo más tarde, finales de abril, más al Norte. El
color de los huevos es variable, blancos totalmente o con abundantes marcas
de color rojizo y también manchas violáceas o grises sobre el fondo
blanquecino. Algunos tienen rayas finas haciendo curiosos dibujos. Difieren
poco en tamaño de los del Milano Real, aunque son ligeramente más pequeños.
Muchas veces es necesario ver a los pájaros para poder identificar a qué
especie pertenecen con seguridad los huevos. Las medidas dadas por L. Brown
y D. Amadon están entre 46-71 x 37-46,5 mm. Los huevos son puestos a
intervalos de dos días aunque esto no está muy bien comprobado y puede haber
variaciones individuales. La incubación dura 36-38 días y la efectúa
solamente la hembra, aunque se citan casos de machos incubando por cortos
períodos. Lo normal, como en el Milano Real, es que el macho permanezca
posado en las cercanías del nido y aporte casi el total de la alimentación
para la hembra. Sin embargo, ésta abandona el nido en cortos períodos y
posiblemente aproveche para capturar alguna presa por sí misma. Los pollos
al nacer tienen un plumón muy sedoso de color blanco en la cabeza y el
cuello y con una mancha negra a través de los ojos. El resto de las partes
superiores es pardo rosado y por debajo son blancos. A los 20 días comienzan a
aparecerles las plumas y crecen con gran rapidez de forma que a los 30 días
ya están bien emplumados y andan con soltura por los bordes del nido. A los
35 días comen solos, pero cuando los adultos se acercan les solicitan
alimento. A los 42 días dejan ya el nido, permaneciendo en zonas próximas a
él, donde son atendidos por la hembra. Esta los cubre los primeros días y
colabora con el macho en la cría trayendo presas al nido, pero aquél parece
ser que no ceba o lo hace esporádicamente. Se estima que la mayoría de los
jóvenes milanos comienzan la emigración cuando hace ya un mes o mes y medio
que han dejado el nido. A mediados de junio ya se ven en Iberia pollos
precoces, y más frecuentemente a finales de este mes. Ocasionalmente también
se encuentran pollos en el nido en agosto, pero esta situación es más propia
de bosques de montaña, donde la reproducción comienza muy tarde. La especie Milvus
migrans
alcanza como reproductora a casi toda Eurasia, excluyendo a la Gran Bretaña
e Irlanda y los países escandinavos, salvo la zona oriental finlandesa. Los
primeros migrantes otoñales llegan a la Península Ibérica en agosto,
registrándose en este mes el paso más intenso, según se pudo comprobar en el
censo efectuado en el verano-otoño de 1972 por un grupo español en la zona
del Estrecho de Gibraltar. Puede calcularse que de los 38.970 milanos negros
observados entonces, el 90 por 100 pasaron en el mes de agosto hacia Africa.
Bernis estima, sin embargo, que probablemente en julio pasaron muchos que
escaparon al censo y que podrían elevar la cifra a 50.000. Como consecuencia de los
anillamientos efectuados en Europa se han producido algunas recuperaciones
en la mitad Sudeste de la Península Ibérica, la mayoría suizas anilladas al
paso por aquel país y las demás alemanas. En el Cantábrico no se observa en
época otoñal el paso de esta especie y los registrados pueden ser de pájaros
que críen en zonas próximas a las rías y estuarios. La mayor parte de los
milanos negros que se reproducen en Iberia ocupan la zona occidental de la
Península. Bernis estima que por lo menos la mitad de los 50.000 milanos
negros que pueden atravesar en el verano-otoño el Estrecho de Gibraltar, son
de origen Peninsular. En la costa Cantábrica esta especie ha disminuido
tanto que en extensas zonas falta por completo o es muy rara como
reproductora. El Milano Negro inverna
en Africa Tropical y el anillamiento ha puesto en claro que los países en
los que se establece son: Senegal, Gambia, Guinea, Ghana, Togo, Nigeria,
etc., donde en los meses invernales se dice que se ven en todas partes
asociados con cigüeñas y garzas, comiendo pescado en los canales de los
arrozales. Allí se confunden frecuentemente con las subespecies nativas,
aunque (Moreau 1972) estima relativamente fácil su separación, porque los
nativos viven en parejas mientras que el Milano Negro europeo forma grandes
bandos y se concentra en los dormideros en cantidades de varios centenares. Su presencia en la
Península Ibérica en meses invernales es improbable y las observaciones, si
las hay, pueden obedecer a migrantes rezagados o enfermos. |