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Buitre Negro Aegypius monachus
l Buitre Negro Aegypius
monachus es el de mayor envergadura y el
más pesado de los de la avifauna europea, un gigantesco pájaro que
cuando planea con alas extendidas produce la impresión de
El plumaje de los adultos
por encima es marrón muy oscuro que llega a ser negro en las primarias. Por
debajo es del mismo color y algo más grisáceo bajo el nacimiento de la cola.
Pero la característica más notoria y que da verdadera personalidad a
este Buitre es su pescuezo limpio de plumas o plumón con la piel desnuda de
color rosa violáceo lívido, pero con zonas de plumón muy corto en la parte
superior de la cabeza y en la cara. Sobre el oscuro plumaje destacan mucho
cuando está posado y tiene plegadas las alas, unas plumas largas y finas
(escapulares) de los hombros de color netamente amarillento y la gorguera de
la base del cuello formada por plumas cortas, pálidas y que suele llevar
erizadas. Los ojos son marrones, el pico muy grande y robusto está cubierto
en un tercio de su longitud por la cera que tiene una tonalidad rosa
violácea. Las patas son gris azuladas. El plumaje de los buitres negros inmaduros es más oscuro que en los
adultos, sobre todo los jóvenes del primer año y los inmaduros de dos años.
Los del primer año tienen el plumón de la cabeza y cara negruzco muy oscuro,
dando la impresión de estar enmascarados por el contraste que ofrece su cara
con las comisuras blancas del pico. Los ojos, que son muy oscuros están
bordeados por un anillo de piel desnuda blanquecina. En los inmaduros del segundo año de vida aparecen partes de piel desnuda
en la cara y desde los tres a los cinco años todo este plumón oscuro se
aclara, siendo entonces pardo blancuzco. En todos ellos el plumaje del
cuerpo es marrón oscuro, pero las partes inferiores son marrones más claras
que en los adultos. La diferencia entre los sexos no se nota a simple vista. Parece ser que
los machos son algo menores y de menos peso, pero no existen otros
caracteres externos que a primera vista permita distinguirlos; quizá tampoco
su conducta en el interior del nido. Cuando vuela su silueta es impresionante por lo ancho y largo de sus
alas, con la cola muy corta ligeramente acuñada, lo que le distingue del
Buitre Leonado Gyps fulvus, aunque este detalle es difícilmente
apreciable en el campo. Mucho mayor y de forma más rectangular que cualquier
otra águila de la fauna europea, no existe posibilidad alguna de confusión.
Cuando se remonta planeando y vemos su perfil de frente, su forma es
completamente plana, aunque se le aprecian ligeramente levantadas las puntas
de las primarias. El Buitre Negro pasa mucho tiempo en el aire planeando y sólo en
ocasiones bate las alas de forma imperceptible. Cuando inicia el vuelo desde
el nido, un árbol o el suelo, lo hace batiendo las alas lenta muy
profundamente. El Buitre Leonado al volar lleva las alas en V abierta.
Posado tiene el plumaje muy
diferente, más claro y su cuello está cubierto de plumón, es más largo y el
pájaro forma grupos muy numerosos. A estas diferencias de plumaje entre las
dos especies hay que añadir otras de carácter trófico y aunque ambas se
encuentran habitualmente junto a la carroña, parece haber entre ellas,
respecto a la selectividad de presas, diferencias acusadas que Valverde
(1966) resume así: Buitre Negro: a) Territorio bien marcado y de poca
extensión que recorre en vuelo bajo, posándose con frecuencia en árboles y
en tierra. b) Presas de tamaño pequeño, medio y grande sobre las que come
durante varios días. c) Búsqueda de presas en terreno cubierto con matorral
o arbolado. Buitre Leonado: a) Territorio muy extenso en bandos numerosos y
volando a gran altura; Vuelos erráticos. b) Presas de tamaño medio y grande,
que devora el bando en unas horas. c) Búsqueda de presas en grandes espacios
abiertos. El Buitre Negro vive en lugares remotos difícilmente accesibles y,
por supuesto, lejos de habitaciones humanas, aunque cerca de pastizales del
ganado o terrenos extensos de monte bajo donde abunde la caza mayor y menor.
Como luego se dirá detalladamente, usa grandes árboles para la construcción
de sus nidos, ya estén en bosques o en grupos aislados, con preferencia en
laderas y siempre en terreno montañoso. En general se ha tenido a esta especie como un pájaro prácticamente mudo
y en ello insiste Bernis, que ha pasado muchas horas observándolos durante
la reproducción. Aquí, en el nido solamente pudo escuchar los gritos
guturales del pollo que van desde un tono agudo en el recién nacido hasta
uno más grave en los ya crecidos. Cuando ya se han desarrollado tanto que se
muestran agresivos al cogerlos, emiten un resoplido sibilante. También un
¡gak, gak, gak! grave y gutural que indica temor. Bernis sospecha, sin
embargo, que ciertas actitudes del pollo en el nido obedecen o responden a
sonidos emitidos por el adulto al llegar y que no fueron audibles para el
ornitólogo observador. Brown y Amadon señalan su carácter de pájaro
silencioso, pero añaden a continuación que, ante la carroña emiten graznidos
y silbidos y otros sonidos durante la época de la cría. Se alimenta fundamentalmente de carroña, aunque no está tan especializado
en ella como el Buitre Leonado. Los ornitólogos estiman que sus garras
tienen una mayor movilidad, lo que le permite capturar presas vivas o que
tienen sus facultades físicas disminuidas por alguna enfermedad o que estén
malheridas de la caza, etc. También se mencionan casos aislados de ataques a
corderos recién nacidos. Según Bernis (1966) la presencia frecuente de
restos de conejos Oryctolagus en nidos extremeños, obliga a
pensar que la mixomatosis ha colaborado con este Buitre para la captura
fácil de estos mamíferos muertos o enfermos. El mismo ornitólogo cita casos
comprobados de ataques a aves o mamíferos recién nacidos, pero que ocurren
en circunstancias muy especiales. Escribe que un guarda fue testigo en las
Marismas del Guadalquivir del ataque de los buitres a un ternero recién
nacido apartado de la vaca, al que dañaron los ojos y otras partes blandas.
También Valverde y con referencia a las mismas Marismas tuvo noticias de un
ataque de los buitres a una colonia de flamencos
Phoenicopterus ruber.
Bernis estima como frecuente la alimentación de carroña de ovejas, cabras, vacas, ciervos, y conejos y menos frecuente, aunque también
comprobadas, caballos, liebres, ardillas, perros, zorros,
erizos, flamencos, gansos
y muy a menudo materia vegetal. Las egagrópilas recogidas dentro o
cerca de los nidos medían
12 x
14 cm. y están formadas en su casi totalidad por pelo de mamíferos,
probablemente de oveja, conteniendo fragmentos de huesos del mismo mamífero.
Otras contienen, a lo que parece, hierba y Suetens y Groenendael (1966)
comprobaron en los nidos que estas bolas herbosas eran suministradas al
pollo que las desmenuzaba y comía. Parece ser que la materia vegetal ayuda
en la regurgitación de comida no digerible. Más egagrópilas recogidas por
Bernis de menor tamaño, contenían lana de oveja, pelo de cabra, de conejo y
liebre. Curiosamente en una encontró dos garras sueltas posiblemente de
liebre y en otra una avispa. Araujo (1973) en el Guadarrama lo observa sobrevolando la zona donde hay
explotaciones ganaderas bastante extensas. En febrero vio dos ejemplares
comiendo sobre el cadáver de un toro. Garzón (1973) insiste en sus hábitos carroñeros. En 39 nidos encontró
noventa y cinco restos; de oveja (31 ), cabra (22), conejo (20), perro (10),
caballo (6), ciervo (2), zorro (2), gallina (2). Estima además que los
restos de ésta última probablemente proceden de un basurero y los abundantes
conejos como resultado de la mixomatosis. Morillo y Lalanda (1972)
en un control efectuado sobre 24 nidos consideran que la abundancia de
restos de Ciervo y Conejo, dan idea de cual es la
dieta básica de estos pájaros en los Montes de Toledo y que es ciertamente
dependiente de las cacerías que se efectúan en los cotos de la zona. El Buitre Negro ocupa un
territorio no muy extenso y aunque es un pájaro no tan gregario como el
Buitre Leonado, puesto que se le suele ver solitario, en parejas o en muy
pequeños grupos, anida en colonias, si a este término aplicamos la misma
concepción que le dio Bernis, quien lo estimó así cuando describió
la situación de nidos distantes entre sí un mínimo de 100-200 metros y otros
a más de 300-400 metros (Cáceres: 45 nidos ocupados y por lo menos 20
vacíos). En Gredos una antigua colonia tuvo un promedio de 25 parejas
reproductoras distantes entre sí 500-1.000 metros y en algún caso raro a
sólo 100 metros. Los nidos son construidos en árboles con frecuencia en pinos a gran
altura entre 20 y 30 metros, pero en Iberia la zona donde el Buitre Negro
alcanza ahora mayor densidad está poblada por muchos y grandes alcornoques
Quercus suber, estando los nidos más bajos a 3 metros escasos del suelo y los
demás rara vez sobrepasan en altura los 4 metros, habiéndose encontrado
alguno a más de 10 metros. Suetens y Groenendael que estudiaron concienzudamente una colonia situada
en la ladera de una montaña entre 600-850 metros sobre el nivel del mar, en
zona bien poblada de Jara, Brezo,
Madroño, Encina, etc., y con buen número de
alcornoques aquí y allí. Los buitres negros tenían allí sus nidos sobre los
más corpulentos alcornoques. Su densidad no era muy alta, pues en 2.000 Ha
de terreno sólo fueron encontrados siete nidos y de ellos únicamente cinco
ocupados. Parece que existía una cierta preferencia por la ladera meridional
donde se asentaban la mayor parte de ellos. Todos estos estaban sobre la
copa de los alcornoques abiertos al cielo para permitir que los corpulentos
buitres aterrizaran. Sus alturas desde el suelo oscilaban entre 9 y 13
metros. Los nidos de esta especie tienen unas dimensiones extraordinariamente variables y en
algunos casos pueden ser en verdad gigantescos por la acumulación año tras
año de material. Un nido de nueva construcción tenía 95 cm. de altura y un
diámetro de 145 cm. Pero dos más viejos medían respectivamente de alturas
140 y 200 cm. y 170 y 180 cm. Las distancias entre ellos alcanzaban un
mínimo de 200 m. y un máximo de 800. De los ocupados las distancias entre
ellos oscilaban entre 1.000 y 1.800 m. El nido está construido por gruesas ramas en especial de alcornoques. El
cuenco interior está revestido de hierba seca. En uno de ellos encontraron
los ornitólogos lana y pedazos de piel de oveja y caballo. Normalmente los
buitres negros son bastante confiados y permiten la aproximación de los
observadores a sus nidos sin volar ni asustarse, hasta distancias de 75
metros y a veces de 30 metros. Aunque es pájaro eminentemente forestal para anidar, a menudo se contenta
con ocupar terrenos con árboles aislados. Bernis (1966) escribe que todos
los nidos de Buitre Negro bien conocidos en nuestra Península, están o
estuvieron emplazados sobre árboles y los hábitats de nidificación responden
aquí, casi invariablemente, a bosques de pinos en niveles supramontanos y
subalpinos de grandes montañas con nidos en pleno bosque, en árboles
solitarios o en hábitat del tipo que tradicionalmente se conoce como mancha o monte bravío formado por
jaras, labiérnagos, brezos,
madroños, lentiscos, etc. y los que tienen pequeños bosques de alcornoques,
Quejigo, Acebuche, Encina, Roble o bien extenso jaral con algún
alcornoque aislado o crecido enebro. El Buitre Negro para construir su nido
es indiferente a la especie de pino, aunque no al tamaño y posición
estratégica del árbol elegido. En el Guadarrama los nidos estaban o
estuvieron sobre Pinus sylvestris. En Gredos oriental sobre
Pinus nigra o
Pinus pinaster. Bernis insiste también en que el árbol preferido para anidar es
el Alcornoque. En Salamanca descubrió un nido sobre un Enebro y en Cáceres
cuatro nidos sobre encinas. Cita referencias de la vertiente meridional de
Gredos sobre robles. El uso persistente del mismo nido lo va haciendo
aumentar año tras año de volumen y de ese modo los nidos llegan a adquirir
grandes proporciones. Ningún otro pájaro de la Península Ibérica llega a
acumular tal cantidad de leña en los nidos. Con frecuencia estos con tanto
peso acaban desplomándose completamente. Bajo alguno de los árboles se llega
a acumular un enorme montón de leña. Se ha dicho que en Mallorca las pocas parejas que aún sobreviven
construían sus nidos sobre roquedos. Pero está comprobado que esto no es
exactamente cierto (Mayol, 1975). El grupo ornitológico Balear realizó allí
observaciones que han demostrado cómo los nidos de Buitre Negro mallorquín
están sobre pinos carrascos
Pinus halepensis
que crecen en los cantiles marinos y más raramente en otros árboles.
Probablemente esta situación es la que originó confusión en los ornitólogos
a quienes a primera vista parecería que los nidos estaban asentados en el
acantilado. Sin embargo y aunque en la Península Ibérica no se conoce ningún
caso, en Asia está perfectamente comprobada la nidificación sobre rocas. Sobre la situación de los nidos de esta especie en una sierra mallorquina
voy a copiar textualmente algunos párrafos de una nota muy escueta, pero de
gran valor, publicada, por el biólogo Ramón Elósegui (1970,
Munibe): «El 20 de marzo de 1970 con el cielo totalmente despejado descubrimos el
primer nido. Está situado sobre un pequeño pino que sale de una repisa a
media altura de un paredón de 320 m. Diámetro aproximado de 150-180 cm.
Altura superior a 100 cm. En el centro un huevo rodeado de mechones de
gramíneas semisecas, arrancados de raíz. El borde externo de la concavidad,
muy blanqueado por los excrementos, adquiere la coloración de la caliza del
paredón. El 21 de marzo de 1970 con cielo despejado. Unos 100 metros bajo
nosotros nos observa por un breve momento un adulto erguido sobre el centro
del nido. Se lanza al vacío y desaparece. Este nido ocupa toda la copa de un
pequeño pino de las condiciones del anterior a unos 140 metros sobre la base
del paredón. En el centro se ve el huevo y cuatro mechones gruesos de
gramíneas secas. A 500 m. al Nordeste del anterior y en el mismo paredón,
sobre un gran pino que sale de una estrecha repisa, se ve otro nido. Las
ramas del propio pino ocultan sus tres cuartas partes. Parece que no está
ocupado. En uno de los nidos descritos la cría era capturada todos los
años.» Durante todo el año los adultos aportan palos secos y otro material al
nido, pero este trabajo se
intensifica en el mes de febrero y en los primeros días de marzo. Todo el
material es recogido en los alrededores del nido y consiste fundamentalmente
en ramas de alcornoque como ya se ha dicho, pero también de brezo,
labiérnago, jara y otras plantas abundantes allí. El cuenco está formado con
ramitas finas, con frecuencia de pino, entrelazadas con trozos de lana y
pelos. Ocupan nidos de otros años, llegando a ser un problema cuando se
trata de obtener el corcho de los alcornoques y al podar éstos muchas ramas
vencen y los nidos son derribados. Morillo y Lalanda (1972) aseguran que la
construcción de un nido nuevo comienza con una plataforma de palos
entrecruzados casi tan amplia como la estructura definitiva. Sobre la
situación de las colonias de nidos aportan una nueva teoría que no ha sido
abordada antes. La trashumancia tuvo vital importancia en la ubicación de
las colonias de Buitre Negro. La colonia estudiada por ellos estaba
precisamente enclavada en la unión de varias cañadas, cuya existencia, dicen
los ornitólogos citados, «no habían podido advertir antes por encontrarse en
desuso desde hace años e incluso haber desaparecido en algunos tramos. Las
cañadas, que no eran utilizadas sólo para el ganado trashumante, sino
también para su traslado a ferias, mataderos etc., afluyen en abanico desde
varias direcciones, dando así lugar a un gradiente de frecuencia de posibles
presas que alcanza su máximo en el área de confluencia. Y este fue
probablemente el factor que indujo a los buitres a instalarse en sus
proximidades, eligiendo para hacerlo una ladera con la orientación y
vegetación más adecuadas». Los nidos encontrados por Garzón (1968) en la Sierra de Gata estaban
construidos sobre encinas, Pino marítimo Pinus pinaster
y consistían en unas plataformas muy sólidas recubiertas de materia terrosa
formada quizá al pudrirse la madera. En tiempos hubo en la zona estudiada
por él una importante colonia, pues cita datos facilitados por un pastor
quien en una sola tarde fue capaz de recolectar siete huevos. El Buitre Negro pone un único huevo de color pardo claro, casi blanco.
También se han encontrado huevos blancos y otros pardo oscuro uniforme. Aun
los de color totalmente blanco, tienen en la parte más ancha una corona de
puntos marrones. Según Jourdain, para 86 huevos de colección se obtuvo un
promedio de 91,6 x
68,7 mm. Bernis cita las medidas de dos huevos que se conservan en el Museo
de Ciencias Naturales de Madrid: 69,9 x 93 mm y 63,3 x 88,5 mm. Si el Buitre Negro pone todos los años es una cuestión que no parece
aclarada del todo por los ornitólogos que más de cerca han estudiado la
especie. Probablemente algunas parejas lo hagan así, pero otras por diversas
causas parecen remisas a ocupar año tras año el nido donde criaron la
primera vez. Lo que sí parece, fuera de duda, es que la retirada de un huevo
de un nido hace abandonar el lugar a la pareja y la repetición de la puesta
se presenta como muy problemática en el mismo año y se sospecha que al año
siguiente el lugar es desertado. La puesta del huevo se efectúa en Iberia normalmente en la primera mitad
de marzo, pero existen casos comprobados en el mes de febrero (Witherby,
Bernis). La iniciación de la incubación más precoz atestiguada por Bernis
fue un 17 de febrero y la más tardía un 9 de abril. Estima que esta puede
empezar en cualquier momento dentro de un período relativamente largo del
orden de un mes y que los casos extremos como se ve, difieren en casi dos
meses. Esta incubación parece ser efectuada sólo por la hembra y dura
alrededor de 52 a 54 días. Bernis que ha seguido minuciosamente el desarrollo de un pollo de Buitre
Negro desde su nacimiento hasta que se hace volandero, da detalles inéditos (Ardeola,
1966). Al nacer está
cubierto con un primer plumón de color blanco parduzco, pasando más tarde a
partir de la espalda a tener un color pardo fuliginoso. Este aparece hacia
los 18 días de edad cuando ya tiene el tamaño de una gallina. A los 30 días
le han salido varias plumas y el pollo ha crecido mucho. A los 60 días ya
está todo cubierto, volando aproximadamente a los 100-120 días. Se calcula
que el ciclo total de la reproducción de este Buitre alcanza alrededor de
ocho meses. De los muchos pollos examinados por Bernis se deduce que en
Iberia la mayor parte nacen en la segunda quincena de abril, pero también
algunos en mayo. El nacimiento más precoz en cuatro años de estudio fue un 9
de abril y el más tardío, verdaderamente excepcional para el mismo período,
el 31 de mayo. La atención al pollo dentro del nido es efectuada por los dos adultos que
regurgitan carne a medio digerir en el fondo del nido, recogiendo luego
trozos con el pico y dándosela al pollo. Frecuentemente el pollo picotea en
las comisuras de los adultos que le dan de beber un líquido acuoso. También
se alimentan de un líquido pardo oscuro que muchas veces aparece antes de la
regurgitación del alimento sólido, cuando los adultos con el pico abierto
realizan contorsiones para poder devolver la comida. Como en las zonas de nidificación en la Península Ibérica el sol calienta
muy fuerte, los adultos procuran con su cuerpo y a veces con las alas
entreabiertas, siguiendo el curso del sol. sombrear al pollo. Prácticamente
siempre hay un Buitre posado sobre el nido acompañando al pollo y esperando
el relevo por el otro adulto. El suministro de bebida es muy frecuente, casi
el doble de veces que el de alimento sólido. Cuando está a la mitad de su desarrollo el pollo se vuelve agresivo si se
le intenta coger, lanzando fuertes picotazos, pero no regurgita la comida
como hacen los de Buitre Leonado que, contrariamente, son muy mansos. Los jóvenes buitres se dispersan, algunos parece ser que nada más
abandonar el nido. Dos anillados como pollos en Extremadura fueron
recuperados, uno a 115 km. al Norte de su lugar de nacimiento, sólo mes y
medio después de abandonar el nido. El pájaro fue recogido moribundo
probablemente como consecuencia de haber ingerido un cebo de carne
envenenada. Otro fue capturado 270 km. al Sur de su nido, después de un año
y diez meses. Otros anillados también como pollos en nidos de la provincia
de Cáceres, fueron recuperados, uno en Ciudad Real a 150 km al Sudeste y a
los 6 años y 5 meses; uno más en la misma provincia a 55 km. al Este a los 6
años, y un tercero en Salamanca a 106 km. al Noroeste a los 4 años y 4
meses. Bernis estima que los buitres negros inmaduros se alejan bastante de
su lugar de nacimiento y se agrupan en lugares que les ofrezcan abundante
alimento. Las Marismas del Guadalquivir son uno de estos lugares. Allí a
falta de árboles, los buitres se posan en el suelo, pero también en zonas
próximas arboladas. En todas ellas se ven aves inmaduras de más de un año y
de menos de seis y algún joven menor de un año Los dormideros de buitres negros son conocidos en diversas zonas de la
geografía peninsular. Algunos de estos lugares donde se concentran buen
número de individuos de esta especie al atardecer, están bastante alejados
de las más próximas colonias de cría. Parece ser que estos dormideros están
integrados en gran parte por jóvenes e inmaduros, que una vez alcanzada la
edad de reproducción, después de los cinco años, se acercan a los
tradicionales lugares de cría. Es un pájaro poco desconfiado. En cuanto divisa el cadáver de un animal, va hacia él sin pensarlo mucho. No
así el Buitre Leonado, que, además de tardar más en descubrir las presas, se
posa sólo después de volar en círculos sobre ellas mucho tiempo y lo hace
entonces a prudente distancia, observándolas un buen rato antes de
acercarse. Cuando los buitres negros acuden a comer una carroña, nada más posarse
cerca de ella se dirigen caminando grotescamente a saltos con alas
entreabiertas. Los últimos llegados atacan a sus congéneres y ocupan la
plaza para comer. Las luchas entre ellos son continuas, pero rara vez atacan
a los buitres leonados presentes sobre la misma carroña. Los atacados
intentan el apaciguamiento, moviendo la cabeza a los lados y levantando una
pata con los dedos extendidos, actitud muy característica y conocida de los
ornitólogos. No parece existir una jerarquía entre ellos tal como se ha
observado en el Buitre Leonado. Una conducta tradicional de los buitres es su costumbre de acudir a
charcas y bebederos para beber y bañarse. Allí se reunen con buitres
leonados y todos juntos se chapuzan en las aguas someras, para luego
permanecer secándose al sol con las alas entreabiertas. Según Bernis, para 1966
en un cálculo que él estimó entonces como no pesimista evaluó la población
española en poco más de doscientas parejas adultas. A esta cifra añadía un
importante contingente de inmaduros y jóvenes, pero, admitiendo una pérdida
anual del 50 por 100 de los pollos y jóvenes recién volados del nido y
teniendo en cuenta que este pájaro tarda cinco años por lo menos en adquirir
la madurez sexual, quizá podía calcularse entonces una población total de
ochocientos buitres negros. En el mismo año J. M. Thiollay y J. Trotingnon
que recorrieron a pie (740 km) toda la costa norte de Mallorca desde Palma a
la bahía de Alcudia, no encontraron ningún nido, pero controlaron entre el
10 y el 25 de agosto por lo menos 67 buitres negros. Esta estimación fue
sorprendente para muchos ornitólogos y por supuesto dudada. Geroudet, al
margen de otras consideraciones se sorprende de que una tal elevada
población en una zona tan reducida, pueda alimentarse convenientemente para
subsistir. Mayol (1975) estima la población actual de Mallorca en unos 33
buitres negros, confinados en la Serra de Tramuntana. En Iberia la población
dada para 1966 ha disminuido drásticamente. Varias causas motivan la
disminución de la especie de manera tan espectacular. La gran afluencia de
personas a todos los lugares de la geografía peninsular por apartados que
sean, la tala de los alcornoques y sobre todo la poda de ramas donde se
asentaban los nidos, el envenenamiento de las reses muertas en los cotos
para combatir las llamadas alimañas y el robo de huevos y pollos por
extranjeros que obtienen buenos beneficios vendiéndolos a parques zoológicos
y colecciones particulares, engañando con dinero a personas incultas y a
desaprensivos. En Iberia el área de cría se reduce exclusivamente a las provincias
centrales y centro occidentales de España, Salamanca, Cáceres, Badajoz,
Sevilla, Avila, Segovia, Toledo, Cádiz, Huelva etc. También en Portugal hay
una reducida y poco estudiada población en Alto Alemtejo, Beira Baja y Beira
Alta. A estas hay que añadir la ya citada población del norte de Mallorca. En Europa se reproduce en Grecia, Rumania y muchos de los países que
rodean el Mar Negro, llegando por Asia hasta China. Antiguamente abundaba en
las islas mediterráneas, pero hoy está prácticamente exitinguido en Cerdeña
y Sicilia. Se cita como raro visitante en los Pirineos, aunque algunas
observaciones están referidas a otra especie de Buitre muy parecida, pero
algo más corpulenta, el Buitre Orejudo Torgos tracheliotus que vive en el noroeste de Africa
hasta Túnez, por citar sus áreas de reproducción más próximas a Iberia.
Desde allí algunos individuos probablemente jóvenes o inmaduros en
movimientos posgenerativos, pudieran alcanzar zonas de la Península Ibérica.
La única observación hasta ahora segura de este Buitre en nuestro país y
citada por Bernis, es la publicada en la revista francesa L'Oiseaux sobre dos buitres
orejudos vistos en compañía de varios negros y leonados en torno a un
caballo muerto en el Alto Pirineo, junto a la frontera española frente a
Luchon. Aparte de otras notas distintivas menos notorias la mayor diferencia
con nuestro Buitre Negro consiste en la presencia en el pescuezo de Torgos de dos pliegues de la piel que se proyectan lateralmente y
que son muy visibles. |