Symphytum officinale.- Tanto en infusión como en polvos, la raíz de consuelda cura las enfermedades crónicas de las vias respiratorias, las úlceras de estómago, la tuberculosis y las diarreas.

Gavilán Común

Accipiter nisus

 Gavilán Común Accipiter nisus es un ave de presa cuyas características y estructura son muy parecidas al Azor Común, pero en proporciones reducidas. El macho adulto tiene partes superiores (espalda y dorso de las alas) de color gris azulado oscuro, destacando las primarias de las alas que son marrones y una pequeña mancha blanca que casi todos tienen en la nuca, cuyo tamaño es muy variable individualmente, y que falta en algunos gavilanes. Las partes inferiores son de color blanco sucio en el fondo, ondeadas de pardo rojizo que da en tonos anaranjados a veces, siendo este color uniforme en los flancos y en los carrillos. La larga cola es marrón grisácea con una franja subterminal ancha pardo oscuro y cuatro o cinco más estrechas del mismo color repartidas uniformemente. Las puntas de las rectrices son blancas de forma que todavía hacen destacar más la banda terminal de la cola. La garganta es blanca finamente rayada de marrón o pardo oscuro. Las plumas debajo del nacimiento de la cola (infracobertoras caudales) son muy blancas y por lo tanto muy conspicuas, sobre todo cuando el Gavilán Común inicia el vuelo.

La hembra tiene las partes superiores marrón muy oscuro con un ligero tinte grisáceo. Los carrillos son pardo rojizos .y las partes inferiores blancas o parduzcas rayadas u ondeadas finamente de marrón rojizo o marrón grisáceo en algunas, más claros estos tonos en el vientre. Por encima de los ojos tiene una lista blanca o blanquecina generalmente muy visible aun de lejos, que llega hasta la nunca y de la que carecen la mayoría de los machos. Los ojos de ambos adultos, que son amarillos cuando inmaduros, pasan al naranja rojizo al cumplir los machos el segundo año de vida y más tarde en las hembras. Las patas son largas, más que en el Azor Común, delgadas y de color amarillo. El pico es gris negruzco y la cera amarilla.

Los machos inmaduros son marrones por encima, teniendo muchas plumas los bordes rojizos. Las partes inferiores son blancas o pardo claro rayadas de marrón oscuro en la garganta, pecho, vientre y flancos con barras marrón oscuro formando pequeñas manchas acorazonadas o como cabezas de flecha. La cola es marrón con franjas más oscuras, igual que en los adultos. Las hembras inmaduras difieren de los machos en detalles muy someros, como tener los bordes rojizos de las plumas más estrechos y las partes inferiores blancas más oscuramente rayadas que en aquéllos. Los ojos de ambos sexos son al principio de color gris verdoso, pero pronto cambian al amarillo. También la cera del pico y los pies son verdosos. Estos inmaduros alcanzan el plumaje de adultos después de un año, completando la muda en julio o agosto. Con este plumaje ambos sexos crían ya en su primer año. Realmente en este primer año de vida los sexos se distinguen mucho mejor por la gran diferencia de tamaño que existe entre machos y hembras, éstas casi una tercera parte mayores. Las variaciones individuales en el color tanto de jóvenes como de adultos, son muy grandes y cuestra trabajo dar un patrón exacto cuando se han visto muchos en pleno campo. Especialmente complicado es el color de las partes inferiores, que pueden tener un fondo blanco, blanquecino y hasta naranja pálido y las rayas transversales ser marrones, rojizas, achocolatadas, etc.

La mayor parte de los machos de gavilanes son poco mayores que un Mirlo Común Turdus merula, midiendo entre 28 y 31 centímetros de longitud y pesando 110-170 gr., mientras que casi todas las hembras miden de 38 a 41 cm. y pesan 210-280 gr.

En el vuelo, el Gavilán Común presenta una silueta típica con alas cortas redondeadas y cola larga que cuando la despliega se le pueden apreciar bien las franjas oscuras sobre fondo más claro, a menudo grisáceo, del mismo modo que las infracobertoras caudales blancas. También la cara inferior de las alas está muy rayada y resulta muy conspicua. Para un especialista es difícil de confundir con el Azor Común, pero con frecuencia se sufre error si no se ven en buenas condiciones de luz, pues una hembra grande de Gavilán Común puede tener casi el mismo tamaño que un macho pequeño de Azor Común y sus plumajes son muy parecidos.

Vive en bosques de no mucha superficie y con preferencia en los establecidos en plena campiña, no lejos de las viviendas humanas, aldeas y terrenos cultivados. Su pequeño tamaño y el permanecer mucho tiempo posado y silencioso en el interior del bosque, le hacen pasar desapercibido y que se le considere erróneamente a veces como escaso. Desde un posadero bien escogido vigila atentamente las ramas de los árboles y el suelo, efectuando de vez en cuando rápidos vuelos, bien en persecución de cualquier pájaro que se acerca a su zona o para cambiar de lugar. Con frecuencia vuela muy rápido siguiendo la línea de un matorral a baja altura, con dos o tres batidos de alas y prolongados y hábiles planeos por entre la vegetación arbustiva y las ramas de los árboles, ladeándose al atravesar un paso estrecho de enmarañada vegetación. A veces, y no tan infrecuentemente como se dice, vuela alto, bien sobre el mismo bosque o también por encima de la campiña, y cuando lo hace en campo abierto casi se pierde de vista elevándose por encima de los 100 metros. Estos vuelos no parecen relacionados con la captura de presas, pues aparte de la enorme altura no se ve al pájaro nunca efectuar un rápido picado, sino que transcurridos unos minutos busca de nuevo el bosque para posarse. Cuando dentro del bosque o en el lindero de un campo persigue a un pequeño pájaro su fiereza es tan grande que vuela incluso por entre las casas siguiendo a la presa.

Su presencia dentro de un bosque se revela para un atento observador al encontrar los desplumaderos de las presas bien en un tocón de un árbol viejo, en el suelo, en una rama o sobre una roca, lugares donde comienza a despedazar a su víctima quitándole previamente las plumas.

No puede decirse que la voz de esta ave de presa sea muy variada, pues en general solamente se la oye cuando está alarmado o bien en plena nidificación. Cualquier motivo de inquietud es rápidamente expresado con una sucesión de chillidos agudos: «¡¡kí kí kí kí kí!!» o «¡kiú-kiú-kiú-kiú!», mucho más alto el tono del macho que el de la hembra. Invariablemente cuando el macho se acerca al nido trayendo comida llama «kíu-kiukíu...». Una variedad grande de chillidos cortos que ambos adultos emiten en plena época de reproducción son imposibles de expresar por escrito.

Caza pequeños pájaros que viven en el bosque o en sus márgenes y matorrales. Se ha determinado como presa más importante el Mirlo Común Turdus merula. Sin embargo, esta preferencia debe, como es natural, estar en función de la abundancia de la especie. En bosques situados a mayor altitud el Zorzal Común Turdus philomelos y el Zorzal Charlo Turdus viscivorus dominan sobre el resto de las posibles presas. Petirrojos Erithacus rubecula, Carboneros Parus major, Pinzones Fringilla coelebs y sobre todo en algunas zonas donde abunda el Gorrión Común Passer domesticus, son entre los pequeños pájaros, los que mayor depredación sufren del Gavilán Común. La hembra caza generalmente presas de mayor tamaño y entre ellas el Arrendajo Garrulus glandarius y la Paloma Torcaz Columba palumbus son los más comunes. Brüll (1964) y Newton (1973) estiman que el macho captura el equivalente diario de dos a tres pájaros como un gorrión y la hembra de tres a cuatro. Durante los tres meses que dura la reproducción de esta especie, una pareja puede capturar un peso igual al de 550 gorriones y 2.200 en un año. Como para sacar adelante una pollada de cuatro pequeños gavilanes necesitan 400 pájaros del tamaño de un gorrión, durante la reproducción una familia de gavilanes requiere nada menos que 950 pequeños pájaros y durante el año la pareja teóricamente ha cazado 2.600 en total. Sin embargo, este número es menor porque, como ya se ha indicado, gran cantidad de presas tienen un tamaño mucho mayor que el de un gorrión y se estima que este pájaro no es en Iberia la presa más habitual del Gavilán Común. Además en el verano captura muchos insectos, y también pequeños ratones y musarañas.

L. Brown y D. Amadon describen muy bien el método de caza del Gavilán Común por sorpresa y lo califican en cierto modo de selectivo. Las especies de pequeños pájaros que vuelan al descubierto como los mirlos tienen muchas posibilidades de caer en sus garras. Pero los pájaros que frecuentan densos matorrales y bosques se libran de esta persecución. Aunque se ha dicho siempre que el Gavilán Común es un excelente cazador, la realidad es diferente y de las observaciones y estudios realizados se dedujo que en 213 intentos de captura, solamente tuvieron éxito 23 ataques, sin duda una muy baja proporción para un ave de presa de la agilidad y rapidez de maniobra del Gavilán Común. Se dice que captura con regularidad y eficacia pájaros heridos o disminuidos físicamente por alguna causa. La táctica de caza que se ha comprobado repetidas veces en el campo incluía un rápido vuelo bajo sobre el suelo, con ascenso repentino y ataque por debajo a un pequeño pájaro, al que mataba apretándole el cuerpo fuertemente con sus largos y delgados dedos, entre los que destaca la longitud del central que debe ser pieza fundamental en estas capturas. Después de coger la presa se dirige con ella a un posadero donde comienza a desplumarla paciente y hábilmente, comiendo primero la cabeza y desechando el pico y los huesos más grandes, pero come casi siempre las patas.

El Gavilán Común es especie sedentaria en parte de su población europea. Algunos, sobre todo inmaduros, migran y recorren notables distancias. Se ha adaptado bien a bosques de especies exóticas y ahora sorprende en el Norte de la Península Ibérica con una alta densidad, ocupando zonas con extensas plantaciones de eucaliptos.

El territorio ocupado durante la reproducción por una pareja varía mucho en extensión y suele también estar en función de la superficie del bosque ocupado y de la densidad de otras especies de pájaros pequeños, que van a constituir la mayor parte de su alimentación. Puede ser tan pequeño como 400 metros cuadrados o tan extenso como 800 Ha., aunque aquí ya puede entrar en competencia con más parejas de gavilanes e incluso con el azor. Es, sin embargo, muy difícil estimar la superficie del territorio por cuanto éste incluye no sólo parte de bosque sino también terreno abierto o cultivado.

Las hembras son las primeras en ocupar la zona de nidificación y siempre escogen el mismo lugar del año anterior o un bosque próximo al lugar del nacimiento si es su primera reproducción. En este sitio hay varios nidos de años anteriores y allí pacientemente esperan la llegada del macho, al que atraen con continuos chillidos, mientras van reconstruyendo alguno de los nidos. Los últimos días de marzo o primeros de abril es la fecha en que parece que ya las parejas pueden considerarse establecidas en un territorio, aunque no son aún muy evidentes las señales de celo.

Todas las primaveras cada pareja construye un nido nuevo próximo a otro más viejo, a veces incluso situándolo en el mismo árbol, pero a diferente altura.

También utilizan altos arbustos, especialmente el Laurel. Los árboles elegidos para la colocación del nido están en la mayoría de los casos muy próximos, si no al mismo borde de un camino o un riachuelo, casi siempre dominando una pradera o tierra de labor. En un gran bosque es difícil encontrar parejas de gavilanes juntas, pero no se aprecia que defiendan un territorio determinado. El macho se muestra muy agresivo con otros que llegan a la zona, pero no con las hembras aunque él ya esté emparejado. La hembra es agresiva con los seres humanos si está incubando o tiene pollos en el nido.

En las mañanas soleadas de mayo y primeros días de junio es frecuente observar en los bosque del norte de Iberia escenas del cortejo de los gavilanes, cuando los machos vuelan, alternando planeos sobre las copas de los árboles con picados o descensos rápidos, justamente encima del lugar donde la hembra sigue estas evoluciones de su pareja con penetrantes chillidos.

En bosques del interior de la Península las muy dispersas parejas de gavilanes sienten preferencia por los de coníferas, no desechando, sin embargo, los de especies caducifolias que parecen ser elegidos con más asiduidad en el Norte. En los sotobosques de la región cantábrica el abedul y el roble, fundamentalmente árboles jóvenes, son las especies elegidas. Casi siempre el nido es construido aprovechando la estructura de uno viejo y normalmente está situado cerca del tronco principal en la intersección de varias ramas y a una altura del suelo variable entre 7 y 16 metros, aunque no debe descartarse una mayor altura. Su diámetro no es superior en general a 60 cm. y es muy plano y a veces extraordinariamente ligero con un espesor de 20 cm. y una copa central de 7-8 cm. de profundidad. Toda la estructura está formada por cortas ramas secas, que los pájaros obtienen al romperlas con el pico en los árboles y transportándolas con las patas. Tan mal entrelazadas están a veces estas ramas en nidos construidos por primera vez, que la luz pasa a su través. La construcción comienza al amanecer, colocando la hembra los palos y ramaje que el macho trae. Esta operación dura poco todos los días, de manera que la total construcción alcanza con frecuencia más de un mes. Hacia el final y cuando la puesta de los huevos está próxima añaden abundantes hojas y ramas verdes sobre todo por parte de la hembra, que forra con ellas la copa y los bordes. Durante todo este período el macho trae comida para la hembra y la alimenta simultáneamente con una a modo de conversación formada por cortos chillidos, que indudablemente tienen también un importante papel en el cortejo de la pareja. A finales del mes de mayo ya está completo el nido, pero es rara una puesta de gavilán en fechas anteriores a la primera quincena de junio en el norte de Iberia. Comparando esta situación con la de las demás aves de presa, exceptuando el Abejero Europeo Pernis apivorus, se puede estimar que el Gavilán Común cría muy tarde.

Los huevos son de color azul verdoso pálido con manchas de color sangre seca y su número puede oscilar entre tres y cinco en cada puesta. Cuatro es la cifra más corrientemente anotada en muchos años. Ocasionalmente cinco y seis muy rara vez. Son dejados con intervalos variables, iguales al parecer para cada hembra y corrientemente cada dos días, pero una bien observada lo hacía cada cuatro días. Los huevos tienen forma casi esférica muy ligeramente ovalados y las manchas oscuras se agrupan alrededor de la parte más archa. Diez huevos medidos en Asturias dieron un promedio de 37x 32 milímetros. Para la subespecie Accipiter nisus nisus, L. Brown y D. Amadon dan en cien huevos medidos un promedio de 39,8x 31,8 mm.

La incubación parece empezar con la puesta del segundo huevo, aunque se estima que hasta que aquélla no está concluida, la hembra más que incubando parece estar agachada en el nido, puesto que al aproximarse a él, volaba inmediatamente, conducta que no tenía después de completar la puesta.

Cuando el macho trae presas para alimentar a la hembra la llama con un sonido característico. Inmediatamente ella se levanta y se posa en una rama próxima donde come por cortos intervalos, manteniéndose, no obstante, muy alerta, sobre todo si el macho se posa en el nido y revuelve con el pico su estructura. A los 3 ó 4 días del comienzo de la incubación la hembra inicia la muda del plumaje. Aquélla dura de 32 a 35 días. Al principio los pollos están cubiertos con plumón blanco y a los diez días ya se pueden diferenciar los machos de las hembras por tener estas las patas más largas. Durante estos primeros días de la cría la hembra cubre a los pollos continuamente protegiéndolos del sol y de la lluvia, bien abriendo las alas o inflando el plumaje. A partir de los 15 días se distinguen por el tamaño los machos de las hembras y son capaces de rasgar la carne de las presas. Desde los 13 días ya les empiezan a nacer las plumas que cubren casi todo el cuerpo al tener 21 días, completando el plumaje entre los 26 y 28 días. En esta edad son muy agresivos los pequeños gavilanes abriendo el pico amenazadoramente y aleteando hacia adelante. A los 28 días y recién emplumados, los machos salen antes del nido que las hembras y se colocan en ramas próximas. Dos días después los siguen éstas y todos arman un gran coro de chillidos. Durante toda la cría el macho provee las presas, cazando en las proximidades del nido, pero cuando aquéllas van disminuyendo y las necesidades son mayores, pueden alejarse hasta 2 ó 3 kilómetros.

A partir de las 3 semanas de vida los pequeños gavilanes permanecen mucho tiempo solos en el nido, trayendo el macho abundantes presas que ellos despedazan en parte. Por estas fechas la hembra ha completado la muda y entonces caza en las proximidades atrapando presas grandes en razón de su mayor potencia y tamaño, lo que beneficia a los pollos que en pocos días están muy fuertes y gruesos. L. Brown y D. Amadon calculan un promedio de 6,5 presas por día para el primer periodo de la cría, elevándose éste al doble en el segundo período.

Hasta que no alcanzan los 40 días de edad los jóvenes no son capaces de matar las presas y la captura de pequeños pájaros con poco exito aún la hacen después de los 50 días. Es muy probable que los insectos sean sus primeras presas, especialmente los escarabajos volantes tan abundantes en el mes de agosto.

La mortalidad de los gavilanes en el primer año de vida es grande. Los jóvenes al salir del nido suelen posarse en el suelo con mucha frecuencia y son muy ruidosos. De este modo resultan fácilmente descubiertos por los depredadores. Pero también sucede que en los primeros meses de vida dejan los bosques y vuelan y cazan en campo abierto. Posiblemente esta conducta es una causa importante que contribuye a aumentar el índice de mortalidad, pues coincide en el tiempo con la apertura de la veda de caza y a pesar de la prohibición legal de cazar aves de presa, algunos desaprensivos no resisten la tentación de disparar al gavilán. Se calcula que la mortalidad en este primer año de vida puede alcanzar al 65-70 por 100 y pocos gavilanes viven más allá de su segundo año, con un máximo comprobado de 8 años en estado silvestre.

Una causa frecuente de mortalidad entre los pollos de Gavilán Común en sus primeros días de vida es la desaparición de la hembra. Como de ésta depende totalmente la cría y ceba de los pollos en los primeros días, su muerte puede ocasionar inmediatamente la de los jóvenes, aunque el macho, que no ceba, siga aportando presas al nido. Bannerman (1956), cuenta el caso de un nido en el que nueve horas después de haber sido muerta de un tiro una hembra de gavilán, los pollos fueron encontrados casi enterrados bajo dieciséis pájaros recién muertos, todos intactos. La sex ratio de los pollos en el nido es igual. La cría corriente de cuatro pollos da invariablemente dos hembras y dos machos. En una sola cría de cinco pollos examinada en Asturias, había tres hembras y dos machos.

El Gavilán Común es una especie paleártica que se reproduce en Eurasia desde Escandinavia en el Norte, Islas Británicas en el Oeste, Iberia en el Sur y a través de toda Europa hasta Siberia por el Este y alcanzando también el Noroeste de Africa. En muchos países tiene una gran densidad no faltando en ningún bosque aún en los más pequeños. De esta manera con el Cernícalo Vulgar Falco tinnuculus y el Busardo Ratonero Buteo buteo es el ave de presa más abundante en muchos lugares.

La mayor parte de los gavilanes europeos son sedentarios y se mueven en el invierno muy poco hacia el Sur. Quizás los movimientos más grandes efectuados por la especie son de gavilanes inmaduros. Los adultos dan pocas recuperaciones distantes de su lugar habitual de reproducción. Los que invernan en España y Portugal proceden en su mayoría de Europa central y Francia. Excepcionalmente algunos anillados en Alemania han sido capturados en Marruecos y Sicilia (Bernis 1966). En Bélgica y Holanda casi todos son sedentarios y muy pocos deben moverse hacia el Sur. Por las recuperaciones de anillados se puede aventurar que los gavilanes de los países bálticos poseen un mayor impulso migrador, habiéndose registrado en España algunas capturas. Sin embargo, son muy pocos los escandinavos que alcanzan la Península Ibérica. Gran parte de esta población no desciende más al sur de Alemania y norte de Francia.

La población nativa de Iberia es eminentemente sedentaria y únicamente parece acusar un ligero movimiento hacia el Sur de gavilanes inmaduros. Uno anillado en Asturias en julio de 1971 fue capturado en mayo de 1972, 110 km. al Sudoeste. Las más notables recuperaciones de gavilanes europeos anillados se han producido en la mitad oriental de la Península Ibérica, la casi totalidad en provincias del interior en un flujo que abierto en abanico en las provincias pirenaicas va cerrándose por el interior hasta alcanzar el Estrecho de Gibraltar. Existen, sin embargo, otras recuperaciones fuera de esta línea en las provincias portuguesas de Minho, Beira Litoral y Estremadura, todas procedentes de Centro Europa (Alemania, Checoeslovaquia, Suiza). Las anillas recuperadas proceden de casi todos los países europeos, exceptuando las Islas Británicas, donde ningún gavilán nativo ha sido recuperado fuera del país. Casi la gran mayoría de capturas caen en noviembre, diciembre, enero y febrero.

En el censo de aves de presa efectuado en la zona próxima al Estrecho de Gibraltar en los meses de agosto y septiembre y mitad de octubre de 1972, se contaron solamente 950 gavilanes en paso, pero el ornitólogo Bernis que dirigió el recuento de migrantes, estima que esta cifra debe quedar bastante por debajo de la realidad, pues, dice, «aunque no es un ave muy velera, se canaliza bastante por los estrechos y hay que contar con una población afluyente transpirenaica, quizá del orden de 10.000 aves, de los que no atraviesan por Gibraltar más que una minoría, pues muchos Accipiter nisus europeos invernan repartidos por Iberia como ya se ha dicho». También el mismo ornitólogo opina que a causa del pequeño tamaño del pájaro y su hábito de viajar solitario o en parejas, pudiera haber pasado desapercibido en buena cantidad.