Salix alba.- Hoy día el empleo de la corteza, se ve remplazado por preparados sintéticos, tales como la aspirina, ácido acetilsalicílico, etc.

Graja

Corvus frugilegus

El negro plumaje irisado de morado, azul y verdoso de la Graja, Corvus frugilegus, se confunde desde lejos con el de la Corneja Común Corvus corone, con la que también tiene en común el tamaño y muchas actitudes. En la cabeza hay tonos morados y verdosos, y lo mismo en las partes superiores e inferiores, notándose además irisaciones azuladas. En las alas es donde quizá se aprecian mejor las tonalidades verdosas de las primarias y secundarias, sobre todo teniendo la Graja en la mano u observándola muy de cerca y con buena luz. Alrededor de la base del pico existe una zona sin plumas que descubre una piel blanco grisácea, lo que da a este pájaro la apariencia de tener el pico muy largo. La parte que rodea a la mandíbula superior muestra unos pequeños y redondeados bultos que dan a la piel un aspecto rugoso, no como la del mentón y garganta que tiene un ligero plumón de color pardo grisáceo. Los muslos están cubiertos de plumas, rasgo que se aprecia bien cuando las grajas caminan por el suelo y que sirve a distancia para diferenciarlas de las cornejas. Los tarsos, los pies y el pico son negros o gris negruzcos. Éste, más fino y puntiagudo que el de la Corneja Común y con el cúlmen no tan redondeado. El iris de los ojos es pardo oscuro en las adultas y gris azulado en los pollos.

Las jóvenes grajas son adultas al cumplir los dos años de vida. Su plumaje hasta entonces es negro o marrón negruzco, con pocas irisaciones o apenas ninguna, y tienen cubierta de plumas la piel alrededor de la base del pico cuya falta es característica en los pájaros adultos. Entonces es difícil diferenciarlas de las cornejas, incluso en la mano, a no ser por el pico más fino, rasgo no siempre bien apreciado incluso en pájaros recién muertos o capturados si no se pueden comparar a la vez ambas especies. Mejor y más segura manera de identificación es la longitud de la segunda primaria de las alas, que en la Graja es mayor que la sexta y en Corneja Común un poco más corta.

La Graja habita tierras llanas y cultivadas con arboledas en sus orillas, sotobosques, alamedas, etc. También pastos del ganado vacuno y lanar, marismas, riberas, páramos, evitando lugares excesivamente áridos o cubiertos de bosques densos. Prefiere la proximidad de pueblos, extrarradio de ciudades, cercanías de granjas, cuadras, fábricas. En la provincia de León vive en su típico hábitat y el biotopo está formado por campos cultivados con grupos de álamos dispersos e incluso choperas junto a las casas. Durante el verano y el otoño no se aleja mucho de las colonias y come en el suelo, posándose en árboles altos. En el invierno la dispersión es mayor y durante el día se ven poco en su lugar habitual vagando por rastrojeras y basureros. Al atardecer se congregan en dormideros situados en árboles donde pueden agruparse hasta un centenar o más. En otros países de Europa, donde la población no es tan exigua como la nuestra (no más de 300 parejas en 1976) y sobrepasa varios millones de grajas, la concentración en los dormideros impresiona por el número incalculable de las grajas allí congregadas.

En el suelo camina erguida y con paso calculado y firme. Si se alarma, se detiene un instante y al estirarse muestra muy claramente los «pantalones» de plumas que cubren sus muslos. Su vuelo es potente, directo y con batir de alas bastante más rápido que el de la Corneja Común, lo que también es un buen detalle para la identificación a distancia. Planea con relativa frecuencia, sobre todo por encima de los árboles donde se asientan los nidos. También se las observa aprovechando corrientes de aire, elevándose con facilidad con las alas bien extendidas.

Su gregarismo es muy grande y rara vez se ven parejas o grupos reducidos comiendo en los campos. En cuanto una Graja vuela desde la copa de un árbol hacia un campo, pronto la siguen todas. Puede asegurarse que cualquier movimiento de una es inmediatamente imitado por el bando. Su sociabilidad es tan grande que se une a otros córvidos lo mismo en posaderos, dormideros o en campos con abundantes posibilidades de alimentación. Son muy ruidosas y al posarse con grajillas y cornejas la algarabía es enorme. Su nota bien conocida es un fuerte y áspero, pero no tan ronco como el grito de la Corneja Común, ¡¡kaaj!!, aunque sí con una variación de tonalidades mucho más amplia. Así, Nicholson y Koch han calculado para el grito de la Corneja Común entre 600 y 750 ciclos por segundo y de 425 a 1.800 en la Graja (Tucker, 1940). Muchos más sonidos son difíciles de expresar por escrito, y existe gran variación individual. Quizá el más común es el emitido en vuelo que recuerda al similar de una Gaviota Argéntea Larus argentatus, ¡¡kíua!! o ¡¡kiú!! En los dormideros y antes de anochecer algunas grajas realizan una emisión de notas guturales mezcladas con sonidos que recuerdan una similar actuación de los estorninos.

La alimentación es muy variada, pero parece fundamental en ella la materia vegetal en forma de granos de cereales, semillas de plantas silvestres, frutas, etc. Collinge estimó para 1.306 estómagos examinados un 59 por 100 de materia vegetal, de los que 35,1 por 100 eran cereales y el resto, 13,4 por 100, patatas, raíces, etc. La materia animal estimada en el 41 por 100 restante comprendía insectos y gusanos. Realmente come muchos insectos, coleóptera, lepidóptera y sus larvas, dermáptera, ortóptera, himenóptera, díptera, etc. Las lombrices de tierra le atraen especialmente y también los moluscos, caracoles y limacos. Igualmente mata y come pájaros pequeños, destruye nidos, atrapa micromamíferos entre la hierba, ranas, luciones y muy pocas veces peces. Más corrientemente come pescado en basureros, sobre todo en tiempos duros de invierno. También cualquier otra carroña. En zonas donde abunda causa daños evidentes en los cultivos.

La reproducción comienza pronto. En los primeros días de marzo muchas grajas se han acercado a las viejas colonias e inician la ocupación de nuevos lugares. En inviernos cálidos ya se ven los grupos merodeando en febrero por su arboleda favorita. El celo de los machos es espectacular y probablemente más fácil de contemplar que en la mayoría de los córvidos. Cada macho se acerca a una hembra erizando el plumaje, abriendo alas y cola y saltando de rama en rama con gritos continuos. Estas manifestaciones no cesan incluso durante la construcción de los nidos y la puesta de los huevos. Es curiosa la forma en que un macho se coloca en un inestable equilibrio apoyándose sobre un ala y abriendo la otra a la vez que despliega la cola en abanico y da la espalda a su pareja. Solamente duran pocos segundos estos cortejos y muchas veces siguen a una persecución aérea en la que participa casi toda la colonia. No todas las grajas de un bando comienzan a construir los nidos a la vez. Hay notables variaciones en el tiempo. En abril de 1976, en algunas colonias de la provincia de León, había pollos recién nacidos (10 de abril) mientras otras grajas se afanaban en construir los nidos. Teniendo en cuenta los períodos normales de incubación los machos inician el aporte de material, que colocan sobre nidos antiguos semideshechos, en la primera decena de marzo. Estos nidos pueden alcanzar un considerable volumen y las hembras son las encargadas de entrelazar los palos y darles consistencia con tierra o barro. El interior tiene siempre un forro de hojas secas, paja, hierba seca, musgo, acículas de pino, etc. Algunos tienen también abundante lana. Las puestas normales son de tres-cinco huevos, más a menudo cuatro y algunas veces seis. Se citan también de siete, ocho y nueve, pero no en lberia. La variación en el color de los huevos de una y varias puestas es muy grande. Normalmente son verde azulado pálido o gris verdoso con manchas uniformemente repartidas, grises o pardas. Jourdain, para 100 de origen británico, obtuvo una media de 40 x 28,3 mm., con un máximo de 47,5 x 26,2 mm., y un mínimo de 35,1 x 27,1 milímetros. La incubación dura de dieciséis a dieciocho días.

Los pollos al nacer están cubiertos con un plumón corto y escaso de color gris humo, La piel es muy oscura y el interior de la boca rosa carne, sin puntos oscuros en la lengua; las comisuras carnoso pálidas amarillentas. Ambos adultos los ceban, pero los primeros días es el macho quien acude llevando tanto cebo en la garganta que aun a distancia se aprecia claramente un abultamiento en la zona calva de plumas.

El desarrollo es rápido, pero muchas puestas se malogran porque la época es excesivamente temprana para el clima de la zona donde anidan en lberia. El 10 de abril de 1976 se observó la colonia de San Martín del Camino (León). De veintiún nidos totalmente construidos, todos ocupados, unos con huevos y otros con pollos recién nacidos. Había más comenzando a construirse y los adultos aportaban continuamente el material. Los árboles elegidos eran álamos negros que formaban un pequeño bosquecillo. En toda la zona Populus nígra es la especie preferida. Como es habitual en este pájaro todos los nidos estaban situados en la proximidad de las ramas más altas, a dos-tres metros de la copa y muy cerca unos de otros. El día 18 había ya veintiséis nidos y en el suelo bajo ellos se recogieron tres pollos muertos recientemente y que tenían seis días de edad. En la colonia Grisuela del Páramo (León) había el 18 de abril de 1976 veintiún nidos de Corvus frugilegus y uno de Urraca Pica pica. Durante la semana anterior hubo un gran temporal de viento y los pollos fueron lanzados fuera de los nidos. Se recogieron tres muy desarrollados con diez-doce días de edad. Pesaron 300, 340 y 355 g. La cola y las alas ya tenían cañones lo mismo que el cuerpo y espalda donde aquellos formaban como una cresta. El plumón del dorso era gris negruzco y los tarsos negros por delante y grises por detrás. Las uñas eran negras o gris negruzco, excepto la central blanca en los dos pies. El pico era notable ya a tan temprana edad: carnoso en la mandíbula inferior y con la superior gris con punta blanca. Dos carnosidades vellosas sobre la base y a los lados de la mandíbula superior eran bien notorias. En general el pico es fuerte y algo curvado.

Corvus frugilegus ocupa en Europa un área netamente continental, siendo abundante en Francia (mitad septentrional), Islas Británicas, Europa Central, local en el sur de Escandinavia y extendiéndose hacia el este por los Balcones y Rusia. Falta en los países e islas de la cuenca mediterránea y en Islandia. En la Península Ibérica es local en la provincia de León, donde existen desde tiempo inmemorial varias colonias que se desplazan a causa de la tala de los bosquecillos de álamos negros. Si no se las molesta permanecen y crían en el mismo lugar por muchos años consecutivos. Las colonias se mantienen estables y más bien últimamente me parece que disminuyen. Posiblemente el número de las parejas que criaron en 1976 no rebasara mucho de las 300. A ellas hay que añadir una buena cantidad de inmaduros que vagan por los campos e incluso cerca de las colonias y que ocupan los mismos dormideros que los adultos.

Valverde (1953) observó la nidificación en tres puntos de la ribera del río Orbigo (León). En 1970, Rubio, que realizó un recorrido por la zona, descubrió seis colonias en Hospital de Orbigo (60 nidos), Veguellina (80 nidos), Villoria (13 nidos), Huerga de Frailes (5 nidos), Valdesandinas (4 nidos) y Requejo (más de 60 nidos). Todas cerca o en los mismos aledaños de los pueblos y en Populus nigra la mayoría y alguna en Populus alba. En 1971 el mismo ornitólogo (Rubio, 1974) comprobaba que las colonias habían quedado reducidas a solamente tres núcleos: Hospital de Orbigo (60 nidos), Veguellina (75 nidos) y Requejo (45 nidos). En 1973 (21 de abril) realizó un nuevo recuento con el siguiente resultado: Hospital de Orbigo (90 nidos), Veguellina (47 nidos), Requejo (8 nidos), Soto y Alcaidón (21 nidos), Vecilla (40 nidos), Mansilla del Páramo (140 nidos) y Grisuela del Páramo (10 nidos). Estas dos últimas localidades están fuera ya de la ribera del Orbigo y en pleno Páramo leonés. En 1976 muchas han desaparecido o han visto reducido su número. Algunas aumentaron, como la de Grisuela del Páramo, y han aparecido nuevas como la de San Martín del Camino ya citada.

A partir de octubre y ocasionalmente antes se ven grajas volando sobre la Sierra de Aralar (Guipúzcoa-Navarra) en paso hacia el interior de lberia. Pero su número aumenta con inviernos fríos. Parece que una parte no muy grande de la población europea, presumiblemente jóvenes del año, se comporta como parcialmente migradora mientras las grajas adultas son claramente sedentarias.