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Chotacabras Cuellirrojo Caprimulgus ruficollis El color del plumaje del
Chotacabras Cuellirrojo Caprimulgus ruficollis es uno de los más miméticos
que se pueden encontrar en el mundo de los pájaros. Cuando permanece inmóvil
en el suelo
Al volar presenta una
silueta característica e inconfundible que recuerda a un gran vencejo
silencioso que volara a baja altura. Sus alas son largas y puede darles un
rápido impulso o batirlas perezosamente con una acción deliberada como
iniciando un planeo o remonte. Al sobrevolarnos parece más pálido y rojizo
que el Chotacabras Europeo y, desde luego, se aprecia bien su mayor tamaño. La
cabeza es ancha y aplastada y el pico corto y pequeño, muy débil de color
negruzco. Alrededor de la boca nacen unas cerdas fuertes y desarrolladas que
desempeñan una importante función a la hora de atrapar los insectos
voladores en el crepúsculo. El interior de la amplísima boca es de
color rojo vivo. Las patas son cortas y parecen débiles, pero el pájaro
camina bien por el suelo y los pollos a poco de nacer ya las tienen
desarrolladas como los adultos y saltan con fuerza. El Chotacabras Cuellirrojo es
de costumbres crepusculares y durante el día permanece posado en el suelo,
bien entre vegetación densa, en lugares áridos y arenosos, entre trozos de
madera o posado en la rama de un arbusto, pero más a menudo en la de un
árbol y normalmente a baja altura y buscando un lugar sombrío. Poco después
de ponerse el sol inicia sus vuelos tratando de sorprender los insectos que
pululan en lugares encharcados o sobre focos luminosos. Vuela erráticamente
efectuando rápidos e inesperados giros en persecución de aquéllos y, como el
Chotacabras Europeo, no lleva continuamente la boca abierta, sino que sólo en
el preciso instante de la captura para lo que se ayuda hábilmente de las
fuertes y sensibles cerdas colocadas en los bordes. Es muy dado a posarse
siempre en el mismo lugar día tras día y allí puede ser bien observado.
Alguna vez utiliza para ello la cúspide de una roca oculta entre la
vegetación y también una rama caída. En Portugal (Beven, 1973), uno fue
observado posándose regularmente sobre una pequeña piedra que sobresalía del
suelo. No es infrecuente observarlo por la noche capturando mariposas,
aprovechando los destellos de los faros de los automóviles o simplemente
posado en la carretera. Muchos parecen atropellados a causa de esta
costumbre. El hábitat típico del
Chotacabras Cuellirrojo está constituido por campo abierto con arbustos esparcidos
aquí y allí, terrenos arenosos con vegetación rala y linderos de pinares o
entre éstos si existen claros. En la mitad sur de Iberia que es donde
alcanza una óptima densidad, ocupa campo semidesértico con árboles dispersos
y zonas de alcornoques Quercus suber y encinas Quercus ilex.
En el Coto Doñana los nidos suelen estar situados en suelos húmedos en los
bordes y en el interior de pinares, buscando el abrigo de vegetación
arbustiva alta que incluya Lentisco Pistacea Lentiscus. Valverde
(1958) encontró este pájaro anidando en dos densos y a menudo impenetrables
hábitats que incluían altos arbustos de Halimium-Hulex, arbustos de
Halimium, Genista y Ulex
de uno y medio metros de altura uno y el otro agrupaciones de Rubus-Erica.
Agrupaciones de Eucalyptus con suelo cubierto de arbustos de baja altura son
también frecuentados en España y Portugal. Realmente se nota en este pájaro
una gran disparidad en los lugares donde se establece. Los grandes y altos
brezales Erica y los densos tojares Ulex, son sustituidos
inesperadamente por suelo limpio de vegetación y sólo cubierto a menudo por
palos y tallos secos. Ferguson-Lees (1970) estima que en todos los hábitats
es fundamental la existencia de zonas descubiertas cerca de la vegetación
arbustiva y postes o árboles que el pájaro utiliza como posadero para
cantar. En Europa solamente
España y Portugal constituyen el reducto del Chotacabras Cuellirrojo. Aquí se ha
separado una subespecie típica ruficolfis
frente a otra, desertorum, de plumaje más pálido, gris plateado y
rojizo o beige con menos rayado negro en las partes superiores y más claro
debajo, que habita exclusivamente zonas desérticas del Marruecos oriental,
Argelia y Túnez. En la mitad occidental de Marruecos vive también la misma
raza Ibérica ruficollis. Por lo tanto, su zona de reproducción está
limitada al Sudoeste del Paleártico donde esta especie es probablemente una
reliquia ornitológica (Beven, 1973), aunque no se puede descartar que se
trate de una forma geográficamente aislada del mucho más ampliamente
distribuido Chotacabras Gris (Voous, 1960). De acuerdo con Bernis (1970) en
la Península Ibérica se reproduce en las tres cuartas partes del sur del
territorio con mayor intensidad localmente. Congreve (1947) consideró que
esta especie era bastante común en el Sur de Iberia y Mountfort (1958)
señalaba que en el Coto Doñana es más numerosa que el Chotacabras Gris. En
Portugal, sin embargo, el Chotacabras Cuellirrojo es considerado el más escaso de
los dos. Más a menudo es visto y oído en las dos provincias del Sur, Algarve
y Alemtejo, pero también alcanza al Norte, habiendo sido escuchado en junio
de 1973 en el distrito de Morais (Beven, citando a Sales). En España llega
por el norte hasta Burgos, es ocasional en Palencia y León y hay citas en
Navarra (Ribera). En Zaragoza, Mead encontró los restos de uno muerto por un
automóvil en la carretera. En la zona Cantábrica hay pocos datos. No se
puede afirmar tajantemente, pero parece apreciarse un decrecimiento en la
densidad de este pájaro. Mead que anilló estos Chotacabras en Macedo de
Cavalieros, localidad del nordeste de Portugal posteriormente realizó una
visita a la zona en agosto de 1973 y apreció una regresión evidente.
Igualmente Bugalho (citado por Beven), ha notado una notable disminución de
estos Chotacabras en los últimos diez años en la zona de Castelo de Vide al
norte de Alemtejo, aunque la especie es todavía común allí. La voz del Chotacabras
Cuellirrojo es difícil de describir, pero sí se puede asegurar que una vez oída
nunca se olvida. Tal es el carácter que este pájaro imprime a un sonido como
de golpear madera hueca. Su alto y resonante canto está formado por un
conjunto dé notas dobles ¡¡ta-ca, ta-ca, ta-ca!!
ó ¡¡cat-ak, cat-ak, cat-ak!! repetidas en series
largas y que se pueden escuchar hasta distancias de 400 metros o más. El
tono de la emisión es bajo, pero posee un considerable poder de propagación.
De cerca es más penetrante y el tono parece mucho más alto. Esta doble frase
es repetida de 90 a 100 veces por minuto, incluyendo pausas y ocasionalmente
más despacio o también más apresurada, tanto romo 200 veces por minuto
(Mountfort y FergusonLees, 1961). Los pájaros se reconocen indudablemente
por el ritmo en la emisión de su canto. Parrinder (citado por Beven) ha
comprobado que una hembra en el nido emite una serie lenta de 150 sílabas
por minuto que puede acelerar hasta 400. Otros sonidos que ambos adultos
emiten al volar, son imposibles de transcribir. Parece que el comienzo del
canto es más tardío que el del Chotacabras Gris, pero esto no está bien
determinado porque Bonham lo escuchó en el sur de España solamente media
hora después de ponerse el sol. Se sabe poco sobre la
alimentación de esta especie. Básicamente los insectos voladores, sobre todo
mariposas nocturnas, moscas, pequeños escarabajos y saltamontes, forman gran
parte de su dieta. La mayoría de ellos son capturados al vuelo y los
mosquitos en zonas encharcadas deben constituir una buena fuente de
alimentación. Se explicaría así la concentración que en algunos lugares se
observa de estos chotacabras al oír simultáneamente el canto de 10 machos.
También comen en el suelo larvas y gusanos, langostas jóvenes, saltamontes,
etc. Muy a menudo se posan cerca de los montones de boñiga del ganado
vacuno, lo que, supuestamente hay que interpretar como búsqueda de los
pequeños escarabajos que se ocultan entre aquella. Lo mismo que el
Chotacabras Europeo, también esta especie tiene un espectacular celo que el
macho demuestra palmoteando las alas en sucesión rápida doce o más veces
mientras sobrevuela a la hembra. El Chotacabras Cuellirrojo no construye nido
alguno, limitándose a hacer la puesta, normalmente de dos huevos, en el
suelo desnudo, a menudo aprovechando una pequeña depresión. Siente
preferencia por zonas arenosas y desde luego es frecuente que junto a los
huevos haya algún trozo de madera seca o varios palos, costumbre similar a
la otra especie. El color es variable y siempre muy mimético, confundiéndose
fácilmente con guijarros. En general son elípticos y brillantes, blanco
grisáceos con puntos y manchitas pardas o amarillentas e incluso verdosas o
plomizas. Algunos están ligeramente rayados de pardo oscuro. Cincuenta
huevos medidos de la subespecie típica ruficollis dieron un promedio
de 30 x 22 mm Harrison (1975) da un promedio mayor: 31 x 23,5 mm. Jourdain
para 50 huevos todos colectados en España obtuvo un promedio de medidas de
32 x 23 mm. Las primeras puestas son encontradas a partir de los comienzos
de rnayo y una segunda es habitual desde el 20 de junio en adelante. Donde
es abundante puede haber varios nidos juntos y así en Túnez, Marinkelle
(1959) encontró pequeños grupos de 4 a 12 nidos separados entre sí por
espacios solamente de dos a quince metros, pero en Iberia no se ha
comprobado esta conducta social. No obstante, el canto de los machos puede
ser en una zona múltiple, como ya he dicho. Trap-Lind oyó 5 ó 6 machos
cantando cerca de El Rocío (Huelva). Bugalho hasta 10 en Castelo de Vide
(Portugal), pero hay que considerar ante estas observaciones el gran poder
de propagación y fuerza de la voz del Chotacabras. La incubación dura 18-19
días y la hembra toma en ella más parte que el macho. Los pollos al nacer
son muy vivaces y están cubiertos con plumón beige. Con frecuencia salen a
las pocas horas del nido alejándose uno o dos metros. Si los adultos
observan peligro de depredación del nido o los huevos y pollos han sido
manejados por alguna persona, los trasladan de lugar, pero normalmente no a
mucha mayor distancia de dos o tres metros. Sucede con frecuencia que cada
día pueden cambiar de emplazamiento y curiosamente este pájaro después de
una semana de mover o conducir sus pollos, acaba dejándolos a pocos
centímetros del primitivo lugar. No se puede decir que sean nidifugos, pero
sus actitudes y conducta frente a los depredadores lo hacen parecer. A los
18 días comienzan a efectuar cortos vuelos y normalmente ya sólo los atiende
el macho, puesto que si son de la primera nidada, la hembra está ocupada en
una segunda puesta. Generalmente los dos padres los ceban pico a pico con
insectos. Como con frecuencia los pollos se alejan del nido o del lugar
donde los adultos los dejaron minutos antes, éstos los llaman con un sonido
suave al que los pollos responden inmediatamente acudiendo con rapidez. Muy
a menudo los padres acuden hacia ellos también caminando con cortos pasos,
pero con seguridad. Una vez emplumados se parecen mucho a los adultos,
aunque su plumaje es menos brillante y las motas blancas de las alas y cola
están difuminadas por un tono beige. A los 21 días ya vuelan bastante bien,
pero frecuentando zonas habitadas y de denso tráfico perecen en buen número. El Chotacabras Cuellirrojo es
un pájaro netamente migrador que llega a Iberia en el mes de abril, más a
menudo a finales de este mes. Su migración nocturna ha sido poco observada y
la presencia de estos chotacabras en la costa occidental de Marruecos y de
El Aaiun (Valverde) el 21 de mayo y en el borde septentrional del Sahara
también en mayo, demuestra que muchos no arriban a nuestro país antes de la
mitad de ese mes. De Iberia desaparece en septiembre y octubre y las
observaciones en noviembre ya son puramente ocasionales. Beven (1973) escribe que
desde la mitad de marzo hasta los primeros días de mayo, este Chotacabras es
visto en el Sahara Occidental, Marruecos (algunas veces siendo abundante en
los alrededores de Tánger) y en el noroeste de Argelia. A través de
Gibraltar (Lathbury, 1970) se nota el paso ocasionalmente. Así, una noche de
septiembre de 1966, nueve ejemplares fueron vistos en la parte alta del
Peñón. Sus cuarteles de invierno aún no han sido bien determinados. Se
presume de los pocos datos existentes que inverna en Africa Occidental al
Sur del Sahara, pero la única evidencia para afirmarlo estriba en una
captura de un pájaro de la raza desertorum de Argelia en Gambaga, al
norte de Ghana el 28 de marzo de 1901 (Bannerman, 1955). Más recientemente,
dos machos de la raza típica ruficollis
fueron obtenidos cerca de Bamako, Malí, en el mes de octubre de 1956 y 1958.
También otro fue capturado en Richard-Toll en el Senegal en noviembre de
1958 y un macho de la subespecie desertorum fue colectado en la misma
zona del Senegal en noviembre de 1963 (Morei y Roux, 1966). El anillamiento
ha sido escaso (105 ejemplares en España hasta 1972) y lógicamente las
recuperaciones casi nulas. Unicamente citaré (Bernis, 1970) la de un
ejemplar recogido en Puerto de Santa María el 20 de octubre que había sido
anillado sólo 7 días antes en Jerez de la Frontera, presumiblemente en paso
otoñal. En algunos países e islas
del Mediterráneo (Baleares, Malta, Sicilia), llegan chotacabras cuellirrojos divagantes, pero también algunos se descarrían en sus migraciones y alcanzan
islas atlánticas (Madeira, Canarias). |