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Charrán Común
Sterna hirundo El Charrán Común Sterna
hirundo
es un pájaro más pequeño y grácil que el Charrán Patinegro, con el vuelo
ágil y gracioso. Las alas son muy estrechas y apuntadas y la cola
notablemente
El Charrán Común es un
incansable pescador de pequeños peces, zambulléndose continuamente desde
bastante altura. A veces sólo toca la superficie, otras se sumerge
parcialmente y las más lo hace calándose completamente. Bajo el agua está
comprobado que no nada, pero sus alas son tan potentes que se eleva del agua
con gran facilidad y es raro que no lleve en el pico la presa. Sus vuelos a
lo largo de playas y costas son muy característicos con un lento batir de
alas y movimiento danzante como el del Charrán Patinegro, aunque quizá más
ondulado. Antes de zambullirse, generalmente, se cierne unos instantes. Las
presas recogidas de la superficie o entre dos aguas suelen ser pequeños
peces. Pero estudios concienzudos han demostrado que la proporción de éstos
no suele superar el 40 por 100 de la dieta. Otro 26 por 100 está formado por
crustáceos y el resto por moluscos e insectos acuáticos. Incluso los
charranes comunes son frecuentes visitantes de los campos cultivados y
siguen a los tractores en su labor, recogiendo de entre la tierra recién
volteada pequeños insectos. El Charrán Común nidifica
en una gran variedad de lugares. Sin embargo, tiene preferencia por arenales
y playas solitarias y al faltarles estos lugares antes solitarios, ha cogido
ahora isletas dentro de lagos y lagunas, así como salinas y marismas
salobres. En la Península Ibérica las colonias más importantes se localizan
cercanas a la costa. Antes era abundante en todo el litoral de Iberia, ahora
ha quedado reducida la población a parejas aisladas o pequeñas colonias que
anidan aquí y allí en lugares resguardados o inaccesibles. Unicamente
existen con una gran fluctuación de año en año las colonias del Delta del
Ebro, de la Albufera y de las Marismas del Guadalquivir. También en las
costas portuguesas del sur y en otras zonas menos exploradas se estima que
pueden anidar un contado número de parejas. El cortejo nupcial de los
charranes es muy notorio y por lo tanto ha sido bien estudiado desde muy
antiguo. Generalmente, los machos cogen con el pico un pequeño pez y lo
presentan a las hembras, acompañando la acción con vuelos acrobáticos e
incesantes gritos. Las colonias son en esta época muy ruidosas. El nido es
en realidad una pequeña oquedad o ahondamiento de la arena producida primero
por el macho con su cuerpo y terminada por la hembra, que gira en su
interior hasta darle una forma más o menos circular. La adición de material
al nido es escasa y falta en la mayoría. La puesta normal es de dos o tres
huevos de color muy variado desde el verdoso hasta el blancoazulado, pero
siempre salpicado con puntos o manchas marrón oscuro. Generalmente, efectúan
una sola puesta, pero como la depredación humana es grande en los criaderos
y también los agentes atmosféricos o las repentinas subidas de la marea son
frecuentes, una segunda puesta no es infrecuente. La colonia de charranes,
que fue muy numerosa en el Delta del Ebro, sufrió numerosas vicisitudes,
desde su destrucción por los lugareños, hasta las inundaciones y la
extensión de los arenales que anegaron las islas Maluquer y Pons estudiaron
bien estos charranes y contabilizaron año por año el número de parejas
nidificantes. Las primeras puestas solían efectuarse en los primeros días
del mes de mayo. Pero excepcionalmente también fueron encontrados nidos con
pollos en fecha tan temprana como el 24 de abril. La incubación, en la que
toman parte ambos adultos, dura un promedio de 24 días si las colonias no
son molestadas, porque en este caso el frecuente volar de los pájaros
prolonga la incubación varios días más Los pollos al nacer son muy débiles y
muchos perecen o son atacados por ratas y gaviotas. A los pocos días de vida
ya salen del nido, pero no se alejan mucho de él. Los padres los alimentan
con pequeños peces que les dan enteros, y a veces sucede que si la colonia
es muy densa solamente comen los pollos que tienen padres más agresivos.
Muchos quitan del pico a otros el cebo y son numerosos los pollos que mueren
de hambre. Un intervalo de 60 minutos entre cada cebada es frecuente. Al mes
de vida los jóvenes ya están bien emplumados, pero aún no vuelan y debe
pasar una semana más para que puedan seguir a sus padres en las correrías de
pesca. En estos días aún son cebados, pero pronto aprenden a pescar y a
zambullirse. Nada más independizarse
los charranes jóvenes vuelan en todas direcciones, hasta que gradualmente
van iniciando el camino hacia el Sur. En los meses de
septiembre y octubre pasan por las costas cántabro-atlánticas la mayoría de
los charranes comunes que han criado en las costas europeas del Canal de la
Mancha, Mar del Norte y Báltico. Van acompañados por otras especies de
charranes y todos se dirigen a los cuarteles de invierno, que según ha
descubierto el masivo anillamiento de esta especie, está situado para los
pájaros que se reproducen en Gran Bretaña, en el Golfo de Guinea, no
obteniéndose pájaros ingleses más al sur de la costa de Angola y aun en ésta
rara vez. En cambio los charranes procedentes de países escandinavos
descienden más al Sur hasta alcanzar costas de El Cabo. Excepcionalmente se
han registrado capturas muy lejanas. Un charrán anillado en el Sur de Suecia
fue recuperado en Australia y también en este mismo continente otro anillado
en Inglaterra, nueve años antes. Entre los anillados en las colonias del
Delta del Ebro, uno fue recuperado en el Senegal a los tres meses. Los jóvenes suelen
permanecer en sus lugares de invernada cuando los adultos vuelan a Europa en
la primavera para criar. En el segundo año de vida se mueven hacia el Norte,
aunque todavía no se reproducen hasta cumplir los tres años de edad, pero
frecuentan las colonias de cría con los reproductores. En las costas
cántabro-atlánticas de la Península es migrante común en el paso otoñal y
parece ser más escaso en el paso primaveral. En el Mediterráneo escasea en
ambos pasos y es muy raro en el interior de Iberia. Los pasos no son
regulares en las costas y están en función de los movimientos de los bancos
de pescado. Muchas primaveras apenas se acercan a la costa y las playas y
estuarios están silenciosos sin su presencia. Lo mismo sucede muchos otoños
en que apenas son vistos, a no ser a varias millas de la costa, en donde
flanquean por millares en sus vuelos a los buques pesqueros. Todas las recuperaciones
de charranes anillados caen en las costas cántabro-atlánticas y algunos en
las costas del sur, pero faltan en el Mediterráneo oriental. Como excepción
puede citarse un charrán anillado en Escocia que fue recuperado en Madrid. Los charranes pueden ser
fácilmente confundidos entre sí en una somera observación, especialmente en
vuelo y en el otoño a su paso por nuestras costas, debido a la gran
semejanza en formas y actitudes y a que las características diferenciables
son siempre muy pequeñas. |