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Curruca Carrasqueña Sylvia cantillans Otra curruca mediterránea
que, sin embargo extiende su área de reproducción dentro de Iberia hasta
casi las mismas orillas del Atlántico, es la Curruca Carrasqueña Sylvia
cantillans. El macho posee
Fácil de confundir con la
Curruca Rabilarga Sylvia undata con la que coincide en biotopo,
tiene, no obstante, la cola más corta y sus acciones no son tan rápidas como
las de ésta. Se excita continuamente y entonces levanta y despliega la cola
a la vez que lanza un suave y lento ¡¡tchek-tchek!! de alarma. Se posa pocas
veces al descubierto y corrientemente permanece oculta entre la vegetación.
Vive en arbustos que crecen en campo abierto y frecuenta tojares y malezas
de monte bajo. Donde hay madroños, allí se podrá encontrar una Curruca
Carrasqueña. Vuela poco y cuando lo hace, bate las alas de forma
característica y sólo recorre una corta distancia, calándose inmediatamente
entre la vegetación. Su canto es parecido al
de la curruca zarcera, pero un poco más débil y a la vez más sostenido y
musical. Rara vez introduce en él notas ásperas y sí en cambio lo prolonga
con frecuencia con notas dulces. No escuchándolo de cerca, produce la
impresión de ser insignificante y si no fuera por el continuo y más fuerte
¡¡tchek-tchek!! con el que a menudo inicia el canto principal, sería difícil
reparar en ella. Suele cantar desde lo alto de un arbusto o en la rama baja
de un árbol, pero también, y en esto no se diferencia de las demás currucas,
oculta entre la vegetación de un matorral o arbusto. Ocasionalmente se eleva
en vuelo de canto, descendiendo a continuación con alas desplegadas. Desde
su llegada a la Península Ibérica en el mes de marzo hasta julio canta
intermitentemente, pero en zonas donde su densidad es baja o las parejas
están muy dispersas, pasa muy desapercibida. La nota de alarma difiere poco
de la de otras currucas. Sí es notablemente más trémula y suave que, por
ejemplo, la de Sylvia atricapilla. El ¡¡tche-tche!! pausado carece
del énfasis que otros pájaros de la familia ponen en su emisión. Su alimentación es
insectívora, capturando muchos dípteros al vuelo o entre las ramas de
arbustos y pequeños árboles. También come larvas de insectos y arañas y
bastantes frutos silvestres y semillas de plantas herbáceas. La reproducción comienza
en seguida. Todavía no se han establecido todas las parejas y ya muchas han
comenzado la construcción de los nidos. Los machos vuelan de forma que
recuerdan a un muricélago desde un punto o posadero destacado hasta otro,
trazando en el aire una línea curva sin dejar en ningún momento de cantar.
Los machos que llegan a la zona tan temprano como en la segunda semana de
marzo comienzan en seguida la construcción de sus nidos, haciendo una ligera
estructura sin forrar por dentro. La llegada de las hembras empieza a
notarse hacia finales del mes; normalmente hay un intervalo de 10-15 días y
entonces la construcción de «nidos de machos» se acelera. Si la hembra ha
quedado en un territorio, inmediatamente se empareja y comienza a colaborar
con el macho en la construcción de un nido, hecho que normalmente no suele
suceder antes del 15 de abril. Armitage que estudió minuciosamente esta
especie en Andalucía separó dos clases de nidos. Unos, muy voluminosos y
bien hechos estaban construidos a base de hierba seca y situados en plantas
de Tojo Ulex. Otros, más pequeños y compactos, habían sido colocados
en Jara Cistus. Ambos estaban forrados en su interior con hierba
fina, lana y pelos de cabra. Las puestas consisten normalmente en 3-4 huevos
de dos tipos en opinión de Armitage. Unos parduzcos, beige pálido o verdosos
con puntos marrones y grises y otros blancos o rosados con puntos rojizos y
pequeñas pecas. También algunos son de color blanco puro. Las primeras
puestas pueden oscilar entre 3 y 5 huevos y las segundas entre 4 y 5.
Jourdain para 69 huevos da un promedio de medidas de 16,48 x 12,93 mm. con
un máximo de 19,1x13,7 mm. y un mínimo de 15x12,1 mm. La incubación
efectuada en su mayor parte por la hembra dura 11-12 días y los pollos al
nacer carecen de plumón y el interior de la boca es anaranjado sin puntos
oscuros en la lengua. A partir de la mitad de mayo la mayoría de los nidos
contienen ya pollos, algunos emplumados. La segunda puesta comienza a
primeros de junio. Sylvia cantillans
se reproduce en los países mediterráneos y en las islas de este Mar, pero no
cría en las Baleares donde, sin embargo, hay citas antiguas de la captura de
algún ejemplar. En la Península Ibérica tiene una buena densidad y falta
únicamente al norte de,la Cordillera Cantábrica a cuyas laderas meridionales
llegan sólo contadas parejas. En Galicia anida localmente en Orense y
probablemente más al Norte, pero no se dispone de datos seguros. Mead (1975)
en el campo de anillamiento establecido en Morais (Tras-os-Montes,
Portugal), no duda en considerar allí a Sylvia cantillans como la más
abundante de las currucas durante el otoño, reproduciéndose en el lugar. La
mayoría fueron capturadas y observadas en agosto y septiembre y en octubre
muy pocas permanecían en la zona. Es especie migradora que
comienza a observarse después del 15 de marzo, llegando primero los machos.
Algunos territorios no son ocupados hasta finales de abril. En agosto
comienzan a dejar las zonas de cría y muchas jóvenes se observan en campos
abiertos con arbustos y árboles diseminados formando pequeños grupos.
Inverna en la región del Sahel al sur del Sahara. La raza europea
cantillans se ha capturado en Níger, Senegal, Gambia, etc. El paso
primaveral a través del Sahara es muy acusado en los oasis durante febrero,
marzo y abril.. Muchas ya alcanzan Marruecos en febrero y hay observaciones
en Mogador de fin de febrero. Pineau y Giraud-Audine la observan en
marzo-abril en migración hacia el Norte en las proximidades de Tánger, pero
contrariamente no acusan su paso otoñal. Este debe transcurrir en parte a lo
largo de la costa occidental africana. Serle (1956) la observa en la mar
frente a la costa de Mauritania el 11 de septiembre. Como el paso primaveral
por el Sahara occidental es muy notable, se deduce que probablemente gran
parte de la población Ibérica migra por una ruta muy occidental,
sobrevolando a la vez grandes espacios de mar abierto. Walter (1968) entre
las presas del halcón de eleonor colectadas en los despedazaderos de la Isla
de Mogador (costa occidental de Marruecos) donde hay una buena colonia,
desde el 23 de agosto hasta el 21 de septiembre, determinó la presencia de
53 Sylvia cantillans, lo que puede ser indicio de la existencia de un
no despreciable paso otoñal costero de esta curruca, probablemente volando
los pájaros a través del mar desde la costa portuguesa del Algarve. |