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Phalacrocorax aristotelis
El Cormorán Moñudo
Phalacrocorax aristotelis es la única especie que se reproduce
anualmente en las costas de Iberia. Tiene el plumaje negro verdoso
brillante, que a distancia parece negro. La garganta y bordes de la boca son
amarillos. El pico y las patas son negros. Por un muy corto período durante
la cría, ambos sexos tienen una pequeña cresta curvada en la parte superior de la cabeza. Los inmaduros, a poco de dejar el
nido, son de color marrón oscuro, algo más pálidos debajo, pero al final de
su primer año este color ha sido reemplazado por un plumaje marrón oscuro.
Al terminar su segundo año de vida alcanzan el plumaje completo de adultos,
aunque algunos pájaros de dos años se reproducen también frecuentemente. Es
una de las aves marinas más silenciosas; solamente el macho emite un
graznido que le ha valido en gran parte de nuestro litoral, junto con el
color de la pluma, el nombre de Cuervo marino. Este grito podría expresarse
como ¡aak_ aak... aak... ! cuando se aproxima al nido. La base de su
alimentación está formada por pequeños peces costeros que varían mucho
porque la fauna marina de las costas cántabro-atlánticas es muy rica. En los
países europeos donde abunda extraordinariamente se le acusa de destruir
gran cantidad de pescado y entrar en competición con el hombre. Los cormoranes moñudos
crían en colonias en pequeños y diseminados grupos dentro de la misma
colonia, generalmente en repisas de acantilados, y existe una gran lucha
entre los machos de las diferentes parejas por escoger un lugar más
protegido, no sólo de las inclemencias atmosféricas, sino también a cubierto
de depredadores de huevos y pollos. Generalmente son los pájaros viejos los
que ocupan los mejores lugares y los jóvenes deben contentarse con sitios
descubiertos. El material para la construcción del nido es recogido en las
proximidades de la colonia por el macho y consiste, fundamentalmente, en
plantas, ramas, algas secas, etc. Las estacas y palos más gruesos son usados
para construir la base del nido y el material más fino para el recubrimiento
interior. Aunque el macho puede comenzar el acopio del material antes de
haberse emparejado, cuando encuentra una hembra aumenta muy activamente el
acarreo del material. Durante la incubación y aun en pleno período de
alimentación de los pollos, suelen seguir añadiendo material al nido,
incluso éste puede luego ser reconstruido o usado por una nueva pareja. El comienzo de la
estación de cría varía mucho y en ello puede influir el estado del tiempo.
En las costas cantábricas españolas, donde se ha estudiado bien esta
especie, el primer huevo no es puesto antes de la mitad del mes de abril y,
si tenemos en cuenta cuán lluviosas suelen ser las primaveras en las
regiones del norte peninsular, no es extraño que una verdadera reproducción
no comience antes de mayo en todas las pequeñas colonias repartidas por el
litoral. Posiblemente se puedan dar fechas más tempranas para los cormoranes
que anidan en la zona mediterránea de Iberia, Islas Baleares sobre todo.
También es probable que mayor influencia que el tiempo, lluvia y temperatura
la tenga la abundancia o escasez de pequeños peces, especialmente cuando la
anchoa se acerca a las costas en primavera, lo que hace ahora con poca
regularidad. Se citan tempranas
puestas de huevos en febrero y aun antes, pero esto no está comprobado para
la Península Ibérica, al menos por ahora. Los huevos son blancos y la puesta
normal es de tres, aunque puestas mayores no son infrecuentes, pero casi
seguro que se trataba de dos hembras utilizando el mismo nido. Ambos adultos
incuban, curiosamente, colocando los huevos sobre sus patas anchas y
palmeadas, dícese que por ser éstas muy calientes. Si el pájaro es asustado
cuando incuba y obligado a abandonar repentinamente el nido, puede lanzar al
vacío fácilmente los huevos. La incubación dura de 30 a 35 días y los pollos
recién nacidos son de color gris oscuro, alimentándolos ambos padres por
regurgitación. Estos, a la búsqueda de alimento no se alejan mucho de la
colonia, probablemente no más allá de donde puedan verla. Los jóvenes ya
están emplumados cuando alcanzan los 48 ó 50 días, bajándose a las rocas de
la costa, donde permanecen quietos sobre ellas, siendo alimentados en grupos
por sus padres, durante un mes más. Ocasionalmente este cuidado dura hasta
dos meses. Se calcula que los jóvenes no son independientes y pueden comer
solos antes de los 75 días. La dispersión
posgenerativa de los jóvenes cormoranes no les lleva a recorrer grandes
tramos de costa y permanecen casi todo el año muy próximos a sus lugares de
nacimiento. Los anillamientos efectuados en Galicia no han producido
recuperaciones lejanas y sí muy próximas al lugar de cría. Los adultos son
muy sedentarios y prácticamente apenas recorren espacios de costa superiores
a 5 ó 10 km. El plumaje de los
cormoranes se humedece cuando éstos bucean y tienen que secarlo al aire y al
sol. De ahí el espectáculo frecuente de grupos de ellos con las alas
abiertas posados sobre las rocas del litoral o en las playas y rías. Durante
el primer año de vida los jóvenes son notablemente más pálidos por debajo,
pero también existen adultos en las costas cantábricas que poseen un plumaje
muy claro, casi blanco en el pecho y viéntre. |