El nombre de esta familia proviene del griego calvo y cuervo, pues a menudo están desprovistos de plumas en la cabeza y cuello, son de tamaño mediano y grande y tienen el pico largo y fino con el ápice ganchudo; el cuello y tronco alargados, alas no muy desarrolladas, cola con rectrices rígidas, tarsos cortos y fuertes y pies palmeados e insertos en la parte posterior del cuerpo. Los sexos son semejantes y solo se les puede diferenciar por los penachos y cambios de color en la época de reproducción. El color en los adultos es el negro con reflejos metálicos. Frecuentan tanto las aguas marinas como las continentales. Se alimentan en el agua pero no pasan el mayor tiempo en ella; a menudo se posan en ramas o rocas con las alas entreabiertas para secarse. Se sumergen a bastante profundidad y nadan bien.

También su habilidad para pescar es aprovechada por el hombre. En China, Japón y a lo largo de las costas de la península balcánica, los cormoranes, atados con una cuerda para impedirles la huida, y con un anillo metálico alrededor del cuello de modo que no puedan engullir las presas, son lanzados al agua para que capturen peces que el pescador les quita cuando salen a la superficie, para volverlos a lanzar otra vez.