La única especie de esta familia en la Península Ibérica, es el Treparriscos, revestido de un plumaje espectacular, tiene unos 16 cm. de longitud, se encuentra en las altas montañas de las cordilleras situadas al norte de la península. Se considera en algunos tratados como perteneciente a la familia de los Sittidae. Frecuenta los roquedos desnudos o los acantilados de alta montaña, desplazándose a las zonas montañosas más bajas sólo en las épocas de migración y en la estación invernal; durante este periodo, incluso se le puede ver en el interior de las poblaciones: en los campanarios y ruinas de edificios abandonados. Revestido de un plumaje de color gris pizarra en la parte superior, y blanco en el inferior, el treparriscos presenta sus amplias alas recubiertas de plumas rojas y negras, mientras que las primeras remeras primarias tienen unos ocelos vistosos, blancos por su cara interna, que aparecen solo durante el vuelo. Es difícil observar un ejemplar posado en el suelo o en los árboles; normalmente se les ve mientras remonta las pendientes rocosas, aferrándose a las asperezas del terreno con sus robustas uñas y aleteando de manera continuada. Esta ave está también difundida por el resto de Europa meridional y Asia central.