|
Curruca Cabecinegra Sylvia melanocephala La Curruca Cabecinegra
Sylvia melanocephala se reproduce en abundancia en toda la costa
mediterránea española y realmente parece venir a sustituir allí a la Curruca
Capirotada Sylvia atricapilla
Las hembras tienen un plumaje mucho más apagado.
Prácticamente la cabeza posee el mismo color pardo grisáceo que el resto de
las partes superiores y no produce la impresión de encapuchado del macho. La
garganta y el vientre son blancos, pero el pecho tiene un tinte rosado en el
centro, o más bien pardo-rosado, que es más oscuro en los flancos. Las
rectrices exteriores de la cola ostentan menos destacado el blanco, son más
grisáceas. Las currucas jóvenes tienen el plumaje más apagado, pero los
machos se pueden diferenciar por tener la cabeza más oscura, más gris,
incluso que la propia hembra adulta y las hembras jóvenes con el píleo
parduzco que no se diferencia del color del resto de las partes superiores. El tamaño pequeño de este pájaro no permite que sea
confundido por ejemplo con la Curruca Mirlona Sylvia hortensis
mucho mayor y con la cabeza gris, no negra. Vive en arbustos y malezas a
baja altura, pero también puede observarse en árboles. Pájaro muy
escondedizo, se escucha antes que se ve. Su matraqueante alarma llama
poderosamente la atención. Al acercarnos, sale un momento al descubierto,
nos mira atentamente desde lo alto de una rama y casi sin darnos tiempo a
observarla, se cala inmediatamente en el fondo del arbusto o vuela como a
sacudidas hacia otro próximo. Pocas veces se la puede ver volar grandes
distancias y más a menudo pasa el tiempo husmeando por entre las ramas bajas
de matojos y arbustos sin parar un instante de lanzar su característica voz.
Si se la observa al descubierto, permite la aproximación a una distancia de
4-5 metros y al volar muestra claramente las rectrices exteriores blancas de
la cola. Come en las ramas en posturas acrobáticas y realmente es un pájaro
de hábitos reservados al que cuesta trabajo estudiar e incluso ver. La curruca cabecinegra canta agradablemente y su
melodía suena más musical y es más sostenida que la de la curruca zarcera.
Emite el canto desde el fondo de un arbusto, en una rama alta al descubierto
y también en vuelo de celo, una breve ascensión para bajar inmediatamente al
mismo o a otro arbusto próximo. En la práctica canta durante todo el año.
Desde marzo hasta los primeros días de agosto la escucho anualmente, con más
regularidad en abril y mayo. En el otoño e invierno emite un llamémoslo
seudocanto, más suave, más gorjeante y que se escucha sólo a corta
distancia. En días soleados de enero y febrero la actividad de estas
currucas es muy grande y el canto las descubre en seguida. Su nota de alarma
suena como un acelerado ¡¡tri-tri-tri-tri..!! o ¡¡trrtrrtrrtrr...!! emitido
en tono bajo y ronco, pero también lanza otros sonidos, probablemente de
alarma o enfado como ¡¡sir-sir-sirsir!! o ¡¡stictictictic!! La dieta alimenticia es fundamentalmente insectívora.
Orthóptera, Hemiptera, larvas de Lepidáptera, etc. También arañas. En el
verano, otoño e invierno come higos, uvas, frutos silvestres, semillas de
gramineas, etc. Muy pronto se observan los vuelos nupciales,
elevándose los machos unos metros sobre su posadero y cantando brevemente.
En zonas donde su densidad es alta llaman la atención sus inquietos
movimientos y su continuo canto ya en los primeros días de marzo. He
observado un descenso con alas extendidas y arqueadas, cola desplegada y
píleo ligeramente erizado del mismo modo que la curruca zarcera, pero ésta
se desplaza más, da idea de más potencia y vigor. Los nidos empiezan a ser
construidos en arbustos a muy baja altura a partir de la mitad de marzo.
Ocasionalmente también antes y se citan algunos en los últimos días de
febrero. Ambos adultos hacen el nido con ramitas y hierba seca, bien oculto
en el fondo de un matorral, arbusto, mata entre la hierba, ortigas, etc., a
la altura que oscila entre 25 y 90 cm. Algunos se encuentran mucho más altos
en plantas trepadoras o enredaderas, hasta 2,5 m. A menudo la estructura del
nido tiene telas de araña que le dan más consistencia y el interior está
forrado con plumón vegetal, pelos, raicillas, hierba fina y crines. Cada
puesta consiste normalmente en 3-4 huevos, rara vez 5 y ocasionalmente 2
(¿puesta incompleta?). El color es muy variable, desde blancos ligeramente
teñidos de verdoso hasta parduzcos o rosados. Todos tienen pecas, puntos muy
finos y manchas de coloración variada, pardo rojiza, olivácea, gris, beige,
amarillenta, violácea, etc. En general las marcas están distribuidas por
igual en toda la superficie, pero en algunos, pocos, se acumulan en el
extremo más ancho. Jourdain para 100 huevos (39 colectados por Rey) obtuvo
un promedio de medidas de 17,86 x 13,6 mm. con un máximo de 19,3 x 14,2 mm.
y un mínimo de 15,3 x 13,4 mm. La mayor parte de las puestas se han
concluido para el 20 de abril, fecha en la que hay ya pollos en muchos
nidos, pero en otros aún incuban ambos adultos alternadamente durante 13-14
días. Los pollos al nacer carecen de plumón y el interior de la boca es
amarillo con dos manchitas o puntos oblongos de color oscuro a cada lado de
la base de la lengua. Las comisuras son amarillas. Posiblemente las manchas
de la lengua desaparecen pronto, pues de hecho en muchos pollos son ya muy
débiles en los primeros días. Los dos padres los alimentan con orugas e
insectos y a los 11 días dejan el nido, siendo atendidos entonces por el
macho solamente si es la primera puesta, mientras la hembra se ocupa de
preparar una segunda nidada. Dos puestas en la temporada están bien
comprobadas en condiciones normales. Sucede, sin embargo, que la destrucción
del primer nido con huevos o pollos, condiciona mucho la posibilidad de otra
reproducción con éxito antes de julio. Sylvia melanocephala es especie claramente
mediterránea reproduciéndose en las riberas de este Mar desde el Sur de la
Península Ibérica (¿también en el litoral atlántico portugués?), Levante,
islas Baleares, sur de Francia, Italia, costas de Yugoslavia, Albania y en
Grecia. La raza tipo melanocephala
ocupa también el norte de Africa desde Marruecos hasta Cirenaica. Su
densidad es buena en todo el litoral levantino español y también en
Andalucía y Extremadura, donde por zonas es localmente abundante,
extendiéndose hasta Tras-os-Montes (Portugal) por el occidente peninsular,
pero difícilmente alcanza las costas del Atlántico portugués. Falta también
en Galicia, aunque hay supuestas observaciones en Orense que no pueden
dudarse. Más escasa o ausente en la Meseta Castellana. Purroy (1974) la
considera nidificante en Navarra. Realmente no resulta fácil realizar
observaciones de esta pequeña curruca donde no es abundante. Es escondediza
y puede ser confundida en una somera observación con la curruca capirotada. La curruca cabecinegra es sedentaria y sujeta
únicamente a movimientos erráticos en otoño e invierno, probablemente
motivados por cambios en la dieta alimenticia. Que algunas atraviesan el
Estrecho está fuera de toda duda. Pineau y Giraud-Audine (1976) observan
ciertos movimientos en el extremo noroeste de Marruecos en marzo y a finales
de noviembre. Esta curruca es allí muy abundante y en toda la línea costera
atlántica se mueve entre plantas del tipo euphorbia. Bannerman (1954),
considera que en la Isla de Mogador (Marruecos Occidental) este pájaro tiene
la mayor densidad que él ha visto nunca. En Mallorca y en general en todas
las Baleares, Munn estima que es uno de los pájaros más comunes. Se le
encuentra en los puntos más remotos donde ningún otro pájaro puede ser
visto, entre arbustos diseminados en la cumbre de las montañas, en
inaccesibles acantilados, pero también en huertos, jardines y bosques,
incluso en los más pequeños jardines de las ciudades. |