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Collalba Negra Oenanthe leucura La Collalba Negra
Oenanthe leucura
es la más grande de las tres collalbas que se reproducen en la Península
Ibérica y también la más fácil de identificar. El plumaje del cuerpo y las
alas es
Las alas desde lejos
parecen negras, pero en realidad son marrones muy oscuras y cuando el pájaro
nos sobrevuela con ellas desplegadas, entonces se aprecia bien un tono
grisáceo. Las hembras son también
muy oscuras, pero el dorso no es negro sino marrón oscuro y las partes
inferiores algo más claras. De lejos su aspecto y plumaje es dificil de
separar del de los machos. La subespecie que habita
en Iberia considerada como típica Oenanthe leucura leucura se
diferencia de la del norte de Africa Oenanthe leucura syenitica en
que ésta tiene más ancha la banda terminal negra de la cola. Como existe la
posibilidad de que alguna de estas collalbas alcance nuestras costas sureñas
ocasionalmente, se dá aquí unas medidas del promedio en la anchura de esta
banda terminal obtenida por Witherby: 10-16 mm. para las rectrices externas
y 30-37 mm. para la pareja central en la raza leucura y 12-18 mm. y
34-40 mm., respectivamente, para la subespecie syenitica. También el
color marrón oscuro de la cabeza, no negro, en la raza africana puede ser un
buen distintivo, aunque se origina confusión con las hembras y los jóvenes.
Las patas y el pico de ambas subespecies son negras. El iris es pardo
oscuro. La Collalba Negra se posa
erguida en actitud característica, siempre sobre una roca o lugar
predominante desde donde observa el suelo a su alrededor, a veces recordando
más a un zorzal Turdus sp. que a una collalba. Habita zonas
pedregosas y áridas, desnudas de vegetación y muy a menudo vive en montañas.
Probablemente en la Península Ibérica alcance en ellas su mayor densidad,
aunque se puede decir que no es abundante en ningún lado y las parejas se
ven muy diseminadas. Se observa desde pedrizas al nivel del mar hasta altas
montañas, encontrándosela tanto en las estribaciones meridionales de la
Cordillera Cantábrica como en la Sierra de Gredos o en Sierra Nevada donde
Witherby la vio a 2.000 metros de altitud. Es un pájaro inquieto que
continuamente despliega la cola en abanico, mostrando el color blanco y
sobre él la T invertida negra, diseño muy llamativo incluso visto de lejos. Desde su posadero efectúa
continuos vuelos hacia lo alto y en época de reproducción estos acrobáticos
ascensos y descensos los acompaña con un canto muy agradable en la linea del
Mirlo Capiblanco Turdus torquatus. En las hoces de Vegacervera y
Valdeteja formadas entre impresionantes roquedos por los ríos Torio y
Curueño en el norte de la provincia de León ya se pueden ver los machos de
Collalba Negra en el mes de abril, realizando vuelos hacia arriba como si de
bisbitas arbóreas se tratara y lanzando un agradable gorjeo que termina en
una especie de silbido o trino, que repiten insistentemente, desplegando la
cola y abriendo las alas ampliamente para dejarse caer hasta un posadero
bajo, muchas veces una piedra que sobresale a la orilla del río. Es un
pájaro escondedizo al que siempre vemos de lejos, volando a ocultarse en
cuanto nos acercamos. Sus costumbres retraídas en la montaña quizá impidan
darnos una idea de su densidad. Rara vez se ven dos parejas juntas. En
muchas zonas de Iberia coinciden las tres especies de Collalba en el mismo
habitat, pero con mucho la más escasa parece ser ésta. La mayor parte de
nuestras collalbas negras son sedentarias y se ven durante todo el año en
los lugares donde habitualmente se reproducen. Sin embargo, en algunas zonas
del sur de España se observa un relativamente importante paso primaveral y
otoñal. Bannerman (1954) refiere que hace ya muchos años Stenhouse vio
migrantes en paso un 20 de marzo y el 21 de septiembre. También Howard Irby
veía esta Collalba durante todo el año en un mismo lugar junto al Peñón de
Gibraltar, pero en otros sitios se notaba claramente que el pájaro emigraba.
Muchas de estas observaciones se refieren al pasado siglo y la situación no
ha cambiado hoy mucho, puesto que la Collalba Negra sigue estando muy
diseminada por pedrizas del Sur y Levante y no falta allí durante todo el
año. La mayoría son pájaros sedentarios que en determinados lugares pueden
alcanzar una buena densidad. Balsac y Mayaud (1962) la encuentran anidando
en todo el norte de Africa y en Marruecos no observan migración visible
alguna que justifique la llegada a la zona costera española del Estrecho de
Gibraltar del buen número de collalbas negras que por allí se ven
diseminadas en marzo y abril. En zonas abrigadas y de
buena temperatura del sur de España muchos machos cantan ya esporádicamente
en diciembre. La época de mayor intensidad se alcanza desde finales de enero
hasta marzo. Para describir la reproducción en Iberia es forzoso referirse a
las experiencias de Richardson (1965), realizadas en el Instituto de
Aclimatación de Almeria entre octubre de 1961 y mayo de 1962. Allí se eligió
la rambla de Tartala donde pudieron estudiarse 7 parejas. Los primeros
síntomas del celo se notaban en diciembre, pero los conocidos vuelos con
intenso canto sobre el supuesto territorio no se iniciaron hasta febrero. En
este mes empieza la construcción de los nidos, aprovechando los pájaros una
grieta o agujero en la roca con promedios bajos de altura. Richardson obtuvo
1,6 m. sobre el suelo para varios nidos. Algunos pueden estar situados en
pequeñas cuevas. El material suele estar formado por hierba seca, tallos y
palitos secos, forrado interiormente con plumas, lana y crines. La costumbre
de colocar debajo de él y delante pequeñas piedras es bien conocida y quizá
por ello este pájaro lleva en muchos lugares de Andalucía el nombre de
Pedrero. Casi todos los nidos tienen piedras y el número de ellas es muy
variable, desde sólo 3-4 hasta varios centenares. Las pequeñas cuevas o
agujeros quedan con el nido y las piedras completamente cubiertos. Un nido
descrito por Irby tenía un muro delante formado por 282 piedras, mientras el
cimiento sobre el que se asentaba tenía 76 piedras más, es decir en total
358. De los 37 nidos examinados por Richardson en Almería había uno con más
de 9.000 piedras, sin duda acumuladas en muchos años. El macho es quien
aporta todo este material. La mayoría de las piedras pesaron en promedio
entre 3 y 10 gramos, pero algunas pesaban 28 gramos, lo que es un notable
peso si pensamos que el pájaro pesa de 38 a 55 gramos. En los últimos días
de marzo se encuentran las primeras puestas formadas por 4-6 huevos, muy a
menudo 5 y muy raramente 7, de color azul pálido casi blanquecinos algunos y
con puntos rojizos que forman una corona en la parte más ancha. La mayor
parte de las puestas son dejadas en abril y hay muchas en el Norte en el mes
de mayo. Jourdain y Rey obtuvieron promedios para 62 huevos de 24,5 x 17,8
mm. con un máximo de 27 x 17,6 mm. y un mínimo de 22,4 x 17,6 mm. Es la
hembra la que incuba durante 16-17 días (Richardson) y ambos adultos ceban a
los pollos durante 14-15 días. Al nacer están cubiertos parcialmente con
largo plumón de color gris. Tienen el interior de la boca amarillo y carecen
de puntos negros en la lengua. La alimentación es
insectívora fundamentalmente, capturando las presas a la manera que lo
efectúan los roqueros. Las collalbas caminan con paso rápido por el suelo y
entre las piedras o las matas arbustivas recogen muchos coleópteros y
lepidópteros. Cuando inmóviles en un posadero observan una zona soleada, se
lanzan con gran rapidez a la captura de tábanos Tabanus bovinus. Con
frecuencia también cazan otros dipteros en el aire. Richardson en Almería
determinó en deyecciones y egagrópilas gran número de coleópteros (sobre
todo los del género Chrysomela). También comen muchas hormigas. La curiosa acumulación de
piedras en el nido de que hemos hablado antes ha motivado numerosos y
minuciosos estudios y más suposiciones sobre el objetivo que el pájaro
persigue con ello. Richardson cree que puesto que es una operación que
solamente realiza el macho, debió de tener originariamente una función de
ostentación dentro del cortejo nupcial y, no como otros ornitólogos opinan,
una misión defensiva del nido, sino más bien que actúe de soporte de aquel.
Kóenig (1966) que estudió la especie en el bajo pirineo catalán, estima por
su parte que tan singular construcción tendría un triple objetivo: servir de
soporte al nido, disminuir el paso de entrada al nido y como parte
fundamental en el llamativo pavoneo y cortejo que el macho desarrolla.
Bannerman por su parte opina que puede tener por objeto mantener el nido
seco e incluso se ha sugerido que puede ser una protección contra las
culebras y lagartos, pero esta parece una idea un tanto peregrina. La Collalba Negra se
reproduce en Europa solamente en Iberia y en el sudeste de Francia. Falta
completamente en la zona Cantabrica y gran parte de Galicia y norte de
Portugal. En la Cordillera Cantábrica no falta en zonas altas pedregosas. La
reproducción en Navarra está localizada sobre todo en zonas pedregosas y
secas de las Bardenas (Elásegui). En Cataluña es numeroso tanto en la costa
como en montaña. No anida en Baleares, pero ocasionalmente es vista allí en
otoño (Moreau, en Formentera). En Cármenes (León) está criando muy cerca ya
de la Cordillera Cantabrica. (Proximidades del Puerto de Piedrafita). |