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Codorniz Común Coturnix coturnix A pesar de la enorme
disminución que la Codorniz Común Coturnix coturnix ha sufrido en los
últimos años, todavía es ave común en los campos de la Península Ibérica.
Vista de lejos, el plumaje no
La
Codorniz Común es ave popular, pero a causa de sus costumbres eminentemente
terrestres, resulta muy difícil de observar en la vida silvestre y muchos de
los datos sobre cortejo, reproducción, alimentación y ocupación territorial
proceden de suposiciones o estudios en cautividad. Su presencia únicamente
puede ser detectada por su aguda llamada ¡¡uíc-uiuíc!! que se oye a gran
distancia y muy a menudo varios machos cantan a la vez, desconcertando al
observador que no sabe a donde acudir. Debido a su pequeño tamaño, plumaje
muy mimético y velocidad para la carrera, es prácticamente imposible
distinguir a uno de estos pájaros entre la hierba o los cereales. Campos
extensos de trigo, avena, cebada, etc. y herbales, praderas naturales y
artificiales y pastos, son lugares favoritos para la Codorniz, pero evita
vegetación muy densa y crecida. Camina por el fondo de la hierba con tanta
suavidad y agilidad que muchas veces no se puede descubrir movimiento en el
extremo de los tallos producido por un macho de Codorniz que canta a pocos
metros, pero nada delata su caminar a pesar de que el celo mostrado y el
intenso canto denotaban cierta excitación en este pájaro. Cuando levanta el
vuelo, normalmente al ser acosada por un perro, lo hace de forma curiosa,
elevándose con un zurrido característico que producen sus pequeñas alas y
volando por una distancia muy corta para dejarse caer inmediatamente entre
la hierba o las plantas y corriendo a ocultarse, de manera que ya es difícil
de volver a levantar. Su
típica llamada ya quedó descrita arriba y únicamente cabe añadir que canta
tanto de día como de noche y algunas veces con mucha intensidad al amanecer
y anochecer. Normalmente lo hace bien oculta entre la vegetación y sólo
ocasionalmente en vuelo. Aunque este canto despista un poco en cuanto a
localización, con paciente observación, puede llegar a adivinarse el
progreso caminando y en qué exacta dirección lo hace el pájaro y algunas
veces se descubre el nido pues el macho al acercarse a él es recibido por la
hembra que incuba con un suave y dulce ¡¡píu-píu!! Ambos adultos al ser
asustados y obligados a volar lanzan un áspero ¡¡creck-creck-creck!! La
mayor parte de los estómagos examinados proceden de codornices muertas
durante la época de la caza en el otoño. Por lo tanto la proporción de
materia vegetal en la dieta alimenticia es grande. Sobre todo come semillas
de plantas herbáceas y parásitas. También insectos y sus larvas y caracoles
y babosillas. Anida
en el suelo entre la hierba, cerca a veces de un pequeño arbusto, pero más
corrientemente en campo libre de obstáculos, en un campo de cereales, etc.,
rellenando con hierba seca una oquedad del terreno. Casi siempre las parejas
solitarias o diseminadas, pero algunas veces formando grupos o pequeñas
colonias. La hembra excava una depresión si no la hay natural y allí
deposita normalmente de 6 a 12 huevos, pero se han registrado
raras puestas de hasta 18. Las mayores son seguramente debidas a dos
hembras. Su color es blanco amarillento o verdoso muy manchados de color
chocolate o pardo oscuro junto con numerosos puntos parduzcos. Alguna vez se
encuentran huevos con sólo menudos puntos repartidos por igual en toda la
superficie. Para 100 huevos, Jourdain obtuvo un promedio de medidas de 30,37
x 22,99 mm. con un máximo de 32,7 x 23,6 mm. y un mínimo de 27,9 x 22 mm.
D'Almeida para 17 colectados en Portugal, da un promedio 28,3 x 22,6 mm. y
extremos de 27 a 31,7 x 21 a 24,6 mm. A partir del 15 de mayo ya hay puestas
completas en algunos lugares favorables, pero no están la mayoría de las
hembras en plena incubación hasta primeros de junio. Durante julio aún hay
huevos en muchos nidos y puestas completas se han encontrado tan tarde como
agosto y ocasionalmente en septiembre. La hembra incuba sola a partir de la
puesta del último huevo y lo hace durante 18 días (17-20, Verheyen; 21,
Millais; 18-20, Thienemann). Los pollos al nacer están cubiertos de plumón
bastante denso salvo en los tarsos. En la cabeza el color anaranjado está
manchado con un punto negro en la frente y dos líneas paralelas negras que
alcanzan la nuca juntándose en una sola que continúa por el dorso del
cuerpo. El resto del plumón es pardo anaranjado y en la espalda hay dos
líneas paralelas a la central descrita. Las partes inferiores son
amarillentas lo mismo que la cara que tiene a menudo uno o varios puntos
negros. A las pocas horas abandonan el nido y son atendidos por la hembra,
agitando las alas y revoloteando por entre la hierba a los 11 días bastante
bien, pero no vuelan libremente hasta cumplir los 19 días de edad.
Normalmente efectúan una cría al año y sólo algunas veces dos. La
Codorniz Común vive en toda Eurasia desde las Islas Británicas
(irregularmente en el sur de Escandinavia) hacia el Este a través de Europa
continental, islas del Mediterráneo, Rusia, Asia Menor y Siberia. También en
el noroeste de Africa y en las islas del Atlántico oriental. En algunos
países europeos como en Islandia y Finlandia falta completamente y en
Irlanda sólo se reproduce en dos o tres condados del Sudeste. En las Islas
Británicas, Snow (1971), la consideró como escasa, pero muy repartida por
todo el país. En la Península Ibérica y consecuentemente con la general
disminución que se comentará después, ha descendido ahora en zonas extensas
del Norte la densidad de hace 15 años y está diseminada por aquí y allí en
prados y pastos, sintiendo preferencia por campos costeros donde la hierba
no crece mucho. En León y Castilla posee aún buena densidad, pero también se
acusa en estas regiones un notable descenso, lo mismo que en el Sur y
Levante. Puede decirse ahora, que salvo en zonas favorables, la densidad
general es asimilable a «especie casi numerosa» salvo en el Norte donde de
momento es simplemente «escasa».
Leyendo libros antiguos de caza se comprende cuan drástica ha sido la
disminución de esta especie en todo el continente europeo. Irby mencionaba
el increíble número de codornices que migraban a través de Gibraltar.
Algunos cazadores afortunados y desocupados eran capaces de matar todavía a
finales del siglo 19 más de 1.000 codornices cada uno en un año. No digamos
nada de los incontables millares que caían anualmente en las redes de los
pajareros de todos los países del Mediterráneo. Esta caza masiva llegó a
convertirse en una pública vergüenza y hubo de ser prohibida o controlada en
muchos lugares. El cazador García Parra a quien menciona Bernis (1966), dice
que en 1871 logró capturar vivas 1.600 codornices en las vegas de los ríos
Tajuña, Jarama y en Colmenar (provincias de Madrid y Guadalajara) y lo mismo
sucedía en el noroeste de Africa y otros países africanos del Mediterráneo
donde la llegada en masa de las codornices a las playas, agotadas después de
tan largo viaje a través del mar, era considerado como un auténtico maná. Ya
la Biblia en Números 11, 31-34, da probablemente la referencia más antigua:
«Vino un viento de Yahvé, trayendo desde el mar codornices, que dejó sobre
el campamento, hasta la altura de dos codos sobre la tierra. El pueblo
estuvo todo el día, toda la noche y todo el día siguiente recogiendo
codornices; el que menos, recogió 10 jámer, y las pusieron a secar en los
alrededores del campamento. Aún tenían la carne entre sus dientes, antes de
que hubiesen podido acabar de comerla, y encendiéndose contra el pueblo el
furor de Yahvé, y Yahvé hirió al pueblo con una plaga; siendo llamado aquel
lugar Quibrot-hat-tava, porque allí quedó sepultado el pueblo glotón».
¡¡Lástima que hoy los pájaros no gocen de una igual protección!!. La
caza masiva de codornices llega casi hasta nuestros días utilizándose para
ello mil medios ingeniosos, pero ninguno tan fácil como el que se podía
practicar en las costas africanas y palestinas donde los pájaros justamente
alcanzaban la tierra, los que no caían agotados en el mar. Parece comprobado
que en parte la Codorniz migra en primavera por diferente ruta que lo hace
en el otoño para regresar a los países europeos, lo que se ha dado en llamar
«migración en lazo», aunque también hay una considerable cantidad
de ellas que en primavera vuelan hacia el Nordeste por la mitad oriental de
Iberia y sin duda muchas ya han pasado antes por allí en el otoño. En España
la migración otoñal es muy acusada en todo el Norte y Noroeste, incluso en
Portugal de Norte a Sur, pero es escaso el paso primaveral al Oeste de una
línea que va desde Navarra hasta Extremadura. Bernis estima que el flujo
primaveral que atraviesa el este de España ocurre probablemente según un
frente muy amplio. No se produce, al parecer, concentración de codornices en
el Estrecho de Gibraltar y muchas son observadas en Levante, Columbretes,
Ibiza y Formentera. En Marruecos son muy numerosas en paso primaveral y gran
cantidad deben cruzar entre el Rif y las costas de Málaga y Almería. Muchas
de estas quedarán a criar en Iberia oriental y las que se ven por Gibraltar
serían en gran mayoría de la población nativa occidental. Allí se
capturaban, según Irby, atrayéndolas a las redes por el empleo de un silbato
que imitaba la llamada del pájaro. La
Codorniz Común inverna al norte del Africa Tropical hasta los mismos países
mediterráneos. Su área de invernada no baja más al Sur de Gambia, Nigeria,
Senegal, Tchad y Sudán. Las observaciones en Zaire, Kenia y Uganda son
esporádicas y parece que son pocas las que alcanzan aquellos países. La
invernada en Europa está bien comprobada y puede calificarse como escasa y
esporádica en unos países y escasa, pero regular en otros. Concretamente en
la Península Ibérica una no despreciable cantidad pasa el invierno en todas
nuestras latitudes. Si en Andalucía, Extremadura y Levante quedan algunas
que los cazadores saben donde se asientan todos los años, su querencia a
ciertas zonas de los campos costeros del Cantábrico no es menos conocida y
allí se encuentra invariablemente todos los inviernos. Falta saber si estas
codornices son nativas o se trata de invernantes llegados de más allá de los
Pirineos. La presencia invernal de codornices en Baleares es también un
hecho conocido. No es
posible relatar aquí la infinidad de curiosidades en parte cinegéticas y
también científicas protagonizadas por las codornices, las famosas «lluvias
de codornices». Bernis (1966) resume esta singularidad que no tiene tanto de
tal, puesto que es protagonizada por otros pequeños pájaros, pero sin tanta
popularidad. Settier describe una de estas «lluvias» ocurrida entre Jávea y
Gandía (Alicante). Otra muy sonada tuvo lugar en las costas de Huelva y
Cádiz en 1883. La más reciente pudiera ser la producida en Santander y sus
costas el 25 de septiembre de 1940 coincidiendo con un fuerte temporal del
Cantábrico. Muchas codornices fueron atrapadas agotadas en las calles de la
ciudad donde estuvieron cayendo durante parte de la noche. Ahora, son muy
raros estos fenómenos y en los campos castellanos cuando se levanta la veda,
los cazadores quedan sorprendidos por la escasez de estas aves. Pronto habrá
allí una concentración mayor de cazadores que de codornices sobre las que
disparar. Hay
escasas recuperaciones de codornices anilladas en Europa. Y todas o casi
todas caen en meses otoñales, lógica consecuencia al ser la época de la caza
en España. |